LLEGARON EN 1913, EN VIAJE DE VARIAS ETAPAS DESDE DETROIT
¿Quién trajo los primeros Ford T a la zona de Bariloche?
Ideados para circular por las calles de las ciudades estadounidenses, demoraron cuatro días en arribar desde Neuquén. Su importación tuvo que ver con el interés de un tejano que dejó su impronta en la historia local.
Debió ser ardua su llegada porque una cosa era transitar por las calles de Detroit y otra, por los polvorientos caminos que unían Neuquén con San Carlos de Bariloche en 1913. O barrosos, según la época del año... La cuestión es que 110 años atrás llegaron a la zona los primeros Ford T que registra la historia, después de un trabajoso viaje que arrancó en la industriosa ciudad estadounidense y que, comprensiblemente, tuvo que afrontar diversas escalas.
Como podría sospecharse, la presencia de las novedades mecánicas se relaciona íntimamente con uno de los estadounidenses que aquí se afincó después de la Campaña al Desierto. “Mr. Jarred Augusto Jones, más conocido por Juan Jones, por no tener su nombre traducción en castellano, fue el decano de los pobladores del Nahuel Huapi”, introduce un texto que tiene como autoría a Juan Martín Biedma. Desde ya, la población humana en la zona tiene 9600 años de antigüedad, aproximadamente.
En general, se sabe que Jones “era oriundo de Tejas, Estados Unidos de Norteamérica. Nació el 25 de mayo de 1863 en Bosque Conty (sic). Hijo de una familia de agricultores, huérfano desde de temprana edad, a los quince años deja la casa paterna y trabajando en las haciendas comarcales aprende el rudo oficio de cowboy. Atraído por la riqueza casi de leyenda de las tierras sudamericanas, embarca en New York con su amigo Juan Crockett”, según la reconstrucción que Biedma publicó en “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2004).
El tejano probó suerte en otros lugares antes de llegar. “Como no le agradó el clima del Brasil, se radicó en la Argentina. Estuvo en el Chaco, fue capataz de la estancia Currumalán (sic) en la provincia de Buenos Aires, llevó tropas de hacienda de Neuquén a Chile. Crockett, con otro compatriota, Rodolfo Newbery, planearon un negocio de exportación de ganado en pie a Chile. La responsabilidad de conducir los arreos a través del desierto y los pasos cordilleranos del Neuquén fue confiada a Jones”, indica la investigación.
Según Biedma, “varios años llevó esta dura vida que lo interiorizó como pocos sobre aquellos territorios, hasta que cansado de la vida andariega resuelve afincarse. En 1889 se instaló en Nahuel Huapi, donde creó un establecimiento ganadero con la base de doscientas cabezas vacunas y las caballadas de los arreos que Crockett y Newbery le facilitaron en pago por sueldos atrasados. A orillas de un arroyo que ahora lleva su nombre, estaban los ranchos por él construidos y luego el caso de la estancia que en fecha posterior a su instalación llamó Tequel Malal”.
Para la óptica del investigador, “la estancia de Jones fue una avanzada de civilización y un refugio de los pocos audaces que se aventuraban a llegar a esas comarcas. En su casa se hospedó Ramón Lista en 1894 y el perito Moreno en 1896. Durante sus gestiones como perito, Francisco P. Moreno necesitó urgentemente caballada. Jones se la facilitó inmediatamente sin cargo. Bello gesto de este extranjero, ya argentino en el sentimiento, que fue retribuido por nuestro perito, intercediendo y logrando que el Gobierno nacional le vendiera 10.000 hectáreas de terreno”. ¿Sin cargo para quién?
Pero más allá del detalle inmobiliario, “merced al empuje y tenacidad de Jones la estancia prosperó. En 1908 tiende al alambre perimetral, todo un acontecimiento en la zona y en 1913 viajó a Estados Unidos para visitar a sus hermanos”. Fue en esa oportunidad que comenzó a gestarse la llegada de una primera partida de vehículos automotores a las cercanías de Bariloche y el Nahuel Huapi.
En efecto, “entusiasmado con los primeros Ford de modelo T o de bigotes, se traslada a Detroit, donde le hacen una oferta tentadora. Por la compra de dos unidades le regalaban una tercera”, confía el texto. “Los tres Ford llegaron por barco a Buenos Aires y por tren a General Roca. El penoso viaje hasta Bariloche, por los terribles caminos de esa época, insumió cuatro días”. El mismo que ahora se hace en unas cinco o seis horas, aunque el trazado era otro.
Precavido, “Jones había contratado en Buenos Aires a un joven mecánico, Bill Smith, norteamericano también, para este difícil viaje y posterior atención de las máquinas”, completa el racconto de Biedma. “Bill Smith fue un personaje popular en la región, tanto que a los Ford se los conoció por su nombre”, señala. “Jones falleció en su estancia casi centenario, dejando numerosa descendencia de su matrimonio con Bárbara Drakslor”. Por otras fuentes, puede saberse que cuando importó los Ford T, Jones contaba con 50 años. Aquellos fierros, ¿cuánto durarían?