2021-08-17

SU APORTE FUE SUSTANCIAL EN EL EJÉRCITO DE LOS ANDES

San Martín, pionero en reconocer a los negros

Otorgó la libertad a quienes se incorporaron a sus tropas y se registró participación afro en la primera línea de la batalla de Chacabuco. Uno de los soldados alcanzó grado de coronel.

En el país, se estableció al 8 de noviembre como el Día Nacional de las y los Afro-argentinos y de la cultura afro. Se eligió la fecha en homenaje a María Remedios del Valle, quien sirviera en los ejércitos patriotas en el Alto Perú y recibiera el grado de capitana por parte de Manuel Belgrano. Está bien, pero hay un hecho que añadir de frente al 17 de agosto: la contribución de los afro-argentinos -concepto que en 1817 no existía- fue central en la batalla de Chacabuco. San Martín se había preocupado especialmente por sumar a los negros -vocablo que se usaba entonces- al Ejército de los Andes.

Hay un testimonio pictórico que no deja lugar a dudas. Retrata alternativas de la contienda que se desarrolló el 12 de febrero de aquel año en la cuesta del mismo nombre: de cara a una facción del ejército realista, se extiende un regimiento de la infantería patriota, conformado íntegramente por negros. Su presencia se explica de varias maneras. Cuando la fuerza se armaba en el campamento de El Plumerillo, en las afueras de Mendoza, San Martín se interesó por atraer y reclutar a los que todavía eran esclavos. Hay que recordar que la Asamblea del Año XIII solo había declarado la libertad de vientres, es decir, quedaban en libertad aquellos que nacieran desde esa fecha en adelante, el resto seguía bajo tan odioso régimen.

A cargo de la gobernación de Cuyo, el correntino decidió que todos aquellos que se unieran a sus filas, adquirían inmediatamente su libertad. Además, el futuro libertador se preocupó en difundir su determinación en el resto de las provincias. Por otro lado, tomó medidas si se quiere de carácter más simbólico, pero de fuerte contenido social. En aquellas épocas, la caballería era la fuerza donde servían los más pudientes, quienes inclusive se presentaban con su propia cabalgadura. En cambio, los negros y la mayoría del gauchaje formaban parte de la infantería. Historiadores relatan que, en el Cabildo de una ciudad determinada, los “caballeros” decidieron no cooperar con el Ejército de los Andes “por no estar dispuestos a cabalgar junto a negros”. San Martín había dispuesto que varios de los negros que se acercaron a sus filas, marcharan al combate en los mejores caballos.

También se valió de los soldados negros que tenían conocimientos de música para formar una fanfarria. La banda no solo interpretaba marchas militares, sino piezas de toda índole. Se presentaba los domingos en una glorieta que mandó construir en el principal paseo mendocino. Obviamente, la gente distinguida de la sociedad cuyana, no encontraba demasiados atractivos en esos conciertos. Sin embargo, el mismísimo general concurría en forma infaltable junto a su esposa, domingo tras domingo.

Tanta era la importancia numérica y emotiva de los efectivos negros en el ejército libertador, que antes de cruzar las armas en la Cuesta de Chacabuco, San Martín los arengó así: “ustedes saben que los godos explotan la esclavitud de los negros y cuando los capturan los llevan al Caribe para cambiarlos por azúcar”. Por eso, se cuenta que esos regimientos entraron al combate con singular denuedo y empuje. Cuando ultimaban a algún adversario, exclamaban “¡tomá p' azúcar!”, grito de guerra que más tarde también se escuchó en otros enfrentamientos.

El que cruzó los Andes no era un ejército estrictamente argentino, ya que fue muy importante el contingente chileno. Además, entre las Provincias Unidas del Río de la Plata, las que más aportaron y por lejos, fueron las de Cuyo. En esta formación, no rigieron limitaciones para los ascensos por razones étnicas o posiciones sociales. Por ejemplo, Jerónimo Espejo era un gauchito mendocino cuando a los 16 años, se unió a la tropa como voluntario. Sobre los campos de batalla se hizo acreedor del grado de capitán. Por entonces, era analfabeto, pero en su ancianidad, Espejo aprendió a escribir y dejó su testimonio. Fue su compañero inseparable Lorenzo Barcala, un hijo de esclavos que apenas si vivió 40 años y alcanzó por sus hazañas el grado de coronel. ¡Un oficial de la patria negro! Más tarde, fue general.

Estas pequeñas pero grandes historias no se contaron durante mucho tiempo en las aulas porque los vencedores de Pavón (1861) decidieron que teníamos que ser blancos, “europeos que bajaron de los barcos”, como dijo más tarde un gran escritor y repitió no hace tanto el presidente actual. Entre otras genialidades, también fue pionero San Martín en reconocer a los afros de las Provincias Unidas, como hombres que tenían derecho a ganar su libertad.

Te puede interesar