Editorial
05/06/2019

La inocuidad de los alimentos tiene que estar en el centro de la escena

Se entiende por inocuidad de los alimentos a la ausencia de peligros en éstos que puedan dañar la salud de los consumidores. O bien, a ciertas presencias pero en niveles seguros y aceptables. Tales peligros en los alimentos pueden ser de naturaleza microbiológica, química o física y con frecuencia son invisibles a simple vista: bacterias, virus o residuos de pesticidas, son algunos de los ejemplos.

La inocuidad de los alimentos juega un papel fundamental a la hora de garantizar su seguridad en cada etapa de la cadena alimentaria: desde la producción hasta la cosecha, en el procesamiento, en el almacenamiento, la distribución y hasta el final de la cadena, en la preparación y el consumo. Se estima que anualmente, son 600 millones los casos de enfermedades que provienen de alimentos nocivos.

Éstos se erigen en una amenaza para la salud humana y las economías. En particular, afectan a las poblaciones vulnerables y marginadas, especialmente mujeres y niños. La problemática también se acentúa en el caso de las poblaciones que se ven envueltas en conflictos y afrontan la migración. A tal punto que cerca de tres millones de personas, tanto en países desarrollados como en países en desarrollo, mueren cada año por enfermedades que se transmiten por el agua y los alimentos.

Todo el mundo sabe que los alimentos son el punto de partida para la energía, la salud y el bienestar de la humanidad. En general, se da por sentado que son inocuos, pero como consecuencia de la globalización extrema y cuando las cadenas de valor alimentarias son cada vez más largas, las normas y regulaciones se convierten en vitales para garantizar la seguridad de todas y todos.

Hoy se conmemora el Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos, cuyo lema 2019 es precisamente, “Seguridad alimentaria, un asunto que es cosa de todos”. La consigna impele a reflexionar sobre la forma en la que los alimentos se producen, almacenan, manipulan y consumen, porque de esas metodologías depende la seguridad de los consumidores. Cumplir con las normas alimentarias globales se torna fundamental.

Asimismo, es menester establecer regulaciones que sean efectivas para el control de los alimentos que incluyan preparación y respuesta ante emergencias. También, proporcionar acceso al agua potable, aplicar buenas prácticas agrícolas -terrestres, acuáticas, ganaderas, de horticultura-, fortalecer el uso de sistemas de gestión de seguridad alimentaria por parte de los operadores de las empresas alimentarias y educar al consumidor en la elección de alimentos sanos.

Las precedentes son algunas de las formas con que los gobiernos, las organizaciones internacionales, los científicos, el sector privado y la sociedad civil deben trabajar para garantizar la inocuidad de los alimentos. Durante la jornada de mañana, en Nueva York (sede de la ONU), se compartirán los resultados de las dos conferencias sobre inocuidad alimentaria que se celebraron hasta el momento y se discutirán formas en que la inocuidad de los alimentos puede incentivar dietas saludables.

Por otro lado, la ONU discutirá de qué manera puede apoyar aún más los esfuerzos para mejorar la inocuidad de los alimentos. Mantenerlos fuera de peligro es un proceso complejo, que comienza en la granja y termina con el consumidor. Hay que tener en cuenta a todas las etapas de la cadena alimentaria, desde la producción, recolección y almacenamiento, hasta la preparación y el consumo.

La Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO) es la única de carácter internacional que supervisa la inocuidad de los alimentos en todas las etapas de la cadena. A través de una larga colaboración con la Organización Mundial de la Salud (OMS), la FAO apoya la inocuidad alimentaria a nivel mundial y protege la salud de los consumidores. En general, la FAO se encarga de abordar los problemas de inocuidad de los alimentos a través de la cadena alimentaria durante la producción y procesado. Por su parte, la OMS supervisa habitualmente las implicancias a nivel de la salud pública.

El proceso de garantizar que los alimentos sean inocuos para comer no acaba con la compra. En casa, los consumidores deben asegurarse de que sus comidas siguen siendo seguras. Al conocer la urgente necesidad de crear conciencia en todos los niveles, promover y facilitar la adopción de medidas en pro de la inocuidad de los alimentos a escala mundial, sobre la base de principios científicos, la Asamblea General de la ONU proclamó al 7 de junio como el Día Mundial de la Inocuidad de los Alimentos. La problemática no es ajena a la Argentina. Ayer se produjo en Rosario la “Marcha plurinacional de los barbijos”, en repudio a las fumigaciones con agrotóxicos y a la primacía del modelo de los transgénicos, amenazas centrales a la inocuidad de los alimentos en este país.

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