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FUE NOTICIA POR LA EXTENSIÓN DE SU RED DE GAS

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17/04/2026

¿Quién fue el Ramos Mexía que recuerda la localidad de Línea Sur?

Aunque integró el sector que se conoce como oligarquía terrateniente, esbozó un plan de desarrollo industrial para la Patagonia con Bariloche como ciudad capital. Obviamente, sus colegas lo desplazaron del poder político.
Paraje cercano a Ramos Mexía. Fuente: Municipalidad.
Paraje cercano a Ramos Mexía. Fuente: Municipalidad.

Si se ve un mapa de Río Negro se apreciará que la localidad está grosso modo, en el centro geográfico de la provincia. Se ubica al este de Sierra Colorada y al oeste de Nahuel Niyeu, en un paisaje típico de la Línea Sur. Precisamente, surgió sobre las vías del ferrocarril que, por añadidura, dieron nombre a región tan característica de la geografía patagónica. Fue noticia días atrás porque a pesar de los rigores climáticos preponderantes, nunca se generalizó el abastecimiento de gas natural para la totalidad de su población y comenzaron obras para subsanar el insólito déficit. Quizá su historia fuera distinta si los planes del ministro a quien homenajea con su nombre se hubieran concretado.

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Ezequiel Ramos Mexía vivió entre 1853 y 1935. Ocupó despachos ministeriales en repetidas oportunidades y dio algunos pasos para promover el desarrollo de la Patagonia, pero llamativamente sus iniciativas concitaron “una resistencia sorda primero y violenta después”. Fue su compañero de quimeras, el científico y técnico Bailey Willis, quien hasta llegó a sufrir persecución por colaborar con su tarea. La labor de ambos fue rescatada por Arturo Frondizi, expresidente de la Argentina, que a mediados de la década de 1980 publicó un pequeño libro denominado “Breve historia de un yanqui que proyectó industrializar la Patagonia (1911-1914)”. El yanqui era justamente Willis.

Ingeniero y geólogo del Departamento de Investigaciones Geológicas de los Estados Unidos viajó en varias oportunidades por la región y mantenía una relación estrecha con el ministro Ramos Mexía. Decía Frondizi: “Al escuchar los relatos coloridos del geólogo Willis que evocaban su juventud en el Lejano Oeste de los Estados Unidos, y al saber que Spokane se había transformado en treinta años de simple campamento ferroviario en una ciudad de 75.000 habitantes, Ramos Mexía preveía para la Patagonia un destino semejante”, según la reconstrucción del exmandatario.

Por su parte, Frondizi gobernó en la Argentina entre 1958 y 1962, cuando fue desplazado por un golpe militar. Durante su mandato, impulsó un programa de desarrollo industrial, con énfasis en el sector petrolero. Si bien llegó a la primera magistratura en nombre de la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI), después llamó a su agrupación Movimiento de Integración y Desarrollo (MID). Su fascinación por el industrialismo hizo que consagrara unas páginas a hombres de inquietudes similares, que, en un punto, fueron sus antecesores.

Capital de Patagonia

Corría 1912 cuando Ramos Mexía expuso su plan, después de superar una tormenta política provocada por los partidarios de los intereses portuarios, que nada querían saber sobre intenciones que eclipsaran el modelo agroexportador. “Debemos tener una ciudad capital que sea el asiento del gobierno provincial con su universidad, cuartel militar, distritos industrial y residencial, plazas públicas, en fin, todo aquello que sea necesario para su administración civil. Usted ubicará el sitio y proyectará los planos”, le ordenó el ministro con entusiasmo al geólogo.

El ministro visionario.

Señalaba Frondizi que “desde Bariloche, cuartel general de Willis, todo el equipo se consagró al estudio del apasionante proyecto. Se reunieron elementos de juicio, las características físicas de la zona, sus niveles, los datos geoeconómicos, el régimen de lluvias, las posibilidades de energía hidroeléctrica. Se trataba, ante todo, de encontrar el sitio indicado para emplazar la capital industrial de la Patagonia”.

Efectivamente, el ministro soñaba en grande y “concibió la idea de estudiar el tendido de una línea ferroviaria que, desde San Antonio, pasando por Nahuel Huapi, debía extenderse a través de la Cordillera hasta el Pacífico, uniendo las economías chilena y argentina a través de los Andes. Se trataba, en el fondo, de restablecer una línea histórica de comercio inter latinoamericano, quebrada en el siglo XIX”, apuntaba Frondizi. Más de un siglo después de ese esbozo, el ferrocarril en cuestión es todavía una quimera.

Para el líder desarrollista era lógico, entonces, que “la política estatal del fomento ferroviario de Ramos Mexía estuviese estrechamente unida a la búsqueda de agua en las zonas desérticas, al arraigo de la colonización y a la implantación de industrias en el Sur. Fue así como Willis, al explorar los pasos cordilleranos, descubrió con asombro las bellezas y las posibilidades económicas de la zona del Nahuel Huapi”.

“Pero el proyecto de Ramos Mexía no consistía tan sólo en construir un Ferrocarril del Estado que llegase hasta Valdivia en Chile”, aclaraba Frondizi. “Consideraba que el ferrocarril era un valioso instrumento con un designio más amplio. Por esa razón, encargó al Dr. Willis que investigara la capacidad regional para sostener industrias de interés nacional. Al mismo tiempo, como era impensable la proyección de industrias sin energía eléctrica, además del hecho de la tradicional dependencia argentina del carbón importado, era necesaria la búsqueda de otro tipo de recursos. De esta manera, Willis fue comisionado para estudiar todos los recursos probables de la riqueza hidráulica para la erección de grandes usinas hidroeléctricas”.

Paisaje industrial

En efecto, “en el pensamiento de Ramos Mexía la modernización de la Patagonia incluía, en resumen, ferrocarriles estatales de fomento, agua potable, diques y usinas hidroeléctricas, caminos viables para intercomunicar el sur chileno con el sur argentino, fundación de industrias patagónicas, siembra de trigo para disminuir la dependencia alimenticia del Sur con respecto a las provincias del norte, y grandes planes de colonización para arraigar población campesina en el desierto”. A riesgo de reiterarnos, ¡qué distinta sería la región si hubieran prosperado esos designios!

Estación del ferrocarril en Ramos Mexía.

Recordaba Frondizi que “las exploraciones de Willis lo condujeron a redescubrir el olvidado paso del Cajón Negro, para unir Nahuel Huapi con Valdivia. De todas sus andanzas, pudo reunir un inmenso material de estudio. Al terminar las tareas que le fueron asignadas, el geólogo viajó a Estados Unidos para estudiar y reunir información adecuada acerca de las experiencias norteamericanas en irrigación, ferrocarriles y problemas generales de ingeniería. Lo esperaban a su regreso los adversarios del progreso económico argentino” y todo se frustró. Ramos Mexía abandonó el Ministerio de Agricultura de la Nación el 16 de julio de 1913 y ya no retornaría a la función pública. Hubo que esperar décadas hasta que se esbozara un nuevo plan de desarrollo económico para la Patagonia.

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