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19/04/2026

Impensado: en momentos de crisis en la ciencia argentina, llegaron a Bariloche dos equipos para investigar el lago

Se trata de una gestión que comenzó a partir de un programa de la gestión anterior.

“La historia es larga”, sonríe Gustavo Villarosa, al empezar a hablar de dos adquisiciones para estudiar fondos lacustres, algo que, para los momentos que se viven en torno a la investigación en la Argentina, es considerado casi un milagro.

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Gustavo es profesor asociado de la Universidad Nacional del Comahue e investigador principal del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), y cumple funciones en el Instituto Andino Patagónico de Tecnologías Biológicas y Geoambientales (Ipatec).

“Esto empezó en 2022. Cuando teníamos Ministerio de Ciencia, Técnica e Innovación, había un programa que se llamaba Equipar Ciencia”, comienza su relato, y continúa: “Ese proyecto buscaba financiar equipos más o menos sofisticados, que no se conseguían en el país, para fortalecer capacidades de investigación y de servicios a nivel regional”.

De tal forma, cuenta que se presentaron a esa alternativa desde la Universidad Nacional del Comahue, que, señala, “ya había ganado un Equipar Ciencia el año anterior, por un rov (Remotely Operated Vehicle, es decir, Vehículo Operado Remotamente, que se utiliza bajo el agua)”.

 

“Nuestra idea fue pedir dos equipos para que se integraran con aquel otro, que ya estaba en proceso de compra, y así vigorizar la labor en fondos oceánicos y lacustres”, expone.

“Finalmente, nos aprobaron el proyecto, y entregaron el dinero —en pesos— en 2023. Inmediatamente, vino la devaluación. Hay que tener en cuenta que estas compras se hacen en dólares. Entonces, la cosa se empezó a complicar”, rememora.

“Después vino el cambio de gobierno, y la otra gran devaluación; ya no nos alcanzaba para comprar los equipos que habíamos propuesto”, indica.

Así, durante 2024, debieron reacomodar varias cosas. Por un lado, bajar las pretensiones respecto a los equipos que pensaban adquirir (es una tecnología que, prácticamente, se hace “a medida”). Y, por otra parte, en el contrato original, con la compra, venían dos técnicos para, durante un tiempo, capacitar al equipo local. Hubo que renunciar a eso. “Ahora conseguimos que nos paguen una capacitación corta, rápida, pero tenemos que viajar nosotros y costearnos el traslado”, comenta Villarosa.

“Vamos a viajar dos investigadores del grupo, a La Ciotat, Francia, a capacitarnos. Para financiar eso, tuvimos que pedir un intercambio”, apunta, para luego desarrollar: “Lo armamos a partir de un programa llamado Erasmus+ de la Unión Europea, en el marco de un trabajo que estamos desarrollando con un profesor de una universidad de Rumania, acerca de otro tema, relacionado los incendios forestales y los proyectos después del fuego”.

En tal sentido, explica: “La Unión Europea nos paga los pasajes para ir a trabajar con él, y aprovechamos para pasar tres días por Francia, donde nos dan la capacitación para un software de uno de los equipos, que es muy complicado”.

Porque la capacitación es sólo para uno de los aparatos. El otro, adquirido en Nueva Zelanda, ya está en uso, y para utilizarlo se guiaron con un adiestramiento online, ya que es más sencillo. Pero el que requiere viajar a Francia es más difícil de comprender. “Tiene dos softwares distintos, uno de ellos de procesamiento e interpretación de geofísica, que es muy complejo”, apunta Villarosa.

Y el viaje a Europa también, entonces, tendrá que ver con el trabajo sobre territorios que fueron arrasados por las llamas, donde los beneficios del intercambio están pensados tanto para los argentinos como para la universidad rumana convocante. “Tenemos que dar clases allá sobre nuestros temas de expertise, con actividades de campo, y también mantendremos reuniones de trabajo, porque queremos armar un proyecto de investigación que financie la Unión Europea”, expresa el argentino, a la vez que detalla que luego el mencionado profesor rumano vendrá a la Argentina, seguramente a principios de 2027, para brindar charlas, además de participar de una actividad práctica relacionada con el tema incendios.

Porque, según Villarosa, sobre la cuestión hay diferentes enfoques. Por ejemplo, el profesional rumano ha trabajado estudiando sedimentos. “Al sacar un sedimento del fondo de un lago, se podría saber, en esa cuenca, aproximadamente, con qué recurrencia ocurren los incendios y bajo qué condiciones climáticas son más frecuentes”, dice el argentino, puntualizando que el profesional rumano, justamente “ha trabajado en eso aplicado a los ambientes montañosos de Rumania”.

“El objetivo es armar algo comparativo entre los fuegos patagónicos y los de allá”, ahonda.

Volviendo a la temática de los equipos subacuáticos, señala que llegaron a Bariloche en enero.

El que se adquirió en Nueva Zelanda, es una ecosonda multihaz. “Se trata de una especie de sonar (del inglés SONAR, acrónimo de Sound Navigation And Ranging, navegación por sonido), pero más complejo, que permite ‘barrer’ una parte grande del fondo y va dibujando un mapa 3D, entonces se ven bien las formas y profundidades. Lo podemos usar para estudiar, desde el punto de vista científico, deslizamientos subacuáticos, inestabilidad de costas, procesos sedimentarios en el fondo del lago… Tiene, también, un importante potencial para llevar a cabo servicios, para cuestiones más aplicadas, es decir, proyectos de ingeniería subacuática, como cuando debe diseñarse un puerto o hacer un control de alguna estructura sumergida”, cuenta.

Ese aparato tuvo una primera aplicación, que el profesional define como “inesperada”.

“Recientemente, hubo un episodio en el lago Mascardi, frente al Automóvil Club, en una playa, donde había gente que empezó a grabar que, bajo el agua, se estaban cayendo sedimentos. Parques Nacionales nos pidió asistencia, y fuimos a relevar con el equipo, que ya lo teníamos operativo, y, justamente confirmamos lo que pensábamos en función de los videos que habíamos visto, que lo que hubo fue un deslizamiento del veril, comprometiendo una parte de la costa”, narra el experto.

En cuanto a la adquisición realizada en Francia, aprecia: “El otro equipo es lo que llamamos un perfilador del subsuelo lacustre o marino. Tiene una especie de asa que penetra dentro de los sedimentos del fondo y devuelve una imagen, un perfil de cómo es la estructura interna de esos sedimentos. Porque, por ejemplo, no es lo mismo algo que se deslizó de más arriba, de golpe, y desorganizó toda la estructura interna, que uno que se depositó a lo largo de los años y fue formando estratos”.

Villarosa destaca: “La característica de estos equipos es que son muy livianos y pequeños, se pueden poner en un bote chico. En cambio, existen otros que son grandes y van montados en buques oceanográficos, en embarcaciones más grandes, entonces nunca tenés oportunidad de ponerlos a trabajar en lagos como el Nahuel Huapi, el Mascardi o el Gutiérrez, ya que, para hacerlo, habría que, directamente, traer un barco”.

“Justamente, lo que estábamos buscando era esa capacidad de portabilidad, para hacer posible investigar un montón de ambientes prácticamente desconocidos”, suma.

Cabe remarcar que la inversión rondó los ciento cuarenta mil dólares, donde, finalmente, de ese monto, hubo una gran parte que se desembolsó de diversas maneras desde la universidad y el Conicet, por ejemplo, a partir de los Servicios Tecnológicos de Alto Nivel (STAN) que brinda ese instituto.

USOS IMPENSADOS

En su momento, el Conicet, a partir de la labor de Gustavo Villarosa, brindó una colaboración en la búsqueda del vapor Helvecia II (en el marco de una investigación para un documental), y, finalmente, la embarcación fue hallada. 

En tal sentido, Villarosa explica que los datos con los que se había ayudado habían partido de un equipo (“que ya no está funcionando”) del Instituto Argentino de Oceanografía, de Bahía Blanca. “Con estos aparatos nuevos, hubiéramos visto el Helvecia mucho mejor de lo que se vio en aquel momento”, afirma.

Por otra parte, devela que los equipos “sirven para búsqueda y rescate”. Al respecto, evoca diversos accidentes en las aguas lacustres de la zona, recalcando que, frente a casos así, esta tecnología hubiese sido más que útil.

“El espectro de aplicaciones es muy amplio”, sostiene.

Además, revela que tanto el rov que mencionó (que se había conseguido con anterioridad en la Universidad del Comahue, por el mismo plan por el que se impulsó el proyecto para traer la ecosonda multihaz  y el perfilador del subsuelo lacustre o marino) como estos nuevos equipamientos podrían utilizarse en conjunto para labores de gas licuado y oleoductos en la costa rionegrina. “Con la ventaja de que son fácilmente portables”, resalta.

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