2022-05-02

SUMA Y SIGUE

Irá a juicio por jurados por brutal homicidio y desde la cárcel amenazó a testigo clave

Juan Pablo Vera sumó una nueva imputación: valiéndose de un teléfono celular, desde la cárcel en la que está detenido, amenazó a un testigo clave del juicio que pronto deberá enfrentar. Irá a un juicio por jurados por el brutal crimen de Rodrigo Navarro, que cometió mientras gozaba de prisión domiciliaria en el marco del cumplimiento de varias condenas previas que habían sido unificadas en 16 años de prisión.

Este lunes le formularon cargos por el delito de amenazas, por un hecho ocurrido el 10 de septiembre de 2021 en horas de la noche, cuando encontrándose detenido con prisión preventiva en el marco del legajo de homicidio ocurrido en diciembre del 2020, se comunicó con un testigo clave en ese caso, por intermedio de las plataformas WhatsApp y Facebook Messenger y le manifestó diversas amenazas. Todas ellas en referencia a su futura declaración como testigo.

Estas manifestaciones provocaron un profundo temor en la víctima. "Estos hechos ameritan la intervención del Ministerio Público Fiscal para que los testigos lleguen con libertad al momento del juicio", expresó la fiscala Betiana Cendón, que además describió la evidencia que sustenta la acusación entre las que se cuentan declaraciones testimoniales, acta de denuncia y de allanamiento en el Establecimiento Penal donde se secuestró el dispositivo que luego fue peritado por la Oitel, entre otros.

El imputado fue asistido por la defensora oficial Mónica Goye y por consejo de la misma no brindó declaración en esta instancia procesal. “No tengo elementos para oponerme a la formulación de cargos”, expresó la defensora adjunta e hizo lo propio en referencia al plazo requerido.

El juez de Garantías interviniente, Juan Pablo Laurence, tuvo por formulados los cargos por el delito de amenazas y otorgó dos meses para llevar adelante la investigación preliminar.

 

Un larguísimo historial y sin freno

Juan Pablo Vera acumulaba condenas desde hace rato. En el último proceso de unificación aplicaron el método compositivo de condenas y le aplicaron una pena única de dieciséis años. Pero por su estado de salud, Vera obtuvo el beneficio de la prisión domiciliaria y otra vez transgredió las condiciones de cumplimiento para delinquir.

Se desprende de la investigación por el crimen de Rodrigo Navarro, que encabeza la fiscal Betiana Cendón, que al menos en las horas previas se quitó el dispositivo electrónico de monitoreo y lo dejó dentro de su domicilio. Así, pudo concretar sus fechorías sin que los organismos de control detecten alguna anomalía.

Vale recordar que en el año 2000, cuando Vera era apenas un adolescente y permanecía alojado en el instituto roquense El Maruchito, donde se albergaba a menores en conflicto con la ley, escapó de los controles y ya en Bariloche, protagonizó un violento asalto armado al comercio Casa Lucas, ubicado en calle Santa Cruz, a pocos metros de Elordi. Tras una rápida intervención policial, Vera se vio acorralado y se trabó en un duro enfrentamiento armado con los uniformados que lo perseguían. Resultó herido de gravedad y sufrió secuelas permanentes que lo dejaron en silla de ruedas de por vida.

Pero ello no alcanzó para detener su vida al margen de la ley, ya que continuó acumulando expedientes en su contra y pronto deberá enfrentar un juicio por jurados acusado de ser el autor del crimen de Rodrigo Navarro.

Según la investigación que despliega Cendón, Vera procuró embriagar al fallecido desde horas de la madrugada del día del hecho, con el propósito de disminuir su capacidad. Y repitió una maniobra que ya se acreditó en otros expedientes: sin dañar el dispositivo de monitoreo de su prisión domiciliaria, se lo quitó y salió de la vivienda a concretar sus planes.

Tras largas horas de bebidas, visitas a otros domicilios y trámites bancarios, golpeó a la víctima en la cabeza, abdomen derecho, tórax izquierdo, ambos miembros inferiores, en la cara y en la frente, provocándole diversos traumatismos. Todo sucedió en un espacio temporal cercano o simultáneo a la muerte, ocasionada mediante dos disparos en la cabeza, efectuados desde atrás y a poca distancia, con un arma de fuego presumiblemente calibre 38.

Para intentar ocultar el hecho, Vera convocó a dos personas que ya fueron condenadas por encubrimiento. Janet Lagos Ruíz y Martín Páez. Utilizaron un par de guantes amarillos para procurar tapar la cámara de seguridad ubicada en la vivienda de Vera, maniobraron con el vehículo del fallecido para acercarlo hasta la puerta del domicilio, estacionarlo de culata y, con ayuda de los otros involucrados, cargar el cadáver y luego descartarlo al arrojarlo por un barranco cercano al domicilio, al tiempo que limpiaron la escena del crimen, baldeando el interior de la vivienda y procuraron destruir evidencia objetiva que permita vincularlos.

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