2021-12-28

OTRO LAGO CUYOS BOSQUES ARDEN

¿A quién homenajea el Steffen con su nombre?

Como el Martin, saluda a un alemán que trabajó al servicio del gobierno de Chile, en tiempos de las discusiones sobre límites con la Argentina. Pero a diferencia de su compatriota, sí exploró el Este de la cordillera.

Al igual que el Martin, el lago cuyos bosques también arden homenajea con su nombre a otro expedicionario alemán, que curiosamente, fue doctor en Filosofía, aunque su pasión tenía que ver con la geografía. Y como suele suceder en la región, el espejo de agua recibió la denominación que hoy tiene por decisión de Francisco Moreno, quien, también llamativamente, fue contrincante del homenajeado, al dirimir la Argentina y Chile sus límites, a fines del siglo XIX y principios del XX.

Emilio Frey avistó el lago que llegó a nuestros días con el nombre de Steffen, a fines de 1897. Por entonces, el explorador se desempeñaba como ayudante en la Séptima Subcomisión de Límites. El alemán había entrado al servicio del gobierno trasandino en un momento clave para la relación entre los dos países, cuando Buenos Aires y Santiago trataban de determinar dónde empezaba una jurisdicción y dónde terminaba otra, sin irse a las manos.

Federico Emilio Juan Steffen vino al mundo en 1865 y falleció en 1936, en Suiza. A su doctorado lo obtuvo después de estudiar en las universidades de Berlín y Halle. Sin embargo, el primer trabajo significativo signaría su existencia: redactar la sección geográfica de la Enciclopedia Alemana. En 1889 arribó a la capital chilena, para trabajar en las cátedras de Historia y Geografía del Instituto Pedagógico, de creación reciente.

En 1892, después de varios viajes y expediciones breves por la zona cordillerana de la región de Llanquihue, consiguió interesar al perito de la Comisión de Límites de Chile, Diego Barros Arana. Bajo su auspicio, recibió el encargo de llevar adelante varias exploraciones hacia “las más altas cumbres que dividen aguas”, tarea que acometió durante los veranos para no interrumpir su trabajo docente.

Así las cosas, asomó por la región entre enero y febrero de 1893, cuando exploró la zona que media entre el Seno del Reloncaví y el Nahuel Huapi, aunque al parecer, “solo” llegó hasta el Paso de las Nubes, al que bautizó como Portezuelo Barros Arana. Caminó junto con Oscar Fischer, dibujante de la Comisión Limítrofe Chilena y exoficial de la Marina de Dinamarca. Partieron el 6 de enero en un bote a vela, con el cual llegaron hasta Ralún, otrora punto de partida del mítico Camino de los Vuriloches.

El contingente se conformaba con 11 hombres y tres mulas. Con esa disposición, arribó al lago Todos los Santos, al que navegaron en tres botes a vela, hasta la desembocadura del río Peulla. Subieron la Cuesta de los Raulíes y vieron viejos machetazos, que interpretaron como señales del antiguo camino al Nahuel Huapi. Sin embargo, prefirieron escalar unos cerros antes de dirigirse al gran lago.

Luego de los respectivos descensos, el grupo trasandino siguió por el valle del río Frío, al que hoy llamamos Frías. Recorrió el ventisquero del mismo nombre y dio con el Paso de las Nubes, desde donde los expedicionarios debieron asombrarse ante la grandeza del Tronador, visto desde el Sur y el Sudeste. Fischer ascendió al cerro que llegó a nuestros días con el nombre de Constitución y bautizó a la depresión que queda al Sur del gran cerro como Valle Buriloche.

El otrora marino supuso que los ríos que nacen al Sur y Este del Tronador desaguan en el Pacífico, en conexión con el río Blanco, pero el propio Steffen constató más tarde, que, en el segundo caso, su compañero estaba en un error. Es que, por entonces, se desconocía la existencia del sistema del río Manso, otro paisaje que recibe la incómoda visita del fuego por estos días.

Según el racconto que reprodujo Juan Martín Biedma en su “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi”, la primera expedición oficial que integró Steffen, no llegó al lago; en cambio, cuando retornó a Puerto Montt, modificó en algo su recorrido y se convirtió en la primera en hacerlo por el actual Paso Pérez Rosales. La primera sin contar los innumerables cruces que habían concretado los puelches del lago durante siglos e inclusive, los que concretaron los misioneros jesuitas del siglo XVIII bajo su precisa guía.

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