¿Quién mueve los hilos del ambientalismo?

¿Quién mueve los hilos del ambientalismo?

Tal vez este escrito pueda no ser del agrado de muchos compañeros de ruta, que por décadas han actuado generosamente y con desprendimiento en la defensa del ambiente y de mejores condiciones de vida.

(*) Por Ricardo Mascheroni

No obstante ello, debemos reconocer, que por lo general somos reacios o poco afectos a tener miradas críticas sobre aquellas ideas, causas o principios a los que adherimos y que nos motorizan a la acción.

Quienes por años hemos abrazado honestamente la causa ambiental, tenemos una visión negativa e inquisitoria sobre los procesos productivos irracionales y la apropiación injusta de la renta, que ponen en riesgo el futuro común.

Pero, pocas veces nos detenemos en el juzgamiento del origen o el porqué de cada comportamiento asumido y militado, ya que lealmente entendemos que obramos en cumplimiento de un mandato supremo.

Casi nunca hemos tratado de descorrer el velo, para ver cuáles eran los intereses que se escondían o beneficiaban tras bambalinas, de nuestras prédicas o procederes y bastaba que creyéramos justa nuestra causa (que lo es), para arremeter contra los molinos de viento.

No reniego de las batallas libradas, simplemente quiero poner en contexto la discusión, para que ello nos obligue a una reflexión que mejore la comprensión sobre los papeles o roles que se juegan en un mundo en el cual la manipulación, fake news e injerencia de los grupos de poder es la regla, abusando de la gente de buena voluntad en función de ocultos y perversos intereses, que escapan al conocimiento común.

El ambientalismo es hijo tardío del hipismo sesentista, animado de un espíritu libertario y antisistema, sobre todo contra el consumismo irracional de la sociedad industrial que inunda el mundo con sus baratijas como paradigma de vida.

Para entender la cuestión, vale afirmar que a lo largo de años, las industrias más contaminantes y agresivas han financiado los organismos de la ONU vinculados a la temática y a la mayoría de las ONG ambientalistas entre tantas otras en el mundo, como medio para manipular el miedo al futuro para justificar polémicas decisiones militares o económicas, o sociales. En igual sintonía han actuado embajadas y organismos de seguridad internacionales. En ambos casos habría que preguntarse ¿por qué?

Un ejemplo: en plena guerra de Vietnam, cuando la juventud de EE.UU. se movilizaba en su contra, el senador Gaylord Nelson cambia los ejes de la lucha y declara al 22 de Abril como día de la Tierra y más de 20 millones de jóvenes se suman a la tarea de limpiar ciudades y alrededores, a la par que Washington se da cuenta de que la ecología puede ser un buen divertimento y ocupar el lugar de las luchas pacifistas y tercermundistas.

En ese giro de prioridades, se realiza la Cumbre de Estocolmo, que crea el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y coloca al petrolero Maurice Strong al frente del mismo y se pone en el tapete que no se puede alimentar a un mundo en crecimiento y que es necesario establecer un férreo control de la natalidad, con el uso de la píldora anticonceptiva y la legalización del aborto.

Los cambios de estrategia de los países poderosos, desata un festival de apoyos económicos y cooptación de organizaciones ambientalistas y feministas, dando lugar al surgimiento de lo que Paco Puche denomina el filantro-capitalismo, que prostituye el debate ambiental y lo manipula según sus intereses y prioridades. Nuestro país no escapó a las generales de la ley y muchos luchadores sucumbieron a la tentación del verde… dólar.

Pero veamos que “El mensaje catastrofista tan instalado en el sentido común, pero que… no resistiría la discusión racional, emana del Complejo Industrial del Cambio Climático (CICC),… una suerte de megacorporación multigubernamental-industrial-financiera y científica, apadrinada por Naciones Unidas y el Banco Mundial para hacerse de las oportunidades de negocios que ellos mismos crearon e impusieron al globo a partir de profecías apocalípticas.” (1)

Un caso paradigmático es el de un actual diputado nacional del Pro, impulsor en Santa Fe del Foro Permanente de Medio Ambiente de la Cámara de Diputados, luego director de Greenpeace, y que colgaba del obelisco de Buenos Aires pancartas denunciando el desarrollo nuclear, la deforestación, el fracking en Vaca Muerta y el modelo agroecológico, las pasteras de Uruguay, entre otras calamidades, acompañado de un activismo social importante durante el gobierno anterior y que hoy sospechosamente ha hecho mutis por el foro, cobrando sus buenos servicios.

Pese a todo lo expuesto en modo alguno pretendo menoscabar el trabajo desinteresado y abnegado de miles de personas que luchan por un mundo que sea vivible.

No obstante, en las altas esferas mundiales las prioridades siguen siendo el control de la explosión demográfica, salvar al capitalismo, y que los recursos naturales (el patrimonio nacional de muchos países) sean de fácil acceso a las grandes multinacionales que tienen la tecnología para transformarlos y la capacidad para comercializarlos.

En este contexto, el ambientalismo languidece por falta de autocrítica, con excepción de aquellos casos en que los titiriteros lo hacen mover en función de sus espurios intereses, que nunca coinciden con el cuidado del ambiente y la preservación de la vida o su calidad.

Ref: 1.- Verbitsky, Horacio, “Agua para sus molinos”.

(*) El autor de la carta abierta es docente.

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