ENTREVISTA EN BARILOCHE
Leandro Santoro: “Mi identidad es cien por ciento alfonsinista”
El diputado nacional Leandro Santoro pasó por Bariloche y, en una charla que brindó en la sede de la Universidad Nacional del Comahue, fue crítico con propios y ajenos.
Es decir, ante la costumbre de gran parte de los políticos, de blandir un látigo verbal hacia los que se encuentran en la vereda de enfrente, pero siempre manifestando que el jardín propio es el más bonito e impoluto, el legislador tuvo sus reparos ante ciertos posicionamientos de varios que comulgan en las filas de la oposición al gobierno –aunque sin emitir nombres–, y desaprobó la intención de impulsar un juicio político contra el presidente Javier Milei.
Al respecto, sostuvo que tal acción no podría ni comenzarse debido al porcentaje de votos que se necesitan en el Congreso (con los que en la actualidad no cuentan) y, además, fortalecería al mandatario, porque, a su entender, una pretensión de ese tipo podría utilizarse como forma de afirmar que “el peronismo no deja gobernar”.

Cabe aclarar que, más allá de las objeciones ante ciertas actitudes de sus pares ideológicos, no dejó de destacar la necesidad de estimular la militancia, ante lo que evocó sus días juveniles, donde salía a pegar carteles y, asimismo, se quedaba a limpiar los locales luego de las reuniones partidarias… Claro que, en aquel momento, los sitios que transitaba eran visitados por correligionarios, no compañeros…

Justamente, el cambio que realizó al dejar la Unión Cívica Radical fue motivo de autobromas en el Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB), como cuando, con una sonrisa, soltó: “Soy no binario, tengo un poco de radical y otro de peronista”.

Pero, más allá de las ironías, también hubo tiempo para la seriedad e hizo hincapié en que se precisa apuntar a disminuir las disparidades sociales imperantes. En ese punto, sostuvo que, en la gestión gubernamental actual, existen “inconsistencias discursivas”, porque se tiene a la libertad como estandarte, pero tal emblema resulta un espejismo si no existen las condiciones para desarrollarse. O sea, “nadie puede ser libre en una sociedad desigual”. Así, en referencia a la urgencia de bajar los desniveles existentes en la sociedad, contra la nula intervención estatal que esgrime Milei, consideró que “el Estado es un medio para alcanzar un fin”.

Por otra parte, cargó contra la maquinaria twittera de La Libertad Avanza, pero reconoció que, si se pretende no quedar rezagados en ese terreno virtual (pero con resonancia en la realidad), debe actuarse también en ese frente.

Ante una pregunta de alguien del público, acerca de hacer modificaciones en materia judicial, Santoro apreció que no es el tiempo para impulsar variantes de ese tipo. En todo momento, el diputado resaltó, que para accionar en puntos como el consultado, se precisa la “espalda” que brinda el poder, de la que el peronismo, ahora, carece.
En definitiva, el legislador remarcó la necesidad de manejarse estratégicamente, y manteniendo un orden de prioridades.

Tras la disertación, se sacó fotos con todos aquellos que se lo solicitaron.
Cabe destacar que el aula magna estaba repleta, e incluso hubo gente ubicada en el pasillo externo al salón.

Cuando el público dejó el recinto, Santoro se prestó a un mano a mano…
–Tiene cuarenta y ocho años, ¿qué significa la política en este momento de su vida?
–Siempre significó lo mismo, una forma de darle sentido a la existencia, entendiendo que uno, más allá de las cosas que hace para ser feliz, necesita realizar algo para que los demás también tengan la oportunidad de serlo. Porque, además de tratarse de una vocación de poder, la política es una vocación de servicio.
–Ingresó al mundo político cuando era muy joven, a los trece años. ¿Qué lo atrajo en ese momento?
–Me atrajo el discurso de Raúl Alfonsín. Empecé a militar en 1989 y noté la idea de una democracia con sentido y justicia social, con derechos humanos; el pensamiento de que los cambios se daban a partir de la participación popular, y no sólo como concesiones “graciosas” que venían de arriba. Es decir, la concepción de que, entre todos, había que construir una comunidad que pudiera resolver de manera colectiva problemas complejos, porque las soluciones nunca provenían de los tecnócratas ni de los líderes carismáticos, sino que se producían en conjunto.

–Aquel año, 1989, no era, en cuanto a popularidad, el mejor momento de Alfonsín…
–No, pero su discurso era muy claro y también el contraste con lo otro que se proponía. Alfonsín, justamente, representaba un modelo de sociedad distinto del que se ponía en discusión en ese tiempo, con el consenso de Washington, la propuesta de indulto a los genocidas… es decir, frente a toda la idea que venía detrás de esa construcción policlasista que proponía el menemismo, que luego propició el famoso período de pizza con champagne y la frivolidad. No sé cómo lo ve quien no militó, pero, para mí, que tengo el recuerdo de haber vivido aquellos tiempos, los contrastes eran evidentes.
–¿Cómo imagina que actuaría Alfonsín en la actualidad?
–Fue un hombre muy comprometido con su pueblo y con sus ideas. Seguramente, haría lo imposible para que el radicalismo retome la senda popular, democrática y progresista que supo tener. Creo que también trataría de construir consensos con otros actores sociales y partidos políticos.

–Si hubiera elecciones en este momento, ¿considera que Milei volvería a triunfar?
–No sé si ganaría, pero creo que sería competitivo.
–En otros países, donde incluso se aprecia derechas e izquierdas más fuertes que acá, se mantienen políticas de Estado de una gestión a otra. ¿Por qué cree que eso en la Argentina no sucede?
–Porque se desarmó el sistema de partidos. Milei, hasta hace dos o tres años, ni siquiera era un líder político, y La Libertad Avanza no existía. Hay partidos que son cáscaras electorales vacías. Las democracias que consiguen acuerdos sólidos y de largo plazo son aquellas que cuentan con partidos políticos que perduran en el tiempo.
–¿Qué opina de lo que significó Julio Argentino Roca para el país?
–Vengo del radicalismo, que surgió como partido político para enfrentar al “régimen falaz y descreído”. Por supuesto que, ante la perspectiva histórica, a todos los procesos se les encuentran cosas positivas, pero, sin lugar a dudas, yo hubiese sido parte de esos boinas blancas que se enfrentaron a aquella generación que se hizo cargo del poder a través del fraude electoral y desaprovechó una gran oportunidad. Soy yrigoyenista, tengo en claro cuál es mi identidad, aunque respetando y reconociendo, obviamente, que los adversarios muchas veces también tienen aciertos y pueden ser portadores de verdades. Pero, indudablemente, en esa época hubiera sido radical.

–¿Qué piensa del radicalismo actual?
–No me representa más. Me parece que es más antiperonista que otra cosa. Su identidad política está definida por lo que no es, y no por un sueño de proyecto de país. El radicalismo de Hipólito Yrigoyen de 1890 tenía muy claro lo que quería hacer, y por eso se oponía al régimen de Miguel Juárez Celman. Había una idea convocante de reparación nacional. Creo que ahora el radicalismo sabe qué es lo que no quiere ser, pero no la razón por la que pelea, y eso genera una crisis fuerte de identidad.
–¿Tuvo algún tipo de conflicto en el momento de dejar el radicalismo para acercarse al peronismo?
–No, porque me fui sin llevarme la banca ni nada... Soy amigo de los radicales, nos separamos en buenos términos. Nadie tiene deudas para cobrarme. Lo que hubo fue un sinceramiento frente a una relación que estaba empastada por lo que considero como una serie de desaciertos políticos que llevaron al radicalismo a cometer un error histórico enorme, que fue aliarse con la derecha. Era algo que venía pasando, pero la convención de Gualeguaychú terminó de definir un acuerdo electoral que desnaturalizó al radicalismo de su posición ideológica doctrinaria. Muchos correligionarios saben que es así, pero igual decidieron quedarse en el radicalismo y comprenden que, a nosotros, con las mismas ideas y valores de siempre, nos resultaba muy difícil seguir, porque teníamos una mirada más ideológica de las cosas y no tan futbolística de River y Boca. Por eso nos era imposible seguir militando en ese espacio. Nos fuimos sin que nos debamos nada. O sea, no hay más amor, pero sí mucho cariño.
–Si tuviera frente a usted una pregunta de multiple choice donde las opciones para marcar fueran "camporista", "kirchnerista" o "alfonsinista", ¿qué elegiría?
–Alfonsinista. Mi identidad es cien por ciento alfonsinista.