Publicidad
 

FALTABAN MÁS DE 100 AÑOS PARA QUE SURGIERA BARILOCHE

|
02/06/2024

¿Quién llamó Catedral al cerro por primera vez?

¿Quién llamó Catedral al cerro por primera vez?
¿Quién llamó Catedral al cerro por primera vez?

A mediados del siglo XIX, su nombre actual corrió peligro de sustitución, pero finalmente fue el que llegó a nuestros días.

Ahora que las vacas volvieron a enflaquecer, todas las miradas se dirigen hacia sus laderas que, afortunadamente, están tan nevadas que propiciarán una tempranísima apertura de la temporada para los deportes invernales. Más allá de sus bondades paisajísticas y sus atractivos modernos, el Catedral tiene una larguísima historia, aunque a punto estuvo de llamarse de otra manera. Más o menos se conoce el por qué de su nombre, pero ¿quién concretó el bautismo?

Antes que al impactante azul del Nahuel Huapi, el viajero que se aproxima desde el noreste alcanza a divisar -si su mirada es atenta- las agujas pétreas que inspiraron su denominación. Esta reconoce muy larga data, ya que tiene origen a fines del siglo XVIII, cuando todavía la Argentina no existía y casi nadie en Buenos Aires soñaba con aventurarse hasta aquí. Tampoco estaba en los planes de nadie San Carlos de Bariloche.

El cerro alcanza 2.388 metros sobre el nivel del mar y se ubica al oeste del lago Gutiérrez. Según escribió Juan Martín Biedma en su “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2003) fue el sacerdote Francisco Menéndez quien, en su primer viaje por la zona (febrero de 1791), “divisó un cerro a la izquierda de un abra que Fonck identifica con el brazo oriental del lago Mascardi”.

El segundo viajó por esta zona en 1856 y publicó las obras del religioso español en 1900, con un estudio introductorio y extensas notas al pie. De ahí la mención que hiciera el investigador argentino. Volvamos a la fuente inicial, porque Menéndez anotó “cerro con mogotones que parecen torres de Catedral”. La palabra en cuestión (mogotón) cayó en desuso y hoy no figura en los diccionarios, salvo para señalar a un cerro nicaragüense.

Para la jornada del 27 de febrero de aquel año, consignó el franciscano: “Por la mañana seguimos al este y a corta distancia encontramos un cerro redondo a cuya falda se hallan unos prados, y desde el más alto descubrimos dos lagunas al este, y otra al sur. Esta tendrá cuatro cuadras y las otras son más pequeñas. A la izquierda de la abra (sic) del este se ven sobre un cerro unos mogotones que parecen torres de una Catedral. También se divisa una pampa muy dilatada después de un cerro sin árboles y al pie un hoyo que presumo será derrumbo”.

Por su parte, Fonck anotó a pie de página: “La pampa dilatada que el autor divisa desde el cerro Redondo es, según parece, el valle Vuriloche de Steffen al pie del paso Barros Arana; el ‘cerro sin árboles’ será tal vez el mismo yugo de este paso, que es pelado en la cima, o el último contrafuerte del Tronador que se junta con él y a cuyo pie se halla ‘el hoyo que presumo será derrumbo’, es decir, el ventisquero que desciende de aquel macizo. Este ventisquero análogo al ventisquero del río Frío, por conducir ambos las nieves de la pendiente oriental del Tronador, ocupa una posición bien determinada que sirve de punto fijo para orientarnos”.

El comentarista escribió en las épocas en que las comisiones de límites de Chile y Argentina trataban de establecer por dónde pasaba la frontera entre los dos países, de ahí la referencia a las anotaciones que hizo Juan Steffen, compatriota de Fonck, ya que ambos eran de origen alemán. En tanto, Diego Barros Arana fue un historiador y diplomático de renombre, cuyo nombre fue impuesto por uno de los exploradores a manera de homenaje.

Añadió Fonck que “la abra del este es casi sin duda la depresión del brazo oriental del lago Mascardi y su continuación hacia el lago Nahuelhuapi (sic). La otra abra que principia a diseñarse desde aquí, la del sudeste, es probablemente la hondonada que encierra el brazo occidental del Mascardi y el valle Grande del Sur”. Nótese que, aunque del lado argentino, dos lagos recuerdan con sus nombres a otros tantos protagonistas de esta crónica.

Durante su propia expedición, que sucedió a la de Menéndez 64 años después, Fonck le impuso al cerro el nombre de Monte Pilato, por su semejanza con uno de ese nombre que existe en Suiza. Pero, por entonces, no conocía la existencia de los diarios de viaje del religioso. Cuando tuvo chances de introducirse en los textos, admitió que debía prevalecer la sugerencia del español: cerro Catedral.

No obstante, para Biedma “es muy difícil precisar si el Catedral de Menéndez coincide con el actual Catedral. Por lo pronto, Fonck lo hace coincidir con un cerro que él bautizó Pilato y que no era otro más que el actual cerro López. Sin embargo, en su mapa, Fonck ubica dentro del grupo del Monte Pilato, un pico Catedral que podría coincidir con el actual cerro homónimo”, especulaba el argentino.

“Sea continuación del monte bautizado por Menéndez o no, este topónimo es de antigua data y uno de los que mejor cuadran al accidente designado. Las innumerables agujas y torres que coronan su filo evocan con propiedad el techo de una catedral gótica. En 1896, el Sr. C. Schiorbek de la comisión de límites, trepó el pico oeste del cerro”, puntualiza el texto. Sobre gustos no hay nada escrito, pero mejor Catedral que Pilato, ¿no?

¿Que opinión tenés sobre esta nota?