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NO ERAN ADORNOS NI SE UTILIZABAN COMO HERRAMIENTAS

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05/04/2026

¿Para qué pintaban los antiguos patagónicos huesos de guanacos?

Investigadores encontraron que la gente que vivió por aquí miles de años atrás se valió de carbón para trazar determinadas líneas en restos óseos del camélido americano. ¿Con qué finalidades?
La cueva Huenul I en el norte de Neuquén.
La cueva Huenul I en el norte de Neuquén.

¿Para qué pintarían los antiquísimos patagónicos huesos de guanacos? Si bien no son numerosos los hallazgos que la arqueología logró al respecto, los investigadores dieron con fragmentos óseos muy antiguos que evidencian que pasaron por las manos de artistas varias veces centenarios y tal vez milenarios. Interpretan que al igual que las pinturas que se detectaron en otros objetos, se emparentan con las rupestres.

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En particular, llamaron la atención de los especialistas “dos huesos de guanaco pintados” que se recuperaron al excavarse la Cueva Huenul 1, espacio cercano al cerro del mismo nombre sito en Barrancas – Buta Ranquil, es decir, al norte de la provincia de Neuquén. La investigación se orientaba a “evaluar las pautas de conducta y distribución espaciotemporal de las poblaciones humanas que ocuparon la región, con foco en el Holoceno tardío”, es decir, unos 2.500 años antes del presente.

Además de analizarse con anterioridad “fragmentos pirograbados de calabaza” y “caña vegetal”, la investigación se detuvo en “dos fragmentos óseos” de guanaco muy bien preservados “y con la presencia de tejidos blandos en uno de ellos. Tampoco registran marcas de raíces. Estos indicadores son coherentes con un enterramiento relativamente rápido de estos materiales en un sector profundo del reparo rocoso”, consideran los investigadores.

El artículo del que nos valemos como fuente se publicó en 2017 y tiene como autores a Guadalupe Romero y Ramiro Barberena, los dos con pertenencia en el CONICET. Además, la primera es parte del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano (INAPL) y el segundo del Laboratorio de Paleoecología Humana de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad Nacional de Cuyo.

El ilion de guanaco. Arriba la foto y debajo, "calco digital del soporte y del motivo pintado".

El que llamaron “fragmento A” corresponde a un ilion derecho de guanaco de aproximadamente 4,5 cm de alto por 6,5 cm ancho y de entre 2 a 5 mm de espesor, que “presenta un motivo de líneas quebradas en múltiples direcciones dibujadas en color negro que ocupan toda la superficie disponible”. En tanto, el B “corresponde a un fragmento medial de costilla de guanaco de aproximadamente 2 cm de alto por 5 cm ancho y de entre 1,5 a 4 mm de espesor”. En su caso, “presenta un motivo de líneas quebradas paralelas dibujadas en color negro, cuya disposición y extensión acompañan el eje mayor de la costilla”. El “material colorante” que se utilizó fue carbón.

No eran adornos

Los investigadores concluyeron que en ninguno de los casos los antiguos artistas se preocuparon por darle forma alguna ni se utilizaron sobre otros materiales. Tampoco presentan orificios o ranuras “que sugieran una función ornamental”. A partir de otros objetos que se encontraron en los mismos sitios y que ya fueron datados, se estima que los dos huesos pintados se utilizaron entre 1.600 y 400 años antes del presente.

Sostienen Romero y Barberena que “el hallazgo de huesos de guanaco pintados es inusual en Patagonia”, a tal punto que “solo se conocen otros dos casos. Uno de ellos corresponde a un fragmento de costilla pintado con un motivo de trazos paralelos en color negro hallado en Cerro Casa de Piedra Cueva 7”, que se sitúa en el Parque Nacional Perito Moreno (Santa Cruz). “El otro caso es un fragmento de mandíbula pintada con un motivo de líneas paralelas en color rojo hallado en Arroyo Corral II”, muy cerquita de Bariloche, en un abrigo que registra ocupaciones “a inicios del Holoceno”, es decir, unos 11.700 años atrás.

Obviamente, nadie llamaba Patagonia a la región cuando aquellos antiquísimos pintores dejaron su marca en los restos óseos de los guanacos que seguramente, previamente habían engullido. “Una primera valoración sobre los huesos pintados” de la Cueva Huenul I “lleva a plantear el carácter intencional de su producción como objetos mobiliares de comunicación visual”, es decir, como cosas que se pueden mover.

La costilla del guanaco.

“Esta afirmación se sustenta en la ejecución deliberada de los motivos aprovechando las características de los soportes” y la presunción de “que no habrían sido utilizados en otras actividades”. Las imágenes que “presentan varias semejanzas formales con los motivos rupestres documentados en las paredes internas de la cueva”, también pintados con carbón. Se trata de líneas quebradas y líneas quebradas paralelas, frecuentes en toda la región.

Entonces, “más allá del material utilizado como soporte”, se trata de componentes del “sistema de comunicación visual de los grupos que ocuparon el norte del Neuquén durante el Holoceno tardío”, sospechan los investigadores. A propósito, “Cueva Huenul 1 parece haber desempeñado un rol privilegiado en el interior de dicho sistema. Por un lado, es el sitio más denso en términos de cantidad de motivos rupestres, además de concentrar el mayor número de superposiciones y presentar toda la variedad de colores y categorías de motivos registrados en el área de estudio en su conjunto”.

Una galería de arte

Las excavaciones que se practicaron en el sitio no solo dieron con pinturas en los huesos de guanaco, sino también “sobre fragmentos de calabaza y caña vegetal”. Además, se hallaron “restos de material colorante” en valvas, otros fragmentos de hueso y rocas sin formas que se pudieran identificar, de manera que se interpreta que fueron utensilios de pintura para el arte rupestre que está presente tanto en las “paredes” como en el “techo” de Huenul I.

Los especialistas proponen que “la ocupación de la cueva durante momentos tardíos estuvo fuertemente orientada a la comunicación de información y se sugiere que dos de los canales utilizados para ello pudieron ser la comunicación visual a través del arte rupestre y de los objetos mobiliares con diseños”. En efecto, otros estudiosos sugirieron “la existencia de un código de comunicación visual para estos momentos que habría permitido el establecimiento de redes sociales de interacción y el intercambio de información entre grupos cazadores-recolectores en un contexto de grandes cambios ecológicos y sociales”.

En definitiva, los huesos de guanaco y otros objetos trasladables se pintaban muy antiguamente con la misma finalidad que hoy, aunque con menos paciencia, apuramos un mensaje por WhatsApp o estas mimas líneas de El Cordillerano: para intercambiar información.

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