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ESTIGMA AÑEJO EN RÍO NEGRO

04/09/2019

Para los primeros gobernadores, el Valle siempre estuvo antes que la cordillera

Para los primeros gobernadores, el Valle siempre estuvo antes que la cordillera
Félix Benavídez, quinto gobernador de Río Negro.
Por: Adrián Moyano

Desde fechas muy tempranas puede advertirse que el desarrollo de la zona sudoeste no fue prioridad para las autoridades inaugurales. Hasta la organización institucional fue tardía.

El Departamento de Bariloche nació 17 años antes que su ciudad cabecera. En efecto, cuando el general Lorenzo Vintter decidió organizar la Gobernación de Río Negro y puso en marcha la administración, Justicia, Policía y municipalidades, dividió el Territorio en los departamentos de Viedma, Coronel Pringles, Roca, 25 de Mayo, 9 de Julio y Bariloche. Todavía faltaba bastante para el nacimiento formal de la localidad.

El militar se había convertido en el primer gobernador rionegrino cuando en 1884, al sancionarse la Ley 1.532 se dividió a la gobernación de la Patagonia en los territorios nacionales de Río Negro, Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego. Como se recordará, los primeros momentos de las flamantes unidades administrativas se caracterizaron por la presencia de mandatarios militares.

El tema bajo análisis fue objeto de estudio por parte de Jorge Raúl Entraigas y Beatriz de Entraigas en la ponencia llamada “Territorio Nacional del Río Negro: su organización político-administrativa (1884-1897)”, que fuera presentada al Congreso Nacional de Historia sobre la Conquista del Desierto. Ese cónclave se llevó a cabo en General Roca del 6 al 10 de noviembre de 1979, para conmemorar la realización de la expedición.

Dichos autores establecieron que “el primer gobernador fue un militar en actividad, que cumplió hasta el momento de ser designado en este cargo un importantísimo papel como jefe de las fuerzas expedicionarias acantonadas en Río Negro. En 1888 le sucedió otro militar, el coronel Napoleón Berreaute, quien en la práctica gobernó hasta agosto de 1891 (salvo un breve paréntesis impuesto por la intervención del general Reynolds)”.

Para los Entraigas, “al general Vintter le correspondió organizar la Gobernación del Río Negro, poniendo en marcha la administración, justicia, policía y municipalidades, según lo dispuesto por la Ley 1.532, de Organización de los Territorios Nacionales. Dicha Ley no sólo ordenaba la administración territorial sino que también delimitaba las funciones y atribuciones de los funcionarios a fin de evitar conflictos y avasallamientos de poderes”.

Primeros pasos

Entonces, “con el fin de lograr una mejor administración, el general Vintter dividió el Territorio en 1885 en los siguientes Departamentos: Viedma, Coronel Pringles, Avellaneda, Roca, 25 de Mayo, 9 de Julio y Bariloche”. La primera preocupación del gobernador fue “la convocatoria y enrolamiento de la Guardia Nacional de la República Argentina”. Para eso, “reglamentó ‘el conchavo de peones para evitar la vagancia’”, antigua forma de procurar la disciplina social.

La ponencia indica que “tanto el gobernador Vintter, como sus sucesores –entre ellos el coronel Berreaute- vieron entorpecida la marcha de la administración del territorio por la carencia de los medios necesarios. Por ejemplo en marzo de 1888 el gobernador solicitó en una extensa y muy bien fundamentada nota la creación de nuevos cargos, tales como como el de oficial mayor de Gobierno”.

Es que “cuando el Secretario de la Gobernación se hacía cargo del Despacho en forma interina, no había quien lo reemplazase en sus funciones de Secretario”. También pidió Vintter la creación del cargo de “Contador-Tesorero, necesario para atender el pago de los empleados y policías (esta tarea era desempeñada en esos momentos por el Jefe de Policía”, sostenían los autores.

Luego, “durante la gestión del gobernador Berreaute se organizó el Registro de Contratos Públicos de la Gobernación y se convocó a elecciones municipales a los pueblos de General Roca y Conesa”. Para la creación de la municipalidad de Bariloche faltaban muchos años aún. Es más, por entonces ni siquiera se había creado la Comisión de Fomento, que recién se estableció hacia 1907. La cordillera, siempre después…

El tradicional desequilibrio de poderío político y económico que existe entre la región valletana y el resto de la provincia comenzó a gestarse durante aquellos años. “El general Benavídez fue uno de los primeros gobernadores que tuvo un conocimiento perfecto acerca de las grandes posibilidades que el valle del río Negro ofrecía a la agricultura; por ello reclamó del Gobierno Central medidas y fondos que posibilitasen desarrollar estas actividades”. Benavídez gobernó entre 1891 y 1894.

Ese mandatario “solicitó también inmigrantes, construcción de canales en Viedma, Pringles y Conesa y la reparación del canal de riego de General Roca”. La región cordillerana o el sur, bien gracias… “También se preocupó por el progreso del Territorio al intentar convencer a los ganaderos que refinaran su rebaños, reclamó la atención del gobierno nacional para conseguir un mejor estado sanitario de la población, ya sea solicitando subvenciones para el Hospital Salesiano de Viedma (en ese momento el único del Territorio), ya sea pidiendo la construcción de uno nuevo”.

Oídos sordos

No obstante los pedidos, en Buenos Aires no estaban muy interesados en la suerte de los Territorios Nacionales. “En la ‘Memoria’ presentada por el general Liborio Bernal en 1897 se puede observar que reclamaba lo mismo que sus antecesores: la construcción de canales de riego en Viedma y Conesa, el mejoramiento de los servicios del Correo dentro del Territorio –pues era pésimo al igual que las comunicaciones- y la construcción de un Hospital”.

Pero mientras, la vida continuaba. “En nuestro Territorio la Policía recién se comenzó a organizar a partir de 1885, si bien desde unos cuatro años antes ya había agentes encargados de custodiar el orden público en algunos lugares de Río Negro, entre ellos Viedma”, señalaban los autores. “A fines de 1885 la Policía de Río Negro tuvo su primer reglamento. El mismo establecía el organigrama de la Institución y reglamentaba sus relaciones con la Justicia y las Municipalidades”.

“En esta misma época también se solicitó al Ministerio del Interior las partidas necesarias para equipar a las Comisarías Departamentales instaladas desde comienzos de 1885” pero las orillas del Nahuel Huapi continuaron funcionando como último orejón del tarro. “Para 1886 casi todos los departamentos del Territorio tenían nombradas sus autoridades policiales, sólo faltaba Bariloche, que tuvo recién Comisaría en 1889”.

Por el lado de los juzgados de Paz, “se fueron instalando lentamente en el Territorio”. Según los autores, su extensión “había tenido un notable avance hacia 1890, fecha en que ya estaban instalados y funcionando los Juzgados de Viedma, San Javier, Cubanea, Pringles, General Conesa, Choele Choel, Roca y Adolfo Alsina (llamado luego Buena Parada). “Este hecho se hace extensible a los Departamentos de Bariloche y Nueve de Julio en 1887 cuando se nombró a los señores “Luis Pefaure y Nicolás Canales respectivamente”. Quiere decir que el Juzgado de Paz de Bariloche precedió al reconocimiento formal de la ciudad. Curiosidades de la historia institucional.

El primer juez letrado no duró mucho

En tanto, la Justicia Letrada “fue organizada en el Territorio de Río Negro por las autoridades Nacionales. El 10 de diciembre de 1886 fue designado el doctor Jorge Giménez como el primer Juez Letrado de Primera Instancia del Territorio quien se instaló al frente del Juzgado en marzo de 1887, renunciando un año más tarde (en agosto de 1888). Le sucedió el doctor Abraham Arce y a partir de este momento (...) la administración de la Justicia Letrada tuvo continuidad en el territorio y se fue organizando según lo establecía la Ley 1.532”, según establecieron los Entraigas en su trabajo.

Casi en simultaneidad, “el Ministerio de Justicia tomó a su cargo ‘todo lo relativo a la organización y mantenimiento de las Oficinas del Registro Civil en los Territorios Nacionales’ el 20 de mayo de 1889. Medida que debió ser reiterada mediante decreto del 4 de diciembre de 1891, disponiéndose además que el Ministerio del Interior le entregase ‘todos los antecedentes y documentos que existiesen hasta ese momento”.

En consecuencia, “por Ley de Presupuesto del año 1893 les fue otorgado el ‘carácter de oficiales del Registro Civil a los Jueces de Paz de los Territorios Federales’, disponiéndose mediante decreto que los anteriores Jefes del Registro Civil les entregasen los libros a su cargo y dejando en adelante al Dpto. de Justicia la responsabilidad de proveerles ‘los libros y publicaciones que sean necesarias para la ejecución de la Ley del Registro Civil”. La futura provincia todavía quedaba muy lejos.

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