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05/06/2019

Hamaca

Es barilochense de tercera generación por parte de madre y su ascendencia paterna lo acercó desde muy joven a la comunicación y la palabra. Estudió Letras en la Universidad Nacional del Comahue. 

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El surfactante de éter con dióxido de litanio licuaba los suspiros de sus recónditos susurros en cada madrugada. Encontraba amigable ese charco, lo pisaba como un chico que descubre en cada cachetada el sonido del agua resistiendo con su docilidad mortecina. En los geriátricos el silencio no tiene otro peso sino otra medida, pero eso no era crucial para Huisef que había visto mucho tiempo pasar en los otros.

Esbeltos y arrogantes, los hombres que había conocido no parecían conservar vestigios de su dinamismo y audacia. Habían pasado de estar atentos y expectantes a vegetar encorvados con la mirada perdida, como si lentificar la marcha hiciera más pausada la llegada de la muerte. De alguna manera sospechaba que ella era eso: la Gran Pausa, e iba ganando terreno en la vida de todos, momento a momento, como los peces que, al ser quitados del agua, convulsionan eléctricamente primero, hasta que ese umbral desciende poco a poco ante el imperio de lo inevitable. El alto voltaje de sus expectativas se trastocaba en monumentales torres cuyo sentido incierto propiciaba un derrumbe silencioso, hasta que las ruinas se confundían con el paisaje y el estiércol, abono de los días finales.

Lo recuerdo esa noche -la última- mirando el cielo estrellado, acompasando una melodía sin repeticiones en su mecedora cuya agitación fue quietud. Sin embargo, tras su muerte, una intuición fue creciendo en mí. ¿Era la muerte la que ganaba o era la indefensión la que abría la puerta a un lugar sin tiempo que creemos desconocer?

Huisef había hecho gala de su reacción; pero su mirada, su brillo en los ojos hacían propaganda del momento.

¡Ánimo! Hormigas y canguros viajan, duermen, son, reverberan. Desde las pléyades al grano de azúcar, desde lo onírico increado a la química del gusano, asistimos a una escenificación de coordenadas temporales suficientemente inexacta.

*Ariel E. García, es barilochense de tercera generación por parte de madre y su ascendencia paterna lo acercó desde muy joven a la comunicación y la palabra. Estudió Letras en la Universidad Nacional del Comahue sin relegar por ello su vocación de escritor.

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