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INCLUSO EN CASTELLANO TUVIERON OTRAS DENOMINACIONES

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05/03/2023

¿Cómo se llamaban antes Puerto Blest y el brazo del Nahuel Huapi?

¿Cómo se llamaban antes Puerto Blest y el brazo del Nahuel Huapi?
¿Cómo se llamaban antes Puerto Blest y el brazo del Nahuel Huapi?

Que se encontraran tardíamente los diarios de viaje del sacerdote Menéndez hizo que prevalecieran los nombres actuales, en homenaje a un funcionario chileno del siglo XIX.

Es uno de los puntos neurálgicos de atracción turística y el brazo del Nahuel Huapi que hacia allí conduce quizás sea el paisaje más de ensueño del parque nacional. Sus nombres apuntan al apellido de un funcionario chileno del siglo XIX, pero antes de su oficialización, llevaron otros diferentes, incluso en castellano. Existen registros al respecto, aunque se encontraron demasiado tarde como para que se respetaran aquellas denominaciones, bastante más poéticas.

Puerto Blest homenajea a Juan Blest, intendente de la provincia de Llanquihue hacia 1856. Desde ese cargo, desempeñó una tarea fundamental al propiciar la llegada de colonos alemanes al sur de Chile, área que comenzó a incorporarse a la soberanía de Santiago ni bien se produjo el estallido revolucionario de 1810. Tuvo como antecedente el Parlamento de las Canoas (1793), por el cual los españoles consiguieron que los loncos huilliches consintieran la repoblación de Osorno.

Enclavado en el extremo occidental del Nahuel Huapi, donde desemboca el río Frías, el paraje de predilección turística tiene muchísima historia. “El hermoso puerto de Nahuel Huapi, llamado hoy Puerto Blest, fue bautizado por Menéndez Puerto de la Esperanza. Este nombre se había conservado en las reminiscencias del práctico José A. Olavarría, que lo aplicó al cerro que está situado a la espalda del mismo puerto y desde el cual señaló a Gómez Geisse la legendaria laguna que venían buscando”.

La cita corresponde a “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi”, de Juan Martín Biedma (Editorial Caleuche-2004). Fray Francisco Menéndez fue el sacerdote franciscano que integró cuatro expediciones hacia estas playas, todas partieron de Chiloé y se produjeron entre 1791 y 1794. La primera no llegó a destino, recién en la segunda los soldados y religiosos tuvieron la fortuna de arribar al gran lago y desde esa perspectiva, puede entenderse aquello de Puerto de la Esperanza.

Biedma tomó como fuente los escritos de Francisco Fonck, quien, junto a Federico Hess, concretó una expedición de recorrido similar en 1856, es decir, 60 años después del último intento de Menéndez y los suyos. El sacerdote había tratado con los “indios puelches” en cercanías del río Ñirihuau pero en su último periplo, recibió un ultimátum por parte del cacique Chulilaquin, cuyas tolderías estaban ese verano cerca de las nacientes del Limay. Los españoles optaron por retirarse.

En esas épocas, los viajeros que se asignaban el rol de “descubridores” se consideraban con derecho a imponer nombres a los ríos, montañas, lagos y demás elementos geográficos. No obstante, también respetaban puntillosamente una norma no escrita, según la cual el nombre que prevaleciera debía ser el primero, siempre según la lógica europea en primera instancia, chilena-argentina después. No consideraban las designaciones de pueblos indígenas.

Fonck publicó hacia fines del siglo XIX los diarios de viaje de Menéndez, a los que matizó con una extensa introducción y cuantiosas notas al pie, pero los preciosos textos permanecían en archivos desconocidos cuando el médico alemán-chileno navegó por el Nahuel Huapi. De ahí que soslayara la denominación de Puerto de la Esperanza y quisiera homenajear al intendente de Llanquihue.

Escribió Fonck: “Mi amigo D. Juan Blest, persona muy digna, laboriosa e ilustrada, que ha fallecido en su mejor edad hace ya algunos años, me encomendó la expedición proyectada en 1856 aceptando mi ofrecimiento espontáneo de hacerme cargo de ella y le agregó a la propuesta mía, a mi inteligente amigo D. Fernando Hess. Blest se alejó inopinadamente de Puerto Montt, mientras que nosotros estábamos ausentes en la expedición. Su retiro fue un gran golpe para la prosecución de los descubrimientos en la región”, lamentaba el explorador en 1900.

También lleva el nombre de aquel funcionario el brazo del Nahuel Huapi que se introduce en la cordillera, por donde transcurre el límite entre las provincias de Neuquén y Río Negro. Según la reconstrucción de Biedma, “el 11 y 12 de enero de 1884, (Eduardo) O´Connor recorrió este brazo en su viaje de exploración al lago después de su famosa navegación del Limay”. Por entonces, se conocía como Larga Ensenada.

Asimismo, se llama Blest al arroyo que nace junto al límite internacional, al norte del cerro Esperanza y “que determina en todo su curso parte del límite entre las provincias de Neuquén y Río Negro”, según Biedma. Sin querer menoscabar la memoria de nadie, Puerto de la Esperanza y Larga Ensenada suenan mejor, además de tener más fundamento histórico, porque, a fin de cuentas, Blest nunca anduvo por aquí.

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