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ES DURA LA HISTORIA DEL PARAJE A ORILLAS DEL LIMAY

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28/03/2025

Más allá de que ardió un camión, ¿qué sabemos de Villa Llanquín?

Antes se llamaba Costa del Limay, pero la familia que allí se asentó imprimió su impronta. Paradojas de la historia, fue el Ejército la institución que impidió su desalojo a mediados del siglo XX.
Los Llanquín, una de las fotos que Ángela compartió con Natalia Cano.
Los Llanquín, una de las fotos que Ángela compartió con Natalia Cano.

Sin que nadie en el paraje tuviera relación directa con el suceso, Villa Llanquín se metió en el acontecer noticioso de la región de manera impensada y en las últimas horas, angustiante. Las imágenes que ilustraron cómo emanó fuego de un camión cisterna accidentado en peligrosa cercanía de campos y viviendas, provocaron tanta alarma como relativo encanto, al observarse también la aparente placidez de la estepa patagónica que se deja cruzar por el río Limay. Pero ¿qué sabemos de Villa Llanquín? ¿Cuál es su historia? ¿Por qué está precisamente ahí?

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Desafortunadamente, no circula demasiada información que no tenga finalidades turísticas o inmobiliarias. Una de las fuentes con que dimos es un escrito que aportó la realizadora audiovisual Natalia Cano, quien más de una década atrás estrenó “Escondidos al oeste del Pichi Leufú”, un documental que supo abrir una de las ediciones del Festival Audiovisual Bariloche. Entre otros, sus protagonistas son precisamente, integrantes de la familia Llanquín.

“Los parajes Villa Llanquín, Pichi Leufú y Arroyo Chacay son pequeños poblados de límites geográficos difusos y apenas urbanizados, se ubican entre los ríos Pichi Leufú y Limay; uno tiene una comisión de fomento y escuela-hogar, y el otro, una cooperativa lanera, una iglesia y la escuela. Villa Llanquín es el que más población tenía en ese momento, unas 350 personas. A partir de aquel proyecto para la facultad (la carrera de Historia en la Universidad del Comahue), fui a visitar, algunas veces, a la familia Llanquín, a conversar con ellos”, dice el relato de la directora.

Por entonces, Natalia era estudiante y “quería entender cómo se había poblado el paraje, que me contaran sobre Ignacio Llanquín, llamado por ellos el principal. Una de esas tardes, Ángela Llanquín me esperó con una pila de fotos y documentos para regalarme. Dijo que yo las iba a cuidar bien. Le propuse volver con un escáner y una cámara al fin de la semana siguiente. La primera escena que filmé de la película fue esa: Ángela Llanquín y sus documentos. Vemos a una mujer de 84 años, la más joven de su gran familia, sentada entre los árboles sosteniendo una pila de fotos familiares”.

Aunque por partes, “Escondidos…” está disponible en YouTube e íntegra en Vimeo. “Esta escena es una ventana en el tiempo y el espacio que Ángela abrió ese día y por donde me invitó a pasar. Ella y su hermano Lucio, que murió durante el tiempo que trabajamos en el proceso de filmación, fueron los primeros en participar del proyecto y lo hicieron entre charlas y documentos. El suyo fue el primer archivo al que tuve acceso”, comenta la realizadora en su artículo.

Relación con el Ejército

En ese “fondo documental” de la familia, “hay dos tipos de registro fotográfico bien distintos: por un lado, el relacionado con las instituciones como la escuela y el Ejército, con los cuales los Llanquín tenían una estrecha relación y, por el otro, el familiar, que más llamó mi atención”, señala Natalia. “¿A partir de aquel día las preguntas se dispararon: ¿quién hizo esas fotos? ¿Por qué la familia Llanquín, cuyo apellido es el nombre del paraje, sigue luchando por no perder sus tierras? ¿Qué relación tenía Ignacio Llanquín con los Curruhuinca del Lago Lacar?” Todas cuestiones que hacen a la historia del paraje.

En la documentación oficial, “identifiqué cómo entre 1919 y 1933 cambió la manera de referirse a la misma población rural. Incluso, era a veces el mismo inspector viajero que pasaba de considerarlos «personas aptas para contratar con el Estado», a decir que eran «intrusos y personas indigentes y que no podían vivir de otra cosa que no fuera el cuatrerismo». Miradas que no contemplaban que el poblador estaba lidiando con un año extremadamente frío, un nuevo bolichero que le sacaba el ganado «por cuenta» o el lindero que corría el alambre por la noche. En el cruce con la oralidad aparecía esta complejidad”.

Como en buena parte del interior rionegrino, “hubo múltiples intentos de desalojo que les suceden a las sesenta familias entre Arroyo Chacay y Villa Llanquín, debido a que pobladores (ausentes) como Beveraggi y Krausse piden en Viedma los lotes y obtienen documentación que los avala. Entre 1938 y 1949 Ignacio Llanquín y, luego, Segundo Ignacio, su hijo mayor, gestionan que no los desalojen, sin suerte. Finalmente, cuando el desalojo es inminente «piden ayuda al ejército y el Ejército los defendió», explica Ángela Llanquín. Logran permanecer en el lugar haciendo uso de su pertenencia histórica a la institución militar. Sin embargo, las medidas que se van a tomar serán siempre coyunturales. La Comunidad Llanquín llega hasta la actualidad sin la propiedad de la tierra que habita”, observó la realizadora.


Un acto en la escuela con presencia militar. Otra de las fotos que compartió la familia con la realizadora.

También pueden rastrearse retazos de la historia de Villa Llanquín en el artículo “Frontera, Escuela e Identidad: la disputa territorial en la región del Nahuel Huapi a través de la educación”, que tiene como autor a Agustín Assaneo (IIDyPCa). En este caso, el investigador centró su análisis en la institución educativa: “La Escuela N°150 se fundó en el territorio de Río Negro hacia el año 1941. Ubicado en la margen rionegrina del Limay a unos 15 km de su nacimiento, este pueblo estaba habitado por familias de origen mapuche que fueron relocalizados luego de la conquista militar de la Patagonia”, enmarca el artículo.

El apellido de Ignacio

Según Assaneo, “el caso de los Llanquín es un ejemplo del proceso de desplazamiento y redistribución de la población indígena que tuvo lugar hacia finales del siglo XIX producto de políticas de asimilación y poblamiento de las zonas de frontera como fue la Ley de Premios”. En su marco, “era habitual que se entregaran bonos de tierras a quienes habían participado de una u otra forma en la campaña militar; por ello el poblado lleva el nombre de Ignacio Llanquín, quien se estableció en la zona junto a su familia hacia la década de 1890, luego de haber participado como baqueano del Gral. Villegas”, estableció el investigador.

“Esta familia tuvo una importante capacidad de participación y decisión política y social, al punto de que el paraje lleva su nombre -inicialmente se lo conocía como Costa del Limay- debido a que donaron las tierras para el emplazamiento de la escuela cuyas características respondieron tanto a la configuración del paraje como a la organización del sistema educativo en el Territorio”, aclara su investigación.

En ese marco, “Manuel Llanquín, hijo de Ignacio, el encargado de negociar con los comerciantes de Bariloche, sobre todo con Jones (dueño del almacén de ramos generales), fue quien estableció vínculo con el mayor Napoleón Irusta. Este militar fue quien puso a la agrupación militar de Bariloche -de la cual estaba a cargo- a disposición del poblado para ayudar con la construcción de la escuela. Tuvo un importante rol en las políticas territoriales de Parques Nacionales, sobre todo a partir del año 1945 cuando fue nombrado administrador general de esa institución”.

Queda bastante más tela para cortar en términos históricos, pero al menos ya se pueden esbozar algunas respuestas a las preguntas que planteábamos al comienzo: ¿qué sabemos de Villa Llanquín? ¿Cuál es su historia? ¿Por qué está precisamente ahí? Quedó un detalle: Natalia Cano encontró una carta con firma de Abel Curruhuinca, en la que da cuenta de los servicios que prestó Ignacio Llanquín como “chasque” en las últimas fases de las expediciones militares.

Para ver "Escondidos al oeste del Pichi Leufu", seguir el enlace:
https://piedraquelatecine.wixsite.com/nataliacanocine/escondidos-al-oeste-del-pichi-leufu 

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