2025-03-26

Investigadores de Bariloche que trabajaron con Osvaldo Bayer sumaron su repudio

Por la destrucción del monumento de homenaje al escritor y periodista.

El acontecimiento tuvo lugar en las afueras de Río Gallegos (Santa Cruz) y despertó una oleada de indignación en el país, esta ciudad inclusive.

Investigadores de Bariloche que compartieron diversas instancias con Osvaldo Bayer sumaron sus voces a la oleada de repudio que siguió a la destrucción de un monumento en su homenaje. El historiador Walter Delrio puntualizó que “la barbarie siempre viene del mismo lado” y la comunicadora social Florencia Yanniello resaltó la generosidad del escritor y periodista cuando aceptó prologar un libro de su autoría a pesar de su juventud y escasa trayectoria.

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La noticia corrió como reguero de pólvora en la jornada del martes: maquinaria de Vialidad Nacional destruyó un memorial sito sobre la Ruta 3 en el acceso norte a Río Gallegos (Santa Cruz) que reproducía el rostro de Bayer sobre un pedestal. Se trata de la provincia escenario de las grandes huelgas de 1920 y 1921, que finalizaron con el fusilamiento de aproximadamente 1.500 peones rurales. Fue el episodio que precisamente Bayer se encargó de revelar 50 años después a través de su obra cumbre, inicialmente titulada “Los vengadores de la Patagonia Trágica” (Galerna – 1972).

Doctor en Historia y actualmente director del IIDyPCa (Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio), Delrio aportó que “hace 25 años empezamos con la Red de Investigadores sobre Genocidio y Política Indígena en la Argentina, una serie de docentes, estudiantes, documentalistas y miembros de medios de comunicación”. A partir de entonces “trabajamos en forma muy cercana con Osvaldo, sobre todo por el trabajo que él venía realizando para la toma de conciencia cívica en torno a la discusión de los monumentos o los nombres de plazas”.

El investigador le dijo a El Cordillerano que aquella era “la historia tradicional que estaba y sigue estando anclada en la geografía cotidiana de los argentinos”, cuestionó. “El trabajo de Osvaldo Bayer ya era muy conocido y hoy también debería serlo, fundamentalmente por los argentinos que viven en Patagonia. Desde un primer momento por su periodismo de investigación y luego, cuando se transformó en unos de los grandes autores de la historiografía en nuestro país”, resaltó.

 

El memorial antes de la destrucción.

Según Delrio, el ahora agraviado por el gobierno nacional “fue marcando la apertura de un montón de líneas de investigación que estaban clausuradas, alineándose con otros que denunciaron cuestiones como la represión obrera en la Patagonia, la privatización y enajenación de la tierra en el país. Fundamentalmente, como si fuera un patagónico más, se preocupó en que la gente no se mantuviera ajena a qué había pasado y guardarlo en la memoria”.

 

Siempre del mismo lado

Para el historiador, “el episodio que ha ocurrido nos demuestra que la barbarie siempre viene del mismo lado. Es el que se enfrentó a los obreros de la Patagonia, los trabajadores, las clases populares y los pueblos originarios. El que nos están disputando a los argentinos y pobladores de la Patagonia el acceso a nuestros recursos, a las riquezas y a las posibilidades de un desarrollo sustentable para todos”, encuadró.

Insistió en que “la barbarie siempre viene del mismo lado y lo paradójico es que toda su propuesta (la de Bayer) respecto a los monumentos y la roquización (sic) de nuestra sociedad no tenía que ver con un olvido de (Julio) Roca ni tampoco la destrucción de los monumentos, sino simplemente con reconocer que habían sido colocados por quien fuera su hijo y vicepresidente de la República durante la Década Infame” (1930 – 1943).

En efecto, el tristemente célebre Julito fue “responsable de una de las ignominias más grandes de la historia argentina, como fue el Tratado Roca – Runciman”, recordó Delrio. “Como sociedad debemos elegir qué colocar en las plazas: lo que debatimos hoy en una sociedad democrática o aquello que fue implantado por un gobierno dictatorial en un contexto de negación de la democracia por su propio hijo”, comparó.

En contraposición al hecho del martes, “Bayer siempre planteó la devolución de esas obras a la familia (de Roca) y no una destrucción. Lo que hemos visto tiene que ver con una orden dada, una decisión de hacerlo de determinada forma, de filmarlo y hacerlo circular. Una decisión oficial que es parte de una planificación”, criticó el investigador. “Entonces, es llamativa la disyuntiva: así como Bayer en su momento planteó discutir monumentos, la del gobierno actual, que encarna a las fuerzas que han mantenido a la barbarie como única estrategia, es derribar, destruir y generar un conflicto para que los elefantes pasen por atrás”, ironizó.

A propósito, “Bayer siempre nos invitaba a estar atentos. Yo creo que, en este caso, estaría diciéndonos eso: que nos enfoquemos en qué está pasando detrás y cómo continúa la expropiación y explotación en Patagonia”, exhortó Delrio. Entre otros hechos, de aquel trabajo conjunto entre el escritor y la Red a la que nuestro interlocutor hacía referencia, quedó el libro de varios autores “Historia de la crueldad argentina. Julio A. Roca y el genocidio de los pueblos originarios” (El Tugurio – 2010), cuya versión digital se liberó unos años atrás y se puede descargar gratuitamente.

 

Una graduada joven y desconocida

La evocación de Florencia Yaniello tiene mucho de entrañable. “En 2013 estaba recién recibida en la carrera de Periodismo y publiqué un libro que fue la adaptación de mi tesis de grado: Descolonizando la palabra (Ediciones La Caracola – 2014). En él relato los procesos de formación de seis radios mapuche de Río Negro, Chubut y Neuquén. En ese marco, con la ayuda de Oscar Moreno, periodista mapuche y amigo, lo publicamos a través de una editorial independiente de la cual yo también participaba”.

Antes de que el trabajo saliera de imprenta, “Oscar estaba empecinado en lograr el prólogo de Osvaldo Bayer, cuando para mí era muy difícil acceder a una persona como él. En ese momento, yo tenía 22 años y no me conocía nadie, ni como periodista ni como escritora”, admitió. Hoy Florencia es doctora en Comunicación Social y también se desempeña en el IIDyPCa. “Era mi primer libro y me parecía que un prólogo de Bayer me quedaba enorme, pero Oscar insistió”.

Su colega “pensaba que a Bayer le iban a gustar que fuera una escritora joven, el proyecto autogestionado de la editorial y la temática”. Entonces, “a través de algunos contactos conseguimos su correo electrónico, le mandamos un mail y enseguida respondió aceptando. Nos dijo que en ese momento su compañera estaba muy mal de salud y que quizás iba a tardar un tiempo en mandármelo, pero que quería hacerlo. Demoró unos meses, pero finalmente llegó con una tipografía muy grande porque él ya estaba bastante mayor”, evocó Florencia.

De frente a la computadora “lo leí recontra emocionada, no lo podía creer. Fue una experiencia hermosa haber contado con ese prólogo”. En efecto, “valoró mucho que fuera un proyecto independiente, autogestionado y que rescatara los procesos de comunicación mapuche. Así que para el libro fue un broche de oro, se editó y circuló por muchos lugares. Obviamente, que tuviera prólogo de Bayer le dio mucha más difusión de la que iba a tener inicialmente”, reconoció la comunicadora.

“Después de muchos años lo fui a ver en una obra que estaba haciendo en el Teatro Coliseo de La Plata: Las putas de San Julián, el final que no pudo incluir en La Patagonia Rebelde”, recordó Florencia, que precisamente estudió en la Ciudad de las Diagonales. “A través de gente conocida le hice llegar un ejemplar para que lo tuviera, porque no nos habíamos encontrado en persona. Fue super generoso y además del nivel de admiración que ya le tenía desde antes, esta experiencia la magnificó. Así que guardo un hermoso recuerdo y siempre estará agradecida por ese texto”. Contra emociones de esa índole, no hay topadora que valga.

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