TRES AÑOS ATRÁS TAMBIÉN OCUPÓ TITULARES DE DIARIOS
Arden nuevamente los bosques del lago: ¿quién fue Martin?
Impuso el nombre Francisco Moreno y, curiosamente, quiso homenajear a un médico de origen alemán que trabajó a las órdenes de Chile.
Como hace tres años, vuelve a ser noticia el espejo de agua cuyo nombre homenajea a un alemán que actuó en la zona al servicio del Gobierno chileno y que nunca anduvo por la vertiente oriental de la cordillera de los Andes. El paraje Los Manzanos está en la zona del lago Martín, el cual debe su nombre a una decisión que tomó Francisco Moreno, a cuyas determinaciones se debe buena parte de la toponimia de la región.
Al igual que en otros casos y si se tiene en cuenta que en determinada coyuntura fueron contendientes, es llamativo que, con su denominación, el entonces perito quisiera recordar a un médico y científico que, aunque de origen germano, sirvió a Chile en su disputa. de límites con la Argentina. Al repasar sus andanzas, pareciera que el homenajeado no anduvo nunca en cercanías del lago cuyos contornos volvieron a arder en los últimos días.
Sus aguas quedan cerca de la margen derecha del río Manso y se vinculan con el Steffen. Emilio Frey -cuya figura recobró actualidad recientemente a raíz de la apertura al público de la que fuera su casa- se encontró con el lago en 1897, cuando se desempeñaba como ayudante en la séptima Subcomisión de Límites. Precisamente, transcurrirían los días en los que los dos países trataban de delimitar sus límites. Sin embargo, hay menciones a la ubicación del futuro lago Martín en informes anteriores.
Cuando Carl Eduard nació en 1838, ni en Santiago ni en Buenos Aires estaban muy al tanto de la geografía andino-patagónica. De joven, siguió los pasos de su padre y estudió Medicina en Jena y Berlín. Además, estudió en profundidad inglés y francés, idiomas a los que alcanzó a manejar tanto como su lengua materna. Irónicamente, fue en un país de habla hispana donde su actuación pública alcanzó alguna relevancia.
Carlos Eduardo.
Si bien era un entusiasta de la literatura clásica y de la historia del arte, sus inquietudes más decisivas tuvieron que ver con las ciencias naturales. Aunque tarde respecto de otras potencias europeas, Alemania participó del mismo afán colonialista desde mediados del siglo XIX y en ese contexto, Martin se postuló como médico para integrar una expedición al África que pensaba impulsar el barón Karl Klaus von der Decken, célebre por ser el primer europeo que, en un viaje anterior, divisó las alturas del monte Kilimanjaro (Tanzania).
Afortunadamente para su futuro, fue otro el colega que ocupó esa plaza. En 1865, la embarcación que condujo a der Decken naufragó en un río de Somalia y varios de los expedicionarios perdieron la vida a manos de los nativos, que respondieron con violencia a la llegada de los intrusos. Hubo sobrevivientes, entre ellos, un afamado cazador que años después intentó recuperar el cadáver del barón, pero de manera infructuosa.
Antes de recalar en latitudes más australes, Martín hizo escala en Río de Janeiro y en San Pablo. Juan Martín Biedma, fuente de nuestra semblanza, afirmó que en Brasil se hizo amigo del emperador Pedro, con quien solía hablar de animales marinos. No obstante, regresó a Berlín, trabajó en la clínica de obstetricia de su padre y recién en 1869 miró con decisión hacia el sur de Chile, en compañía de su esposa, María Schadow.
Oriundo de Turingia, justo arribó a Santiago cuando abandonaba su puesto de médico en la colonia de Llanquihue otro alemán, cuyo apellido también está presente en la zona: Francisco Fonck. Se hicieron amigos y cuando contó con la aprobación del gobierno chileno, Carlos Martín y su familia ocuparon el lugar que dejó vacante su predecesor. Transcurría 1869. En la Argentina, todavía faltaban 10 años para la Campaña al Desierto.
En cambio, del otro lado de la cordillera, con los auspicios de la política inmigratoria chilena, la colonización alemana al sur de Valdivia avanzaba a pasos agigantados. Martin alternó la atención médica de los colonos dispersos en los bosques, con excursiones o experiencias científicas. Ya al ââaño siguiente de su instalación, participó de la exploración costera del lago Llanquihue, por entonces, una suerte de imán para las familias alemanas recién llegadas.
Seguramente, divisó desde esas orillas por primera vez las siluetas inconfundibles del Tronador, aunque nada indica que se aventurara al oeste de las montañas. No obstante, del lado oriental las llegó a conocer como la palma de su mano. Desafortunadamente, no hay anuncios de precipitaciones inminentes en la zona cordillerana. Una vez más, depende del esfuerzo de los brigadistas que el lago Martín deje de ser noticia, al menos por cuestiones ígneas.