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EL CORDILLERANO, 30 AÑOS / HISTORIAS DE BARILOCHE

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02/09/2024

Denis Heredia: “La bici me dio un estilo de vida”

Denis Heredia: “La bici me dio un estilo de vida”
Denis Heredia: “La bici me dio un estilo de vida”

¿Pueden las malas calificaciones en el secundario impulsar a un camino positivo en la vida?

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En el caso de Denis Heredia, sí.

O, en realidad, fue eso, pero podría haber sido cualquier otra cosa.

Porque da la impresión de que tarde o temprano Denis iba a inclinarse por agarrar la bicicleta. Podría decirse que estaba en sus genes.

Su padre, Santiago “Chiche” Heredia, corría en bici (todavía lo hace), así que tener bicicletas cerca, durante la infancia, era algo habitual, aunque él no les prestara demasiada atención.

El asunto tuvo un giro en la adolescencia… y ahí entra lo de las malas notas.

Parece ser que Denis acumulaba materias en el cuadro del debe, es decir, se llevaba hasta el recreo.

Su hermano mayor, Martín, era abanderado.

O sea, el listón familiar se encontraba alto y lo veía más bien de abajo…

“Mi mamá estaba de los pelos”, sonríe Denis.

Es que Rosa, la madre, cuando el muchacho llegaba a la casa y ella miraba la carpeta, se lamentaba: “Vas a repetir…”.

Frente a ese panorama, un día, angustiado, Denis agarró una bicicleta y salió a dar vueltas, “para liberar tensiones”, como explica ahora.

Tenía quince años, y ya en aquel instante se forjó un amor imperecedero con la bici.

Un día se enteró de que habría una carrera, se anotó y ganó. “Desde ese momento, no me bajé más”, apunta.

“Con el tiempo fui buscando otras competencias, encontrando nuevas experiencias. La bici me dio un estilo de vida. Empecé a viajar, a conocer otras ciudades”, explica.

Pero… ¿qué pasó con la escuela?

“Nunca repetí”, revela con una sonrisa.

Es más, en la actualidad da clases en la Universidad de Río Negro.

Aunque, claro, lo de estudiar, tras el secundario, tuvo mucho que ver con el azar, a la vez que se vinculó a algo así como demostrarle al papá que podía hacerlo.

“Estaba andando en bici (siempre la bicicleta presente) y me crucé con unos amigos. Les pregunté si querían ir a tomar algo, pero me dijeron que no podían porque debían hacer el curso de ingreso universitario”, recuerda.

Al volver a su casa, preguntó si él no tenía que hacer el curso. “Si vos no servís para estudiar”, le respondió el padre. “Me hizo enojar y me anoté, por capricho”, afirma Denis, para luego contar: “Al principio me costó agarrar el ritmo, pero terminé y me recibí de ingeniero electrónico. Actualmente, desempeño tareas manejando talleres de ingeniería de la Universidad de Río Negro y doy dos materias, electrónica analógica y teoría de circuitos, la parte práctica”.

En paralelo, continuó su camino como ciclista.

Al rememorar un momento importante de la adolescencia en dos ruedas, da marcha atrás en el tiempo y dice: “Pude estar en la selección de Río Negro en los juegos de la Araucanía”, aludiendo a la competencia binacional que reúne, en diferentes disciplinas, a jóvenes del sur chileno y la Patagonia argentina.

“Es para jóvenes menores de 18 años… Como un viaje de egresados, pero de deportistas”, aprecia. Cuando participó, la sede fue Tolhuin, en Tierra del Fuego, y para él se trató de toda una aventura.

“Cada vez le fui poniendo más energía al tema, a la vez que estudiaba y trabajaba”, narra.

“Empecé con mountain bike (bicicleta de montaña), pero cuando descubrí cómo era lo de andar en ruta, me gustó más. Y, dentro de eso, me agrada competir por etapas, en carreras que sean duras, con subidas”, manifiesta.

“Al principio, corría en el ámbito local. No me veía compitiendo en Mendoza o San Juan, por ejemplo, donde el ciclismo es muy importante. En esa época no se manejaba tanto Internet y muchas cosas carecían de difusión, así que ojeaba una revista importante llamada Ciclismo XXI, donde veía, por ejemplo, qué pasaba con la Vuelta de Mendoza, una competencia muy conocida”, rememora.

Luego, él correría en varias ocasiones esa famosa carrera mendocina.

Incluso, en dos oportunidades estuvo en el podio, entre los diez primeros.

En tal sentido, mira el trofeo de cuando quedó séptimo y revela: “Justo antes de correr, había contemplado la posibilidad de retirarme”.

Se había lesionado y andaba cabizbajo. Pero, para su cumpleaños (el 14 de septiembre), recibió un llamado que le hizo volver al pedaleo competitivo.

El año anterior, en Mendoza, había conocido al destacado ciclista Manuel Cataldo, quien cuando telefoneó para saludarlo le preguntó: “¿Qué onda? ¿Seguís siendo ciclista?”.

“Por inercia, dije que sí, pero la verdad era que no estaba entrenando… Cuando corté me empezó a trabajar la cabeza y me dije que lo que me hacía feliz era correr en bicicleta, así que ese mismo día volví a entrenar para participar de la Vuelta de Mendoza... ¡Y pude estar en el podio!”, resalta.

Más allá de las carreras, Denis trabajó en diversos talleres de bicicletas y, en el marco de la pandemia de covid, decidió comenzar a reparar en su casa.

Primero, lo hacía en el patio del hogar. Después optó por limpiar un depósito donde se arrumbaban cosas.

“Arranqué con una llave Allen y una francesa”, evoca.

De a poco, arregló y equipó el sitio. 

El negocio anduvo mejor de lo esperado.

Cuando abrió, se contentaba con hacer uno o dos services por día, pero los clientes arribaban en más cantidad.

Justamente, en su taller, rodeado de medallas y copas como huellas de su carrera deportiva, resalta: “Acá hay un valor sentimental muy grande, armé todo desde cero. Fui comprando herramientas, pinté, conseguí la mesa de trabajo, cuando por ahí encontraba una tabla la convertía en estante…”.

El lugar donde realiza las reparaciones está en Onelli 629, pero, en la actualidad, con el trabajo, el entrenamiento y carreras que surgen, no puede mantenerlo abierto como un local normal, así que trabaja por turnos (hay que comunicarse por WhatsApp al +54 9 294 420-0766).

Reparar bicicletas le ha deparado varias sorpresas. “Me han traído una edición limitada, de la que sólo hay cincuenta en el país, por ejemplo. También, una último modelo que vino de Estados Unidos en una valija, para armar”, relata, pero, quizá, la historia más significativa sea la que involucra a una bici antigua, de la época de la Segunda Guerra Mundial. Tras arreglarla, quien se la llevó le contó de dónde provenía… Había pertenecido a Gino Bartali, un famoso ciclista italiano que, durante dos años, y con la excusa de sus entrenamientos, llevaba escondidos, en su bicicleta, documentos que servían para sacar a judíos desde Italia hacia sitios seguros. Se calcula que los pasaportes que trasladó sirvieron para impedir que alrededor de ochocientas personas terminaran en los hornos crematorios del nazismo. La historia recién se supo tras su muerte, ya en el siglo XXI, cuando se encontró un diario de un conocido antifascista, en el que figuraba el modo en que Gino había actuado… Denis se emociona al acordarse de que una bicicleta de ese héroe pasó por su taller.

A los treinta años, el joven, al referirse a su faceta deportiva, reflexiona: “Siento que cada año que pasa supero mis propios límites. No conozco cuál es mi techo, y me gustaría seguir indagando para ver hasta dónde puedo llegar”.

Agradece a su familia –a la que tanto hacía renegar en su época de estudiante– por la ayuda que siempre le da.

“El taller y el deporte me dieron muchas amistades, eso es algo que me motiva a seguir en la actividad”, sostiene, y aclara: “No dejaría de laburar para correr, pero sí laburo para poder correr. En el ciclismo no se gana bien, y cuando te hacés grande no tenés una jubilación ni nada… Vemos a muchos corredores buenos, que incluso han participado en los Juegos Olímpicos, y ni siquiera cuentan con un lugar para vivir”.

En la actualidad, integra un equipo con amigos. En tal sentido, recalca que muchas veces sólo uno llega al podio, pero el trabajo es de todos. “El que va adelante corta la resistencia del viento en un treinta por ciento de energía que ahorra el que va atrás, quien luego puede aprovecharlo”, ejemplifica. “Se trata de una amistad sana, y buscamos que gane el equipo; no hay envidia”, sentencia.

Asimismo, enumera lesiones que lo azotaron en diversos momentos: rodilla, quebraduras de costillas, de omóplato, de  muñeca… “Son los riesgos que existen, porque el paragolpes sos vos. Hay veces que estamos a cien kilómetros por hora con ruedas de veintitrés o veintiocho milímetros”, advierte.

Pero, más allá de los porrazos, no piensa bajarse de la bicicleta.

Al bucear en su memoria, rescata un cumpleaños que pasó en Córdoba, donde había una carrera, hace ya varios años. “Era la primera vez que viajaba tan lejos. Fui con una bici humilde y salí segundo en la categoría juvenil, quedando delante de gente importante. Aquella vez, algo hizo clic en mi cabeza… Me dije: ‘Yo puedo’”.

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