2025-12-29

FUERTE MENSAJE

Los entrenadores del Lanín hablaron de la adicción de Christian Petersen

El mensaje de los guías del Lanín por la adicción de Christian Petersen y cómo lo perjudicó

La situación de Christian Petersen no solo abrió un debate médico, sino también uno profundo acerca de los límites, el ego y la relación entre montaña, cuerpo y exposición pública. Y quienes decidieron hablar con dureza fueron justamente los que conocen mejor el Lanín: los entrenadores y guías que trabajan todos los días con personas que quieren enfrentar ese desafío.

El grupo “Mirá cómo lo hago”, con base en Neuquén y Cipolletti, publicó un mensaje que mezcló preocupación genuina, advertencia y un enfoque crítico sobre el modo en que se abordó todo lo que rodeó el caso Petersen. En su comunicado escribieron: “Antes que nada, deseamos de corazón una pronta y completa recuperación a Christian Petersen. Lamentamos profundamente que una situación de salud tan delicada -y personal- haya quedado expuesta públicamente, más aún cuando se trata de una enfermedad como la adicción, que requiere cuidado, respeto y acompañamiento, no espectáculo”.



Desde allí, el mensaje fue directo hacia una problemática que, según ellos, crece cada vez más en la montaña. Hablaron de la tendencia a convertir el ascenso en una prueba social antes que en una experiencia consciente. “Este mensaje no busca juzgar ni señalar a una persona. Busca abrir una reflexión necesaria sobre la montaña, los riesgos reales y una tendencia cada vez más visible: subir para mostrarse, llegar para la foto, sin respetar procesos, límites ni preparación”.

El planteo fue claro: no se trata solo de un accidente aislado, sino de una cultura que, para ellos, está desvirtuando el sentido del montañismo. Por eso remarcaron que “La montaña no es un escenario. La cumbre no es un trofeo. Y ninguna selfie vale una vida. Desde Mirá Cómo Lo Hago creemos en el respeto, en el camino, en volver. Siempre en volver”.

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Después llegó el video de Roberto “Ro” Catalá, alpinista con trayectoria internacional, quien fue todavía más frontal. Describió el caso Petersen como una señal de alarma y apuntó a las motivaciones con las que hoy muchos llegan a la montaña. “El caso Petersen no es un chisme. No es espectáculo. Es una alamra. Un hombre conocido, una montaña muy exigente, un cuerpo que colapsa, y de golpe todos miramos eso, pero seamos honestos: esto no empezó allá arriba, esto empezó mucho antes. Empezó cuando la montaña dejó de ser camino y pasó a ser escenario, cuando la cumbre se volvió una prueba social, cuando subir ya no era vivir la experiencia sino mostrarla”.

Su análisis sumó otro punto clave: el desprecio por los procesos, la preparación y la fisiología misma del cuerpo. “Hoy hay gente que va a la montaña no a entrenar, no a escuchar su cuerpo, no a respetar la altura, va a buscar una foto, una selfie, una historia, un "yo estuve allí". La montaña no entiende del aire, no sabe quién sos, no le importa si sos famoso, no negocia con el ego. Cuando alguien se descompensa en la altura no es mala suerte, es fisiología, es falta de aclimatación, es apuro, es soberbia disfrazada de valentía. En Mirá cómo lo hago lo decimos sin vueltas: la cumbre no es el objetivo, el objetivo es volver. Pero eso hoy no vende, lo que vende es la foto, el aplauso rápido, la épica vacía. Y ojo con esto: no sólo se pone en riesgo el que sube, se pone en riesgo al guía, al rescatista, al equipo médico, a la familia que espera abajo”.



Y cerró con un mensaje directo para quienes ven la montaña como escenario y no como camino. “El caso Petersen duele mucho pero también desnuda algo incomodo: hay una nueva tendencia en el montañismo, querer la cumbre sin proceso, el resultado sin entrenamiento, la gloria sin responsabilidad. La montaña no te debe nada. ¡Nada! Si hoy estás pensando en subir solo para tener una foto, ¡frena! La montaña va a seguir allí. Tu vida no vale una selfie. Ni la de quienes salen a buscarte vale una selfie. Frená como corresponde, y respetá”.

El trasfondo es claro: más allá del estado de salud del chef, los entrenadores del Lanín intentan instalar una discusión incómoda pero necesaria. Hablan de adicción, de exposición, de ego y de decisiones que pueden costar caro. Y, sobre todo, advierten que la montaña no perdona improvisaciones ni espectáculos, aun cuando del otro lado haya alguien famoso.

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