Editorial
22/06/2019

Apagones hay muchos, pero tarifas como las argentinas…

Mal de muchos… Apagones a gran escala como el que sufrieron Argentina y Uruguay una semana atrás, suelen suceder en diversos puntos del planeta, inclusive en países que se consideran desarrollados y ostentan considerables despliegues tecnológicos. Los memoriosos recordarán que en 2003, un apagón masivo afectó a 50 millones de usuarios en el noreste de Estados Unidos y Canadá. Pero hay que ver si esos consumidores de energía venían de padecer incrementos de varios miles por ciento en las tarifas…

Aquella cantidad norteamericana fue similar a la del sur sudamericano el pasado fin de semana. También en 2003, pero en septiembre, 57 millones de italianos sufrieron durante una jornada una desazón semejante. Sin embargo, la peor interrupción en el suministro de energía eléctrica de la historia reciente se produjo en India en 2012: como se dice en la jerga, dejó afuera a 700 millones de usuarios.

La actuación del secretario de Energía de la Nación ante la crisis no tuvo nada de novedosa. Los funcionarios políticos suelen subrayar que emergencias tales constituyen casos aislados y que con seguridad, no se van a repetir.

Pero las declaraciones de Gustavo Lopetegui el lunes último fueron un tanto irritantes porque al mismo tiempo que señalaba que todavía se desconocían las causas del apagón, decía que “de cero a diez, hay cero posibilidades de que vuelva a repetirse”. Si no sabía qué había sucedido, ¿en qué sustentaba su afirmación categórica?

Sin embargo, un funcionario de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE) salió en defensa de su colega. “Coincido de forma total con el abordaje del secretario Lopetegui”, le dijo Alfonso Blanco a medios europeos.

No obstante, introdujo un matiz: “Es totalmente improbable que se vuelva a repetir en los términos que se dieron en esta oportunidad”. O sea que en otros términos, sería factible.

Con el correr de las horas, cobró cuerpo la explicación oficial: el fallo en la red se originó por un colapso del Sistema Argentino de Interconexión (SADI), en particular en una conexión de transporte en el noreste del país, entre las centrales hidroeléctricas de Yacyretá y Salto Grande. La primera está bajo gestión conjunta entre la Argentina y Paraguay y la segunda funciona entre argentinos y uruguayos.

Blanco retrucó que “en el Cono Sur, las características de las redes eléctricas se encuentran en niveles comparables a los de cualquier red a nivel europeo”. Pero difícilmente en Europa las tarifas sean prohibitivas, como en la Argentina de la actualidad. El panorama es un tanto preocupante en el mediano plazo, porque según la Agencia Internacional de Energía, para 2030 la demanda de energía eléctrica en América Latina aumentará un 70 por ciento. Quiere decir que en 11 años, harán falta 140 gigavatios de nueva capacidad eléctrica. ¿De dónde saldrán?

La matriz energética de la región se compone principalmente por gas, petróleo, biomasa e hidroelectricidad, con predominio de los recursos de origen fósil. El sector eléctrico recibe un aporte importante de la energía hidroeléctrica en buena parte de los países de Latinoamérica. La geotérmica y las energías renovables, como la eólica o la solar, son de menor importancia en comparación con otras fuentes.

Los exportadores de energía y, al mismo tiempo, los mayores consumidores son México, Brasil, Colombia, Argentina, Venezuela y Ecuador. A pesar del relativo atraso, algunos de los países exhiben objetivos especialmente ambiciosos en materia de energías renovables. Chile tiene la intención de generar hasta un 20 por ciento de su electricidad a partir de fuentes renovables para 2025. En Costa Rica, más del 90 por ciento del suministro de electricidad ya se genera a partir del agua, el viento y el sol. En Argentina, la volatilidad económica no ayuda ni siquiera a cumplir las modestas metas que se fijaron durante el período anterior.

Hay que notar que la industria energética mundial experimenta un profundo cambio estructural. El debate sobre el cambio climático y las modificaciones en las costumbres de los consumidores –aun restringidas a Europa y Estados Unidos- ayudaron a empujar un proceso que afecta al mercado energético. La cooperación suprarregional entre los países es cada vez más importante y aquí se encuentra el mayor reto para Sudamérica.

Además de los obstáculos administrativos, la falta de estabilidad política y la discontinuidad de inversión, la cooperación más allá de los niveles bilaterales es el elemento que debería fortalecerse, según el directivo de la OLADE: “en el proceso de integración tenemos que trabajar bastante más en la creación de los mercados que trasciendan los vínculos bilaterales. Tenemos que ir ahora a mercados regionales mucho más dinámicos. Eso permitiría una respuesta tal vez un poco más coordinada ante la ocurrencia de eventos de este estilo”.

Ni en las épocas de SEGBA o Agua y Energía tamaño colapso…

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