DEJÓ UNA HUELLA QUE MERECE PROFUNDIZARSE
Que no sea la historia mezquina con Hechenleitner
El artista maragato falleció una semana atrás y, a medida que pasan los días, más se agiganta su música. Supo participar de La Patagonia canta en Bariloche, en sus tiempos de esplendor.
El único disco que alcanzó a editarse gracias al impulso de La Patagonia canta en Bariloche, comenzaba con un tema suyo. De inconfundible estampa campera y en claro tributo a la cultura popular, su estrofa inicial decía: “No hay como el palo piche / pa’ los riñones / y desconfiarle al mate / en las reuniones”. Que encabezara aquel registro memorable, habla de la importancia que Ángel Hechenleitner alcanzó entre las y los cultores del folklore, cuando se hace al sur del río Colorado.
Notable guitarrista, recopilador y estudioso de la música, el artista se sumó a la lista demasiado larga de víctimas que se cobró el covid 19 en la provincia. Los medios de alcance regional afirmaron una semana atrás, al producirse el deceso, que su partida enlutaba a Viedma y Carmen de Patagones. Desde ya, esa tristeza era cierta, pero no sólo en el pago chico provocó desazón su partida.
Carlos Farías también fue parte de aquel CD, a través de Guitarras Andinas. Era muy joven en los tiempos de esplendor del “encuentro artístico y musical” que organizaba el Grupo de Folklore Bariloche, con Ricardo González a la cabeza. A instancias de El Cordillerano, tuvo unas palabras para dimensionar la pérdida. Hechenleitner “fue un gran músico, compositor y artesano, instrumentista y muy ocurrente. Un referente de la música patagónica”.
El artista dejó de existir a los 68 años, cuando todavía tenía mucha música para dar. “Tenemos gran pesar por su partida”, añadió Farías. “Tuvimos la oportunidad de tenerlo acá, en La Patagonia canta y también, de compartir en la fiesta del 7 de marzo, en Viedma-Patagones. Nos ha dejado un puntal de la música patagónica, así que hay gran dolor entre los músicos. Se fue de gira, ojalá que vuele alto”, anheló.
Afortunadamente, dejó su música. A través de YouTube puede escucharse íntegro “Cuando el fuego crece”, una obra entrañable con varias piezas instrumentales, en las que el músico evidenció el sonido único que era capaz de sacarle a su guitarra. Estilos, mazurcas, canciones, gatos como el que mencionábamos al principio de estas líneas, cuecas, milongas y valses conformaron el repertorio de don Ángel, que se empecinaba en sacar de las sombras los ritmos menos visitados del patrimonio musical sureño.
Hechenleitner supo comprometerse con los olvidados. Ahí está “Milonga por Molina”, obra que dedicó a José Luis, figura clave en la defensa de Carmen de Patagones, cuando el poblado fue blanco, en 1827, de la marina brasileña. Sin embargo, las narraciones más difundidas tendieron a soslayar su aporte, “porque la historia / se sabe / es con los gauchos mezquina”. Además, la compañera del silenciado era indígena.
“Los piratas de este puerto / le han envidiao la baquía / para cruzar un mar de pampa / con el instinto de guía”. Hechenleitner hablaba de Molina y a través suyo, de la historia de otros miles de paisanos que quedaron al margen de los relatos fundadores, esos que todavía hoy suponen que “los argentinos venimos de los barcos”. También puede escucharse la música del maragato a través de Spotify. Es justo y necesario tenerla presente.