“Todos utilizamos máscaras, con o sin carnaval”
Los cuadros de Elena Gamez se caracterizan por mostrar flores y máscaras venecianas. Precisamente, en el Instituto Arte y Parte, ubicado en Bustillo 7625, puede visitarse la muestra Entre máscaras y flores, con curaduría de Diego Barreto Urruty.
Elena llegó a esta parte de la Patagonia nueve años atrás, proveniente de Buenos Aires. Su hija hacía tiempo que residía en la ciudad y aquí había nacido el primer nieto de la artista plástica (ahora tiene cuatro).
El curador de la muestra y la artista.
Al arribar, con ella trajo un bagaje cultural importante y curioso. Porque, si bien en un primer momento solía realizar exposiciones de cuadros donde reinaban los paisajes y las flores, en cierta ocasión se vio inmersa en una fiesta que cambió el rumbo de su arte.
Para ella, era habitual exponer en el paseo Plaza Canning, de Ezeiza, sitio en el que se recrea una aldea toscana, con calles adoquinadas y locales comerciales (también hay un hotel). “Un día me invitaron a un evento donde se festejaba el carnaval veneciano, con música de ópera y actores vestidos con máscaras cantando desde los balcones… Me conmovió de una manea impresionante, y empecé a sacar fotos”.
Las máscaras, una cuestión que encierra una profundidad a develar.
Al llegar a su casa, Elena observó las fotografías y, en base a esas imágenes, comenzó a pintar sus primeras máscaras, aunque, en realidad, su ingreso al arte, muchos años antes, había estado vinculado con una, aunque no veneciana.
Tendría cinco o seis años cuando vio a su padre trabajando, colocando unas ventanas con masilla. Ella le pidió un poco de ese material, que el papá, gustoso, le cedió. “Empecé a modelar la masa e hice una máscara de payaso”, evoca.
Pero fue en la adultez, ya con un largo recorrido en el arte, donde se volcó a ese estilo pensando en escenas venecianas.
Las obras de Elena llaman a sumergirse en ellas.
Instalada en Bariloche, se acercó al taller de Juan Ferrarini (ella le dice: “Mi profesor”), y él la introdujo en el Circuito de Arte Cala, con la posibilidad de exponer en establecimientos hoteleros y espacios gastronómicos de la ciudad. “Comencé a rotar mis cuadros por distintos lugares”, comenta Elena, especificando: “Uno de ellos ha sido el hotel View, en Tucumán y Güemes, donde las personas encargadas del lugar se enamoraron de mis obras, sobre todo de las máscaras”.
Allí le compraron varios cuadros, tanto los propietarios como algunos huéspedes, y, de esa forma, fue creciendo la avidez por continuar pintando máscaras, pero, a la vez, tal como luego se percató, existía algo más. “Sentía una necesidad de demostrar que todos utilizamos máscaras, con o sin carnaval. Existe algo muy profundo en eso”, apunta ella.
A pesar del latir al ritmo de las pinceladas que delineaban esas figuras, en determinado momento tuvo el impulso de frenar, aunque momentáneamente, el vínculo con las máscaras. “Fue entonces que empecé a pintar nuevamente flores, pero de Bariloche”, dice.
También las flores forman parte de su esencia artística.
Ahora, tras ese impasse, ha retomado la acción de trazar máscaras, siempre cubriendo a alguien (“Busco que se vean los ojos, que aparezca la mirada detrás de la máscara, la cual actúa como una especie de protección”, explica).
De esa manera, en su arte, convergen flores y máscaras, así como la certeza de que en el arte está su refugio.
—¿Qué significa, en este momento, la pintura para usted? —consulta el periodista.
—Es mi vida —afirma Elena—. Puedo estar con muchos problemas o tareas, pero me meto en mi taller, pongo música y paso horas pintando, abstraída del mundo.