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HABÍA PARTIDO UN MES ATRÁS DESDE EL NAHUEL HUAPI

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08/03/2022

Al borde de la deshidratación, pero Rinaldelli llegó al mar

Al borde de la deshidratación, pero Rinaldelli llegó al mar
Al borde de la deshidratación, pero Rinaldelli llegó al mar

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Después de superar desentendimientos con Prefectura, un enfriamiento cercano a la hipotermia y el tedio de ciertos tramos monótonos, el vecino del Nahuel Hue desembarcó con su kayak en el balneario El Cóndor. Misión cumplida.

Cuando ya había coronado con éxito la misión que se había asignado, sobrevino el momento más difícil de la travesía para Mathías Rinaldelli: después de superar la boca del río Negro y adentrarse en el mar hasta un banco de arena, el viento sur y cambios en la marea hicieron que el barilochense debiera invertir cuatro horas de remo para arribar al balneario El Cóndor. “Me empezó a dar deshidratación y no llegaba, no llegaba. Pero bueno, lo puedo contar”, confió el kayakista.

El expedicionario retomó el contacto con El Cordillerano casi un mes después de la última charla, cuando había pernoctado a la altura de Paso Chacabuco. En ese lapso pasó de todo: desentendimientos con Prefectura Naval que alteraron sus planes originales, avistamientos de jabalíes a orillas del río y el padecimiento de una intensa tormenta que colocó al viajero cerca de una hipotermia. Pero finalmente, logró su cometido: unir el Nahuel Huapi con el Atlántico.

El arribo a destino se produjo el último domingo, después de momentos muy difíciles. “Pasé la noche (del sábado) en medio del monte, en unas instalaciones de Aguas Rionegrinas (risas) y después, fue un novelón: a las 11 de la mañana llegué a la boca, al mar. Me metí bien adentro, hasta un banco de arena y todo muy lindo. Cuando quise ir para el balneario El Cóndor, entré a remar, pero me agarró viento sur, la marea en contra y fue dramático”.

Con la combinación de fuerzas adversas, “estuve cuatro horas remando, tratando de llegar y estuvo jodido”, admitió Rinaldelli. “Me empezó a dar deshidratación por el esfuerzo y no llegaba y no llegaba. Entre lo de Alicura, que también estuvo jodido, y el chaparrón que me agarró, esto fue lejos, lo peor. Pero bueno, ahora estoy re tranquilo y lo puedo contar”, compartió el viajero, que prevé retornar a Bariloche el martes.

A pesar del cansancio, el kayakista accedió a relatar pormenores de su hazaña al cronista. Hay que compartir que después de perder contacto durante dos días con el navegante, Prefectura impidió que siguiera con sus planes más allá de la represa de Alicura. Rinaldelli aceptó la disposición de la fuerza de seguridad, pero lejos de cejar en su empeño, se propuso retomar la navegación, una vez superado el tramo del Limay que está jalonado por represas.

En consecuencia, “después del incidente en Piedra del Águila, un primo me llevó hasta Neuquén. Descansé dos días con familia y reanudé el viaje desde la isla Jordán. El primer día paré pasando (General) Roca, al día siguiente llegué hasta Villa Regina, pero siempre elegía parar en el monte. Después, estuve un camping muy buena onda, donde me hice amigo de la gente. Puros criollos, cazadores de jabalíes. Ahí empezó la ruta de los jabalíes”, dictaminó el viajero. Hasta chorizos de ese origen tuvo la suerte de comer.

También observó “muchas carpas. Saltan todo día por el río, cualquier cantidad e inmensas”. Después de Regina, “seguí el viaje, recolectando manzanas y peras, pero solo las necesarias”, aclaró. “Le seguí metiendo hasta Chelforó, después, Chimpay y en Choele Choel me enganchó otra vez Prefectura, pero todo bien. Me cagaron un poquito a pedos, pero me dejaron seguir. Ahí fue que me agarró la lluvia”, relató.

Fue la tormenta que hizo estragos en el Alto Valle, pero no provocó mayores inconvenientes en Bariloche. “Esa noche se mojó todo. No soy un improvisado ni lento para buscar refugio, pero llovió tanto que estaba todo mojado: la carpa, la bolsa de dormir… Al día siguiente, me puse el equipo de neoprene y pasando Pomona y por Colonia Josefa, zafé gracias a un tractorista. Me hizo pasar a la casa y ahí fue donde comí las mejores uvas de mi vida”, agradeció Rinaldelli, después de superar el enfriamiento.

“En General Conesa vi muchos campos quemados. A veces, tiran alambrado hasta el río, pero es para que el ganado no pase de un campo a otro. Francamente, siempre acampé donde me pareció y nunca nadie me dijo nada”, admitió el expedicionario. “Después me encontré con unos cebolleros: uno de Salta y otro de Santiago del Estero. La mayoría de los trabajadores rurales que encontré, eran norteños”, observó.

Entre pernoctes y remadas, “fui llegando hasta Frías y seguí hasta Sauce Blanco. Seguía viendo jabalíes con sus crías, nutrias, choiques, flamencos rosados, cotorrones y zorros, que son re hinchapelotas”, criticó el navegante. “Casi al final del periplo, en San Javier, me hice amigo de un viejo, otro gaucho que vende cuchillos y anda viajando con su camioneta. El camino se ponía tedioso a veces, pero había que seguir remando”.

El sábado último, Rinaldelli llegó a Viedma. “Vi lobos marinos y ya había que jugar con la correntada: seis horas a favor y seis en contra. Me recibió muy bien la gente del Club Náutico La Ribera”. El día final del viaje fue el más tremendo. El vecino del Nahuel Hue utilizó una frase muy contundente para expresar que realmente, se asustó. “Pero acá estoy, vivito y coleando”, celebró. Nadie podrá quitarle lo bailado.

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