SE ABRIÓ UN UNIVERSO CON LA DIGITALIZACIÓN DE REVISTA DEL CRUB
Los restos cerámicos hablan, hay que saberlos escuchar
Al estar en línea toda la colección de “Desde la Patagonia”, las lecturas sobre la región pueden extenderse casi hasta el infinito. Hay actividad cerámica en el noroeste de la actual Patagonia hace casi dos mil años.
“La sabiduría está a un clic de distancia”, suele bromearse en estos tiempos. Antes, para dar con el número 11 de la revista “Desde la Patagonia. Difundiendo saberes”, había que ir hasta la biblioteca del CRUB y contentarse con fotocopiar el artículo de interés. Ahora, alcanza con escribir en el navegador http://desdelapatagonia.uncoma.edu.ar/ y cliquear sobre la derecha, el Tema de interés, sea Aprendizaje, Arqueología, Arte, Astronomía, Bariloche o el que sea.
En el segundo de los ítems, encabeza el listado un artículo de título curioso: “Algo más que ollas: la cerámica de cazadores-recolectores norpatagónicos”. En el texto que los periodistas llamamos bajada, la autora precisa que “en los sitios arqueológicos la cerámica aparece generalmente en pequeños fragmentos. Los arqueólogos buscan reconstruir el objeto del cual eran parte y averiguar las múltiples funciones que cumplió en la vida cotidiana”.
Escribió el aporte hace casi nueve años Verónica Aldazabal, doctora en Arqueología de la UBA e investigadora del Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas (IMHICIHU), dependiente del CONICET. Aldazabal sabe mucho del pasado de la región: “la ocupación humana en los sectores cordilleranos de Río Negro y Neuquén tiene una antigüedad de por lo menos 10.000 años, como en la zona de la laguna El Trébol o de la cueva Traful I, entre otros. Los cazadores-recolectores se encontraban en el área boscosa al norte del lago Traful hace ya 3.500 años, aunque la cerámica hizo su aparición recién 2.000 años atrás”.
Con el ánimo de divulgar, es decir, de poner a disposición del público no especialista los secretos de su disciplina, puede leerse en la versión digital de la revista que “los estudios sobre cerámica han servido en la arqueología para evaluar diversos aspectos de las sociedades pasadas, tales como la movilidad, las pautas de consumo, la continuidad o los cambios en las tradiciones tecnológicas y decorativas, o aportando información sobre las relaciones e interacción sociales”.
Criterios más recientes
Nos enseña el texto de Aldazabal que “tradicionalmente, fue la cerámica decorada la utilizada como indicador de movimientos, de interacción entre poblaciones o de identidad. Sólo recientemente se ha comenzado a ver la potencialidad de la denominada cerámica lisa o tosca a partir de la aplicación de nuevos métodos de análisis”. Hay que ubicar el “recientemente” de la arqueóloga casi 10 años atrás, cuando escribió su contribución.
Siempre con afán divulgador, contaba la autora: “una de las primeras preguntas que nos hacemos frente a un pedacito de cerámica es si se hizo en el lugar de su hallazgo o si se trajo de otros lugares. A partir del análisis de las materias primas que se usaron para su manufactura -la arcilla y los agregados de pequeños fragmentos de roca, arena o tiesto molido en la pasta, o el tipo de pintura aplicada en las superficies- podemos acercarnos al lugar de producción y así plantear hipótesis sobre la movilidad o los intercambios realizados por los grupos que usaron esa cerámica”.
También es fundamental establecer para qué se usó el utensilio. Para ese propósito, “la morfología de los fragmentos (su curvatura, grosor y ensamblaje), permite reconstruir las formas y así inferir la funcionalidad de ese objeto, cuyo uso también queda registrado en los llamados rastros de uso: cortes, abrasión, desgaste, sustancias adheridas, quemaduras. A partir de esta información se infieren los diversos roles que cumplieron los fragmentos cerámicos hallados, en tanto objetos completos”.
Inclusive, “algunos análisis químicos permiten distinguir el tipo de alimentos procesados”. Aporta el trabajo de Aldazabal que “en los sitios arqueológicos del área, la mayoría de los fragmentos corresponden a recipientes o vasijas: cuellos, bordes, asas, bases. La presencia de restos de grasa y hollín adheridos sobre las superficies de los fragmentos de cuerpo y las marcas de quemado evidencian una exposición al fuego de las vasijas, denotando además una de las formas en que pudieron ser procesados los alimentos”.
Por otro lado, “algunas propiedades físicas de los elementos que componen la pasta también nos pueden acercar a la finalidad que se quería alcanzar. Por ejemplo, pastas finas de poca porosidad serán mejores para almacenar líquidos, mientras que pastas con agregados gruesos mejoran su resistencia al calor, por lo que probablemente fueran vasijas utilizadas en la cocina”, razonaba la arqueóloga. Las ollas pueden hablar, solo hay que saber escucharlas… La digitalización y disposición en línea de “Desde la Patagonia” abre todo un universo.
Casi dos mil años atrás
A la hora de la conclusiones, aporta el artículo que “en el área cordillerana norpatagónica, los fechados más tempranos fueron obtenidos hacia el norte de Neuquén, en la cueva Haichol, donde Jorge Fernández definió una ocupación cerámica temprana entre 1.830 y 1.250 años AP (a contar desde 1950), seguida, luego de un hiato poblacional, por otra ocupación cerámica entre 695 y 350 años AP. La ocupación final resulta posterior a la Conquista Española (sic), entre 350 y 225 años AP”. He aquí una discrepancia que anotar por parte nuestra: el norte de Neuquén nunca fue conquistado por España, aunque hubiera contacto en el período que se apunta entre las poblaciones indígenas y los españoles de Chile o Mendoza.
Sigue Aldazabal: “en la margen norte del lago Traful, las ocupaciones cerámicas tempranas fueron datadas por Silveira en 1.510 años AP, mostrando una continuidad hasta épocas históricas. En el área del Chocón, en el sitio Médanos del Gigante o Mallín del Tromen, el componente cerámico fue fechado en 930 años AP, mientras que en el sector de Piedra del Águila, los fechados de sitios con cerámica presentan un rango cronológico comprendido entre 1.080 y 320 años AP”.
Más cerca nuestro, “al sur del Parque Nahuel Huapi, en la Comarca Andina del paralelo 42°, hubo una ocupación humana ininterrumpida desde hace 1.900 años atrás, pero los contextos cerámicos han sido fechados sólo a partir de 800 años AP. Hacia el sur, en cambio, como en el Parque Nacional Los Alerces, los fechados muestran la aparición de la cerámica recién a partir de 750 años AP. En la costa atlántica norpatagónica (Bahía de San Blas), los fechados sugieren una aparición alrededor de 2.000 años atrás, con amplia distribución espacial y temporal hasta aproximadamente 500 años AP”. Fascinante. Y a un par de clics de distancia.
Adrián Moyano