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CAMINANTE, NO HAY CAMINO, SE HACE CAMINO AL ANDAR

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11/03/2022

Pasión tuerca

Pasión tuerca
Pasión tuerca

Al principio de la pandemia, con las salidas restringidas, algunos "fierreros" de Buenos Aires encontraron un punto de reunión, donde al menos se podían ver brevemente y, sobre todo, sacar sus autos y conversar sobre cuestiones “tuercas”, que, para ellos, conforman la biblia de cada día. El sitio en cuestión era... ¡una estación de servicio!

Así, acordaban telefónicamente un horario y se citaban para coincidir en la carga de combustible.

Siempre con ganas de salir a la ruta.

Al inicio, eran unos pocos, pero, a partir de uno de los signos de estos tiempos –las fotos en el Instagram–, conocidos de cada uno de ellos se fueron comunicando para consultarles dónde se veían, y el número de quienes se agrupaban empezó a crecer.

Con las aperturas paulatinas en relación a la situación vinculada al COVID-19, pudieron hacer algo más que verse brevemente en una estación de servicio, y los vehículos comenzaron a “rugir” un poco más.

 Un juguete de grandes... y de lujo.

En esta nota ha llegado el momento de hacer una aclaración: los “fierreros” en cuestión no tienen precisamente autos “normales”; los suyos, al igual que las motos –porque acá no se discrimina a los que van en dos ruedas–, son los llamados restomod, es decir, restaurados y modernizados, con carrocerías originales, pero mecánica actual.

Por eso, por estos días, en las calles de Bariloche, quizá alguien se haya sentido en medio de una película automovilística, por los modelos que se han visto –y se verán hasta el domingo, cuando se marchen–.

60 segundos, pero en Argentina.

Por ejemplo, si alguien creyó estar en medio de 60 segundos, la película del 2000 protagonizada por Nicolas Cage y Angelina Jolie, no alucinaba: el coche que vio seguramente era el Ford Mustang de 1967, llamado Eleonor, que aparece en el film. En realidad, un clon.

Es el auto de Germán Osorio, uno de los impulsores del Fierreros Social Club (FSC), la agrupación en la que derivó el gusto de aquellos amantes de los aceleradores que, durante la parte más dura de la pandemia, empezaron a ir a cargar combustible solo para charlar un rato sobre sus “chiches”.

Germán Osorio emula a Nicolas Cage.

La sede la asociación está en el corazón de Tigre, cerca del famoso Puerto de Frutos.

Alquilaron un galpón y lo que, en principio, iba a ser un sitio destinado a guardar los coches, se transformó en algo muy distinto. Sucede que los diez socios iniciales se transformaron rápidamente en cuarenta, por lo que resultó imposible usar el lugar como una especie de garaje para todos. Así, hicieron un bar privado, donde un par de autos y de motos –que sí se quedan a “dormir” ahí – recuerdan que ese es un sitio tuerca.

¡Atención!: la botella al costado proviene del bar de la sede del club (y no está destinada a ingerir durante el trayecto, por supuesto).

Los integrantes del club bautizaron su condición de tales con viajes dentro de la provincia de Buenos Aires, a Balcarce y Pinamar, por ejemplo, pero luego surgió la idea de un rally en tres etapas.

En septiembre del año pasado viajaron a Mendoza; ahora están en el sur, con Bariloche como base –el sábado por la tarde harán una exposición de los autos en la base del cerro Catedral– y excusiones a Villa La Angostura y San Martín de los Andes; más adelante, Salta los espera.

De frente a la aventura...

Una aclaración: este Rally To Nowhere (un rally hacia ninguna parte) no tiene fines competitivos, sino, simplemente, compartir el momento.

Como sintetiza Marcelo Ganci, uno de los fundadores del club: “Se trata de andar en el auto, comer, dormir, y luego, de vuelta, andar en auto, comer, dormir…”.

Marcelo Ganci, en un raro momento fuera de su auto...

Igualmente, aclara: “No es un hobby de un par de tontos que salen a dar vuelta en un coche”.

Si bien este andar tiene un sentido recreativo, se lo toman con seriedad. Para ellos, lo que llevan sobre las ruedas son obras de arte; los mecánicos, los artistas. Y en esta especie de galería ambulante, donde se exponen y disfrutan los “cuadros” motorizados, incluso cuentan con sponsors…

Pablo Salas, un sponsor que, literalmente, se subió a la moto para acompañar el proyecto.

Además, tratan de darle –y la alusión no es gratuita– una vuelta de “tuerca” al asunto, y por donde transitan suelen hacer algunas donaciones, costumbre que comenzó en Tigre mismo, con pequeñas ayudas a isleños humildes.

Germán Osorio y Marcelo Ganci cuentan todo esto que acabo de escribir y luego se marchan a hacer lo que más les gusta: subirse a sus autos y disfrutar.

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