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APELLIDOS POCO DIVULGADOS DE OTROS “PRIMEROS POBLADORES”

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19/05/2024

No solo Wiederhold, Jones y Capraro estuvieron en los orígenes de Bariloche

No solo Wiederhold, Jones y Capraro estuvieron en los orígenes de Bariloche
No solo Wiederhold, Jones y Capraro estuvieron en los orígenes de Bariloche

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Habitualmente excluida de los relatos eurocéntricos, la población mapuche a fines del siglo XIX y principios del XX era significativa en el Nahuel Huapi y zonas aledañas.

Cuando se intenta reconstruir la historia de Bariloche, sus albores como poblado se asocian a Carlos Wiederhold o Jarred Jones. Después, a Primo Capraro y a otros empresarios, en general descendientes de alemanes que provenían de Chile. Esos relatos acostumbran a soslayar los apellidos y orígenes de otros pobladores que fueron contemporáneos de los anteriores y que, en ocasiones, ya estaban en la zona de su llegada.

“Donde hoy se levanta la ciudad de San Carlos de Bariloche estaba Nazario Lefipan, consagrado a la agricultura, casado con Carmelita Quidulef el 8 de junio de 1898, oportunidad en que dio legitimidad a sus hijos, Cristóbal, nacido en 1889, Juana en 1893, Miguel en 1894 y Valeria en 1896”. La aseveración puede encontrarse en el libro “Crónica histórica del lago Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2003), de Juan Martín Biedma, quien, como podrá verse, no fue precisamente un amigo del pueblo mapuche.

Para la puntualización anterior, el investigador se valió como fuente de los informes de Julio Riesgo, a los que también consultamos en más de una oportunidad en El Cordillerano. Según el relato de Biedma, Lefipan “era vecino de Mercedes Curamil, de la familia de Juan Buenchupan, vecino a su vez de Juan Melian”, establece la enumeración. “En 1897, según dice Francisco P. Moreno en su libro Apuntes Preliminares, cultivaban trigo Colomilla cerca de Playa Bonita, Pedro Huentrun en Las Estacas y Sebastián Trangol en Puerto Moreno”.

Algunas de estas locaciones fueron corroboradas décadas más tarde. “Según el científico Erik Ljungner, que entre los años 1932-34 estuvo en la Patagonia y realizó un estudio muy profundo de la región, en la época del cambio de siglo vivían cuatro familias en torno al lago. Una en la isla Huemul, otra en la península Huemul, otra cerca del Correntoso y la cuarta en Rincón. Esta última es la más interesante”, opinó Biedma, cuyo libro tuvo una primera edición en 1987.

En su consideración, “de los dos Millaqueo, padre e hijo, el más conocido es el segundo, Antonio. Los ingenieros de las comisiones de límites apreciaron mucho sus servicios como baqueano, porque ninguno sabía ‘romper el monte’ como él. A fines de siglo tenía su morada al pie del cerro Machete, en la entrada del brazo homónimo. En 1913 acompañó en sus viajes de estudio al científico Bailey Willis”, dice la reconstrucción.

“Fue en ese entonces que se aventuró a navegar a remo las turbulentas aguas del río Manso, desde el lago Mascardi. Fue el primero que se arriesgó a hacerlo y pudo contarlo después”, siempre según Biedma. “También residió en las grutas de la laguna El Trébol, en el lago Mascardi, en la villa donde actualmente está la gendarmería”. Recordemos que la “actualidad” del escritor eran los mediados de los 80.

Por entonces, “cerca del antiguo hotel Mascardi, en la casa de un hijo adoptivo, se ven los manzanos que plantó”, resalta el escrito. “Allí murió en su ley, después de haber bebido en lo de Inalef, entre los lagos Gutiérrez y Mascardi, su bebida preferida, alcohol puro. Su viuda, doña Flora, una mujer tan ancha como alta, se instaló en un puesto, cerca del hotel Tronador”. La descripción despectiva corre por cuenta de Biedma.

Añade su escrito que “según recuerdos expresados en 1931 por Don José García, antiguo poblador de San Carlos de Bariloche y corresponsal del diario La Prensa, las tribus de indios que vivían en las cercanías del lago era las siguientes: ‘la del cacique Antemill, compuesta de unas cuatrocientes personas, descendientes de los famosos manzaneros, audaces y valientes. Vivían en la costa sur del Limay, a unos cincuenta kilómetros de su nacimiento; dominaron hasta Junín de los Andes. Tales indios eran tranquilos, aunque algo dados al abigeato, condición hereditaria”.

En la edición que consultamos, las comillas abiertas cuatro líneas arriba no cierran en ningún lado, así que no queda claro si el comentario racista -condición hereditaria- fue obra de García o de Biedma. La cuestión es que “poseían ganados y vivían pacíficamente. Fallecido el cacique Antemill en el año 1918, le sucedió en el mando Manuel Cotaro. Posteriormente, a causa de la crisis, la tribu se desbandó”.

A pesar de su posicionamiento, Biedma dejó constancia de injusticias. “Algunos indios viven aún en las tierras fiscales. Nadie los protege; cualquier audaz usurpa sus derechos”. Recordemos que se refería a situaciones que se daban 40 años atrás, aproximadamente. “Otra tribu vivía cerca del arroyo Pichi-Leufu, a unos quince kilómetros aguas abajo del actual esguazo de automóviles; la capitaneaba el cacique Loncón, fallecido hace unos veinte años. Los indios de Loncón eran indolentes, comilones y bebedores. Los pocos descendientes que quedan no han perdido tales hábitos”.

Otra fuente a la que recurrió el autor del libro consignó que “en nuestro pueblo de San Carlos de Bariloche, aún viven algunos indígenas: Calfitrú, la viuda de Inalef, Nahuelquin, Quelin…” En este caso, legó la observación Fausto Burgos en 1931. “Para 1899, en la isla que lleva su nombre estaba asentada la familia de Bernardino Huenul, unas doce personas. Era todos muy industriosos”, resaltó Biedma.

Los Huenul “fabricaban botes y barcazas según la técnica chilena del Pacífico, sembraron trigo y frutales y apacentaban cabras y gallinas en las islas vecinas sin necesidad de cercos. Para la misma fecha hallamos las familias Millan y Nahuelquin en el brazo Campanario, Manuel Antonio Cayun en la margen derecha del río Machete, Cuy Cuy sobre el camino al paso Puyehue, Ismael Tacul en el puerto que lleva su nombre, Ignacio Andriau (sic) y José María Paicil oficiaban de boteros para cruzar el río Correntoso”. Apellidos la mayoría que tienen vigencia en la cotidianeidad de Bariloche y la región actualmente.

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