EXCURSIONES EN HELICÓPTERO, TRENES ELÉCTRIFICADOS, RUTAS Y TÚNELES
Bariloche y un futuro al filo de la ciencia ficción
Un dique en la Segunda Angostura del río Limay, más plantas industriales en sus orillas y también sobre el Pichi Leufu. Esclusas sobre el primero que permiten su intensa navegación. Un ferrocarril electrificado que une el Nahuel Huapi con Chile por el paso Puyehue, además de una ruta asfaltada por el Brazo Tristeza. Funiculares en Tronador y helicópteros que parten de la explanada del hotel Llao-Lao con finalidades turísticas.
Al límite de la ciencia ficción, así imaginó que serían Bariloche y sus alrededores Manuel Porcel de Peralta, autor de “Biografía del Nahuel Huapi”. La primera edición de su libro se publicó en 1958 y cabe señalar que ese mismo año comenzó la experiencia desarrollista del presidente Arturo Frondizi, de manera que la proyección del autor evidencia participar del espíritu de una época. La abrumadora mayoría de sus prospecciones no se cumplieron. En varios de los casos, afortunadamente.
El libro de Porcel de Peralta es un ensayo de divulgación histórica, pero en sus últimos segmentos el autor se dejó llevar por la imaginación. “Año de 1983. Lo que ayer nomás se conociera como Colonia Pastoril de Nahuel Huapi y villas de San Carlos de Bariloche, Llao-Llao y La Angostura es una vasta ciudad jardín. Auténtica urbe americana con prestigio de metrópoli del turismo universal: especie de caprichoso cinturón aprisionado al lago vasto, a la vera de playas, caletas, penínsulas y bahías”, proyectó el escritor.
Después de consagrar unos párrafos a criticar a gobernantes y otros políticos, apuntó que “el progreso tiene una extraña dinámica. El adelantado civil del vasto programa se llamó Moreno (por Francisco). Nadie creyó en sus osados vaticinios. A su turno, otros recogerían sus ideas y su bandera: Ramos Mejía, Bailey Willis, Capraro, Bustillo. Cada uno en la medida de su talento y de sus funciones y posibilidades dejó huellas imborrables de su acción trascendente. Si cualquiera de ellos pudiera regresar al escenario de sus luchas descubriría la Ciudad Encantada de sus sueños mozos y de sus planes maduros”.
Para escribir su historia de Bariloche, Porcel de Peralta jugó a través de sus páginas con aquella de los Césares, relato que tiene raigambre histórica pero que, al final de cuentas, se demostró fantástico. Vale decir que, en la propuesta de su narración, aquella mítica Ciudad Encantada de los Césares detrás de la cual peregrinaron varias expediciones españolas, sería la Bariloche de mediados del siglo XX.
Piedra y dinamita
“Han pasado cuatro décadas desde que se hizo la noche sobre los ambiciosos proyectos que iniciaron la transformación de la comarca”, escribió el autor, en relación con la llegada a estas playas de Parques Nacionales (1934). “La noche durmió su sueño largo, largo, alarmando a los pesimistas que creen a pie firme en los malos presagios. Bastó que otros hombres pusieran sus hombros para que viejas ansias se trocaran en nuevas urgencias. Y otra vez, como bajo la batuta de Exequiel Bustillo, la dinamita horadó la roda y el trabajo creador alineó sus huestes con cánticos de esperanza. Y se consumó el milagro”.
A partir de aquí, dio rienda suelta a su imaginación. “La construcción del Dique Bailey Willis, en la Segunda Angostura del Limay, transformó extensas zonas ribereñas del Nahuel Huapi. El aprovechamiento de la fuerza hidroeléctrica inútilmente malograda por más de medio siglo ha permitido la instalación de plantas industriales a la vera del Limay y del Pichi-Leufu, fuera de la jurisdicción del Parque Nacional”.
Recordemos para las nuevas generaciones y para quienes se asentaron en Bariloche o Dina Huapi con posterioridad, que ese proyecto se quiso concretar durante los gobiernos menemistas y no prosperó ante la cerrada negativa popular. Pero sigamos con las proyecciones de Porcel de Peralta: “los canales para riego han convertido los valles fértiles en granjas y chacras modernas. Pequeñas embarcaciones remontan el río raudo a través de esclusas hasta la Ciudad de los Lagos de Cristal”.
Inauguración de puente sobre el Ñirihuau. 1928. Colección Capraro en Archivo Visual Patagónico.
¡Cómo se nota que escribió antes del desguace de los 90! “Los ferrocarriles están electrificados: el Trasandino del Sur, que une el Atlántico con el Pacífico a través del boquete de Puyehue, y el Ramos Mejía, que comunica a Puerto Deseado, Esquel, El Maitén, Pichi-Leufu y General Roca con San Rafael, en Cuyo”. Desafortunadamente, ni uno ni otro y, es más, a duras penas sobrevivió el Tren Patagónico.
“La carretera internacional Huichan-Mapu: Tierras aliadas, une las riberas del lago con las ciudades chilenas. Osorno, Puerto Varas, Puerto Montt y la Barra del Río Bueno sobre el Pacífico con sus hermosas playas, están al alcance de la mano: 5 o 6 horas de automóvil”. Quizá sea la única de sus utopías en cumplirse. El escritor incluyó varios vocablos en mapuzungun y las itálicas están en su original.
Hoteles en el aeropuerto
Nótese la distancia con su idea de estación aérea. “El Aeropuerto Huenu-Anti: Sol del cielo, es uno de los más bellos del mundo. Está dotado de confortables hoteles, lujosos restaurantes, majestuosos jardines de invierno, piscinas, parques y jardines. Acuarios, fuentes y monumentos recordatorios de los primitivos habitantes de la cordillera dan al visitante la impresión de que aquí se rinde culto a la raza originaria”. Bueno, no precisamente... “La autopista que conduce al Centro Cívico atraviesa los Parques Oriental y Occidental, rivalizando en exótico esplendor”.
De concretarse los sueños de Porcel de Peralta, no se registrarían las grandes aglomeraciones periódicas del Paso Cardenal Samoré. “La cordillera está surcada de rutas pavimentadas. El Paso de las Nubes, por Colonia Suiza, Bahía López, Brazo de la Tristeza y Laguna Frías, une con Peulla por Casa Pangue y con Pampa Linda por el Tronador. El Camino Chuhai-Llanca: Joya de las neblinas, comunica con Río Villegas, El Foyel, Los Repollos, El Bolsón, Lagos Puelo, Epuyén, Cholila, Futa-Lafquen. Es uno de los más atrevidos trazados: sus desfiladeros han sido salvados con puentes colgantes superpuestos, túneles y cornisas volanderas, constituyendo prensa de legítimo orgullo para la ingeniería argentina”.
El párrafo que sigue deja al desnudo la magnitud del cambio climático en la zona, porque la serranía que aparece en segundo término hace rato que no acumula la cantidad de nieve que permitiría al anhelo ficcional. “La instalación de grandes colonias invernales en El Tronador y Cuyín-Manzano, con sus modernos funiculares, han transformado sus aledaños en centro de gran actividad deportiva internacional, como que son las únicas pistas del mundo que se pueden utilizar invierno y verano. Los lagos de Traful, Carulafquen, Espejo y Hess, están poblados de veleros, lanchas y botes pescadores”.
Aviso publicitario con el Llao Llao de fondo. 1965.
Por último, para este recorte de El Cordillerano, admitamos que el sueño del escritor no era muy respetuoso del medio ambiente ni de la fauna que invocó. “La explanada del Llao-Llao es el centro de la actividad de los helicópteros que, en pocos minutos, trasladan a los visitantes a los maravillosos balcones del López, Catedral, Tronador, Azul y Belvedere. Los visitantes gozan ahora de panoramas que eran exclusivo privilegio de los cóndores”. Con el ruido que hacen los pocos aparatos que se consagran a apagar incendios en los veranos, ya tenemos más que suficiente.