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BARILOCHE 110 AÑOS ATRÁS

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22/09/2024

“Faltan hoteles buenos para las muchas familias que desean visitarlo”

“Faltan hoteles buenos para las muchas familias que desean visitarlo”
“Faltan hoteles buenos para las muchas familias que desean visitarlo”

Si bien ya había algunos establecimientos, parece que su calidad no era la más atractiva. La mayoría del turismo chileno se quedaba en Peulla y desde Buenos Aires, llegaban unos pocos audaces. La frase fue de Emilio Frey.

Si bien los primeros pasajeros que se consideraron a sí mismos turistas arribaron a Bariloche en 1902, el primer establecimiento hotelero había abierto sus puertas seis años antes. Lejos de florecer rápidamente, los comienzos de la actividad fueron vacilantes, a tal punto que otro hotel, que abrió sus puertas en 1916, tuvo que contentarse con hospedar como pensionistas a los maestros de la Escuela 16 a precios módicos para equilibrar sus cuentas.

Los orígenes de la actividad que en la actualidad caracteriza económicamente a la ciudad está descripta someramente en “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo Libros-2010), de la historiadora Laura Méndez. En sus albores, no solo la demora del ferrocarril en estirar su tendido conspiró contra el rápido desarrollo turístico de la zona, sino también la escasa infraestructura apta para recibir visitantes.

La historia comenzó a fines del siglo XIX, porque “ya en 1896 había posibilidades para que los turistas se hospedaran en la ciudad. Carlos Wiederhold había construido un albergue de once habitaciones, en tanto que para 1902 eran tres los establecimientos que ofrecían alojamiento. El hotel Perito Moreno fue el primero en albergar turistas, con un salón de fiestas y capacidad para veinte pasajeros. Completaban la oferta una pensión y una fonda-albergue”, según el racconto de la investigadora.

Las cosas no habían cambiado mucho una década más tarde. “En los años 1912 y 1913 se había iniciado la construcción de un edificio de madera destinado a un hotel con doce habitaciones, que abrió sus puertas en 1916 con el nombre de Los Lagos. La vida comercial del hotel no logró colmar las expectativas de sus propietarios, ya que, si bien era punto de arribo de la línea de automóviles desde Neuquén -a través de la empresa La Veloz representada por Celso Fernández-, solo un auto con cinco o seis pasajeros llegaba cada martes”.

Además, “el auto partía de regreso el viernes por la tarde”. Fue el servicio que conoció Ada María Elflein durante el verano de aquel año. La pionera entre las mujeres del periodismo de viajes había llegado hasta aquí proveniente de Chile, adonde había ingresado después de conocer San Martín de los Andes. Volvió a la Argentina a través de Puerto Blest y después de unos días en Bariloche, retornó a Neuquén mediante los vehículos en cuestión.

Por entonces, el camino que vinculaba a esta ciudad con la capital del Territorio Nacional vecino no coincidía con la traza actual de la Ruta 237, sino que seguía el recorrido de la Ruta 23 hasta Comallo y desde allí, enfilaba hacia el norte vía Mencué. Ada María detalló un recorrido azaroso y polvoriento a través de la estepa patagónica y puntualizó que el cruce del Limay se concretaba a la altura de Plottier.

"Tan pequeño movimiento comercial obligó al propietario de aquel hotel, Camilo Garza, a recibir pensionistas de la Escuela 16 por precios muy módicos, cuyo establecimiento se encontraba frente al hotel”, estableció Méndez. No solo la escritora y periodista de Buenos Aires llegó desde la cordillera. Por entonces, era mayor la afluencia turística desde el país vecino, aunque era mínima la proporción de viajeros que se animaba hasta Bariloche.

“Con respecto al turismo trasandino, era importante el número de turistas que llegaban desde Chile por vía lacustre, aunque la mayoría se quedaba en Peulla -territorio chileno-, en el extremo oeste del lago Nahuel Huapi, lugar donde se amarraba el barco”, destaca la investigación. Fue un excontador de la Compañía Chile-Argentina, Ricardo Roth, “quien formó la compañía de navegación Andina del Sud al disolverse la Sociedad, siendo propietario de las embarcaciones, los muelles y los hoteles de Puerto Blest, Frías, Peulla y Petrohué, que fueran propiedad de la Chile-Argentina”.

Por entonces, era mucho más previsible llegar a Bariloche desde el oeste cordillerano que desde el este. “El cruce Bariloche-Puerto Varas se hacía en dos días y la Empresa Andina del Sud, que tenía su administración en Chile, ofrecía todos los días esa combinación, previa reserva de pasajes”. No obstante, “según informe de Ricardo Roth de 1917, de los 1400 pasajeros que se alojaron en Peulla, solo 200 siguieron hasta Bariloche”, justamente, “debido a la carencia de hoteles y transportes”.

Previó que sucedería Emilio Frey, en una carta que le envió a Francisco Moreno en 1914: “El lago a un paso del Sur de Chile será el imán de atracción de todo el turismo que desborda por los lagos Llanquihue y Todos los Santos, si no lo es ya es porque faltan hoteles buenos para las muchas familias que cada año desean visitarlo. Del lado argentino, el ferrocarril hará un cambio completo”.

Y así fue, aunque demoró más de la cuenta. Como ya señaló El Cordillerano en su oportunidad, después de algunos experimentos, el primer convoy arribó a esta ciudad en 1934, 20 años después de la premonición de Frey y 90 años atrás. No fue casualidad que su llegada coincidiera con la puesta en marcha de la Dirección de Parques Nacionales el mismo año. Por espacio de una década y a través suyo, el turismo fue política de Estado.

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