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ENTREVISTA

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10/05/2026

Marta Maffei estuvo en Bariloche y habló de la Ley de Glaciares

“No tiene importancia que la irresponsabilidad sea a corto o a largo plazo”, consideró.
Marta Maffei recordó la etapa de la Carpa Blanca docente. Fotos gentileza.
Marta Maffei recordó la etapa de la Carpa Blanca docente. Fotos gentileza.

Marta Maffei, exdiputada nacional por el ARI de 2003 a 2007, y recordada por haber impulsado la instalación de la Carpa Blanca docente en la segunda mitad de los noventa, pasó por Bariloche, donde brindó una charla en la sede local de la Unión de Trabajadores de la Educación de Río Negro (Unter) acerca de la reforma a la Ley de Glaciares, ya que ella fue autora del primer proyecto de la norma ambiental que acaba de ser modificada.

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Tras finalizar su presentación, se prestó a un mano a mano que tuvo a aquella normativa como eje, pero que también tocó otros temas.

En Unter.

—¿Qué sintió al enterarse de la aprobación de la reforma a la Ley de Glaciares?

—No aguardaba otra cosa, porque de los traidores una no puede esperar ni siquiera racionalidad. Nuestro país depende esencialmente del agua. Es decir, todo el mundo depende del agua, pero los países agrarios tienen una demanda superior a la de otros que no lo son. Para nosotros, el agua es parte de la producción, de la economía de una enorme cantidad de ciudadanos. Y en cuanto a aquellos que piensan que no se está comprometiendo el agua en el presente, hay que decirles que no tiene importancia que la irresponsabilidad sea a corto o a largo plazo, igualmente es una irresponsabilidad gigantesca, no sólo porque se compromete el destino del agua, sino porque se la envenena de un modo irreversible, irremediable. Los sistemas productivos —más la minería que el fracking, pero pasa con ambos— generan un modo de contaminación no sólo por la cantidad de químicos que se colocan, que son de extrema peligrosidad, sino por la disolución de partículas en el agua, algo que genera reacciones diversas.

—Entonces, no se sorprendió con lo que sucedió en Diputados…

—¿Cómo me va a sorprender? Yo estuve en la audiencia pública, con diputados que me avergüenza decir que son representantes legislativos de mi país. Uno de ellos, cuando yo decía lo que pasaba con la minería, sostuvo: “Eso es mentira”. Dije: “No sé qué pensar, si es un estúpido o un sinvergüenza, prefiero, por usted, que sea un estúpido, o a lo mejor es las dos cosas”. ¿Cómo puede ser? Yo he sido diputada, sé perfectamente que nadie tiene la obligación de saber todo, de conocer todos los temas, pero cuando van a votar un proyecto de ley que comprometerá la vida del pueblo, ¿cómo no tienen responsabilidad social de saber qué están haciendo?

—Cuando era diputada, ¿cómo surgió la idea de hacer el proyecto sobre la Ley de Glaciares?

—En realidad, surgió antes de ser diputada. Cuando era la secretaria general de Ctera (Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina, entidad de la que participó en su fundación), un día íbamos en un auto a una reunión en San Juan y estaba la ruta cortada. Yo dije: “¿Qué pasa?”. Me bajé del auto y pregunté. Me contestaron: “Estamos haciendo un piquete por el agua… No tenemos agua”. Yo no sabía de qué hablaban, entonces me explicaron: “No tenemos agua porque la saca la minera, se nos están secando los cultivos”. Me senté con ellos y me contaron: “No sólo se nos secan las vides, sino que estamos perdiendo el mercado internacional de vinos, porque los países con los que trabajamos sospechan que el agua con que estamos regando está contaminada y no nos quieren comprar”. Estoy hablando de 1995 o 1996. Después, entonces, pensé que habría que hacer una ley para proteger el agua. Ahora, incluso, estamos trabajando en un proyecto con una iniciativa popular para defender el agua en todas sus formas, no sólo glacial. Es la única posibilidad de vida en la tierra. No sólo humana, toda. Sin agua, no tenés ninguna posibilidad vegetal, ni animal, ni virus, ni bacteria, ni microbios, nada.

—El camino de la Ley de Glaciares fue largo…

—Primero se aprobó, pero Cristina Fernández la vetó. La sociedad reaccionó y entonces ella dijo: “Bueno, vuélvanla a aprobar, que me comprometo a no vetarla”. Y se volvió a aprobar, pero las provincias cargaron contra la ley, la declararon inconstitucional. Fuimos a la Corte Suprema de Justicia, que dijo: “Es absolutamente constitucional”. Luego Mauricio Macri intentó derogarla, pero no le dio el cuero, sabía que iba a tener conflictos, así que no se animó. Por supuesto, Cristina y Alberto Fernández aceleraron el extractivismo minero en todo el país, autorizaron todos los emprendimientos, redujeron fuertemente los estudios de impacto ambiental….

—Entonces, no considera que esta sea una cuestión de bandería política.

—No, ahí no hay grieta. Pero es el pueblo el que empieza a entender, a darse cuenta y a sospechar. ¿Por qué, por ejemplo, tenemos al ejército de los Estados Unidos en la Patagonia haciendo ejercicios? En los medios de comunicación hay una estrategia dirigida a superficializar la información, a atiborrar con temas relacionados con los celulares, propagandas, juego, todo lo que no sea esencial… Entonces, puede ser que exista una cuota importante de desinformación, pero, como no somos tontos, podemos recuperar la capacidad de información.

—Teniendo en cuenta que piensa que tendría que retrotraerse a la Ley de Glaciares previa a la reforma, ¿qué cree que debería hacerse para conseguirlo?

—Se han llevado adelante recursos legales. El gobierno de La Pampa hizo una presentación pidiendo que la ley no se aplicara. A eso el juzgado dijo que no, pero se irá al fondo de la cuestión, ¿por qué no hay que aplicar la ley? Es decir, se discutirá su constitucionalidad (la expresión refiere a que la decisión judicial, si bien rechazó el pedido para suspender de manera inmediata la nueva norma, habilitó al avance de un amparo ambiental colectivo).

—Básicamente, espera que la reforma se declare inconstitucional…

—Sí, claro, porque es inconstitucional. Puede ser que no la declararen de ese modo porque sabemos que cuando existen gobiernos de este tipo no sólo se compra la voluntad de los legisladores, sino que también pasa con jueces.

—Pero su esperanza, ahora, está puesta en eso, en la declaración de inconstitucionalidad.

—En esta etapa, ponemos la esperanza en eso. Puede ser que nos falle y tengamos que seguir…

—¿Y cómo se seguiría?

—Como lo hemos hecho históricamente… ¿A los compañeros de Uspallata los van a poder convencer de que ahora tienen que tolerar los emprendimientos, callarse la boca y dejar de pelear por el agua de Mendoza que necesitan para todos sus cultivos?

Durante el diálogo con El Cordillerano.

—Cambiando de tema, el año próximo se cumplirán tres décadas de la instalación de la Carpa blanca en la plaza del Congreso.  ¿Cómo recuerda aquel momento?

—Lo recuerdo como si fuera ayer. Estuve mil tres días ahí. Fue una herramienta, en un momento en que el gobierno menemista, muy similar al actual, había decidido, en connivencia con el Banco Mundial, la privatización del sistema educativo. Yo puedo entender que haya un gobierno que tiene un plan en contra de la capacitación y de la formación de las personas, pero, frente a eso, pongo el derecho del pueblo a elegir y a decidir qué quiere aprender, qué quiere saber, aunque en este momento no lo pueda aplicar. Porque de lo contrario es una vulneración absoluta de la democracia. Podrá tener un disfraz de democracia, pero si el pueblo no puede decidir sobre su derecho a la educación, salud, seguridad, no lo es. Hay un deterioro fuerte en nuestro país, no sólo de los temas ambientales, sino de la democracia. Nos hemos ido resignando y ahora terminamos creyendo que democracia es poder ir a votar cada cuatro años. Y eso no es democracia.

—¿Imagina una acción similar a la de la Carpa blanca en la actualidad?

—Imagino una movida cultural como fue esa, que permitió la toma de conciencia acerca de la gravedad que atravesaba el sistema educativo, de las desigualdades que se iban instalando, con una solidaridad muy fuerte de la comunidad. No se pueden cambiar las cosas sin la comunidad enterada y alertada. Así que estamos trabajando en esa dirección.

—Están quienes afirman que la comunidad, ante ciertos temas, en la actualidad, parece adormecida. ¿Usted qué opina?

—Más que adormecida, está bombardeada. Hay una presencia de los capitalistas y del sector más fuerte del empresariado para silenciar la disidencia, la discusión, el debate… Y existe una capacidad limitada para escaparse de la disciplina que genera este aparato (señalando un celular). Te absorbe, te consume. Algo que, en realidad, puede ser una enciclopedia se usa para dopamina. En vez de utilizarse para enterarse de lo que pasa en un país, de lo que sucede con la humanidad, con la justicia, se usa para jugar…

—¿Qué edad tiene?

—Ochenta y seis.

—¿Qué la impulsa, en esta etapa de la vida, a seguir dando charlas, a continuar movilizada?

—La buena vida que tuve. En mi casa me quisieron, me cuidaron, me alentaron para que estudiara, aprendiera, investigara, para que fuera a la universidad. Tuve grandes compañeros de escuela, y grandes profesores. Me acuerdo de Silvio Frondizi (asesinado por la Triple A), por ejemplo, de quien podía no compartir todas sus ideas, pero lo recuerdo viajando en segunda en el tren cuando su hermano (Arturo Frondizi) era presidente de la Nación… Y digo que fui muy afortunada porque hasta el día en que el ejército me fue a buscar a la escuela tenía los pibes con varicela. Hasta eso tengo que agradecer… La varicela de los pibes y que la directora de la escuela, que era una amiga y una compañera, les dijo que no estaba más, que me había ido de la Argentina. Entonces, cuando una tuvo tanta suerte —y posee una linda familia—, algo debería poder devolver.

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