El tren de Topa se detuvo una tarde en La Baita
Iba deteniéndose en diferentes estaciones, con cambio de vestuario en cada una de ellas, y con una nueva historia por contar.
La vestuarista, que aunque hablaba sin parar y gritaba mucho, era muy eficaz, lo ayudaba en la ardua tarea de cambiar de personajes.
“Ayuda”, era el nombre de su ayudante, Los Rulos, tres hermanos que no paraban de hacer de las suyas, además, eran los músicos que se ocupaban de ejecutar guitarra, bajo y batería.
Con la canción de La Polilla, ingresa por primera vez la famosa vestuarista y una camisa gigante, quien hizo reír sin parar a todos los pequeños.
Pero Topa, en un descuido, perdió a su perrito caniche, entonces, debió buscarlo entre las butacas del teatro, aprovechando todos para tomarle fotografías.
Otro de los integrantes del tren era Natalio, técnico general que asesoraba a músicos y el equipo de trabajo. El cocinero Aurelio, que preguntaba qué querían comer, pero finalmente les servía el plato del día.
Un mundo de canciones dentro del cual, la del Arco Iris fue la más aplaudida y pedida por todos al momento de hacer un bis.
Topa además, con un reloj gigante con forma de Mickey, deleitó a todos con La canción del Reloj.
Con un teatro totalmente colmado de gente, Topa pasó con su alegría y encanto. Cabe resaltar la buena predisposición y profesionalidad que tuvo durante todo el espectáculo, teniendo en cuenta, que tenía una lesión en uno de sus pies, pero de todas maneras, nada de esto se notó durante las casi dos horas que dio le mejor de sí.
Al momento de decir adiós, por su lesión, se sentó en el hall de La Baita, para que se pudieran llevar una foto con él y firmar autógrafos a cada uno de los que se acercaron también, a darle un beso y un gran abrazo.
Un show maravilloso, realizado con mucho respeto y amor por los pequeños de la casa.
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