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NI EL CHOCOLATE NI LA TRUCHA NI LA CERVEZA

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19/05/2024

¿Cuáles eran las especialidades de Bariloche 100 años atrás?

¿Cuáles eran las especialidades de Bariloche 100 años atrás?
¿Cuáles eran las especialidades de Bariloche 100 años atrás?

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En la década de 1920 el pueblo se autoabastecía de varios cereales, producía harina y se especializaba en otros atractivos gastronómicos que hoy hay que traer de miles de kilómetros de distancia.

Aproximadamente 100 años atrás Bariloche se autoabastecía de trigo, avena y cebada. Aquí se producía harina, cerveza, manteca y queso. La mayoría de los locales comerciales estaban en manos de la colectividad española y donde hay ahora una galería comercial, existía un almacén de ramos generales. En el emplazamiento posterior del Centro Cívico había “caserones” para el personal de una empresa: para familias una y otra para hombres solteros.

La población no llegaba ni al 1 por ciento de la actualidad. “Al comienzo de la década del 20, San Carlos de Bariloche contaba con mil doscientos cincuenta habitantes”, anotó Juan Martín Biedma en “Crónica histórica del lago Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2003). Entonces, “la zona se autoabastecía de trigo, avena y cebada y de toda clase de verduras y legumbres propias del clima”.

Sitios que hoy están consagrados casi con exclusividad al turismo o cedieron ante la urbanización eran claves para aquel autoabastecimiento. “Los principales centros de cultivo fueron el cerro Otto, la península San Pedro y Colonia Suiza”, añade la investigación. “El molino harinero de Jorge Hube abastecía de harina relativamente barata a toda la región y Abraham Breide fabricaba cerveza utilizando cerveza y lúpulo del lugar”.

Antes de que el ferrocarril, nuevos regímenes aduaneros y Parques Nacionales modificaran sustantivamente la fisonomía local, “la principal industria consistía en la fabricación de manteca y queso y en la elaboración de la madera. El comercio se concentraba en productos del suelo, cuero, lanas y ganado”. Algunos apellidos de entonces todavía son protagonistas de la actividad económica barilochense. “En esta época comienza a insinuarse, más que una industria, una artesanía local, como la fabricación de salsa de tomate por Babil Azcona; de catangos por Enrique Gingins; de jabón por L. Marciani; de cal por los hermanos Pizzuti”, enumera el texto.

En opinión de Biedma, “predominaba el elemento extranjero, sobre todo chileno, pero en el orden de la cultura y el espíritu progresista sobresalían las colectividades alemana, española, italiana, francesa, sirio libanesa y suiza”. Como se sabe, la primera “sostenía una escuela propia, que mereció el aplauso del presidente del Consejo Nacional de Educación, doctor Ángel Gallardo, cuando visitó la zona en 1918”. Precisamente, lleva su nombre la arteria céntrica donde se erige el establecimiento.

“En el alto comercio era indiscutible la supremacía de la colectividad española. Los hombres de empresa que se destacaron fueron el ya mencionado (en páginas anteriores del libro) Primo Capraro y Ricardo Roth”. Además, hay que considerar que “los negocios más importantes eran los de José García, Rubén Fernández, Cornelio Hagemann, Domingo Lorenzo Marciani, Dionisio Santillán y sucursales de Lahusen y Cía. y Ricardo Carro Crespo”.

Hubo decisiones económicas que se tomaron en aquella época que todavía tienen correlato en el presente. “Luego de la desaparición física de Capraro, D. Pedro de Pellegrin sigue al mando del negocio, que pasa a llamarse Almacén de Ramos Generales de Pellegrin, en el cual trabajaron codo a codo sus cuatro hijos: Virgilio, Antonio, Ida y Gino. El almacén estaba ubicado en la actual Mitre y Quaglia”.

Muy distinto al actual era el Bariloche que la familia de Pellegrin llegó a conocer. “D. Pedro era paisano de Capraro, había nacido en Belluno, llegó a Bariloche en 1923. Vivió con su familia en el caserón para el personal casado, donde actualmente está la Biblioteca Sarmiento. El de solteros estaba donde se hizo el edificio y la torre de la Municipalidad. Tenía a su cargo el almacén de la empresa repartiendo víveres a las cuadrillas de trabajadores”.

Como se sabe, por entonces quedaban más cerca Puerto Montt u Osorno que cualquier localidad argentina importante en términos económicos. En efecto, “la mercadería, por razones de economía, llegaba en barco desde Chile, era descargada en el aserradero, situado debajo del almacén y desde allí, sobre rieles, a los sótanos de este”, siempre donde actualmente está el Centro Cívico.

Decisiones económicas que se tomaron en aquellos tiempos, tienen su correlato todavía en la actualidad, porque “D. Pedro falleció al regreso de un viaje a la tierra natal a raíz de una enfermedad contraída en el barco. Sus hijos demolieron el almacén y construyeron la galería Bariloche, en la intersección de las calles Mitre y Quaglia”, enclave súper céntrico desde hace décadas. Nada recuerda la fisonomía de un siglo atrás. De la manteca y los quesos, ni rastros.

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