EL RECUERDO DEL ESCRITOR AVIADOR: SAINT-EXUPÉRY
Las alturas, tierra de hombres
Antoine de Saint-Exupéry ganó la inmortalidad con El Principito.
Pocas veces un libro (¿infantil?) dijo tanto con una prosa tan sencilla.
Se trata de una obra profunda para ser leída en cualquier etapa de la vida.
Pero, más allá de esa eternidad literaria que le proporcionó la salida de El Principito en 1943, Saint-Exupéry ya era una leyenda desde hacía mucho tiempo… pero como aviador… o, mejor aún, como un piloto de gran reputación que dejaba plasmadas sus aventuras aéreas (que incluían varios accidentes) en libros muy bien escritos.
Uno de esos textos es Tierra de Hombres, de 1939.
Justamente, el libro es el preferido de Valentín Sochi, el joven aviador barilochense que sorprende a los veteranos del rubro al estar a punto de recibirse como piloto comercial con tan solo dieciocho años.
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“Ahí describe muchas cosas de la aviación que aún hoy persisten”, dice Valentín sobre lo que escribió el autor francés.
Saint-Exupéry, como aviador, tuvo un paso importante por la Argentina, donde fue designado jefe de tráfico de la Aeroposta Argentina S.A., filial de la Aéropostale francesa, la compañía dedicada al servicio postal aéreo.
La función del piloto escritor era establecer un tramo de la línea en la Patagonia, llegando hasta Río Gallegos. Había diseñado una serie de paradas en poblados como Bahía Blanca, San Antonio Oeste, Trelew, Comodoro Rivadavia, Puerto Deseado, San Julián…
En ese sentido, el paso de Saint Exupéry por Argentina tuvo mucho de epopeya.
Cabe recordar que, en aquellos tiempos (llegó al país en 1929), unir pueblos perdidos mediante la aviación requería mucho coraje.
En junio de 1930, participó de la búsqueda y rescate, en la cordillera de los Andes, de Henri Guillaumet, considerado uno de los pilotos más importantes de la época inicial de la aviación francesa.
Guillaumet había despegado de Santiago de Chile, llevando el correo rumbo a Mendoza, pero fue atrapado por una tormenta de nieve y quedó sin combustible.
La aparición con vida de su amigo le hizo escribir, en Tierra de Hombres, unas palabras que apuntan a la valentía, al compañerismo, pero que también cargan con la importancia que tiene encontrarle un sentido a la vida: “El valor de Guillaumet, ante todo, es efecto de su rectitud. Su verdadera cualidad no estriba en eso. Su grandeza es sentirse responsable. Responsable de él, del correo y de los camaradas que esperan. Él tiene en sus manos sus penas y sus alegrías. Se siente responsable del destino de los hombres en la medida de su trabajo… Ser hombre es, precisamente, ser responsable. Es sentirse orgulloso de una victoria que han conseguido los camaradas. Es sentir, al aportar su granito de arena, que se contribuye a la creación del mundo”.
En Europa, el 31 de julio de 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, Saint Exupéry partió en una misión de reconocimiento fotográfico del movimiento de tropas alemanas.
Nunca regresó.
La última vez que el radar lo registró con vida volaba cerca de la costa de Marsella.
Tenía 44 años.
En Tierra de Hombres, había escrito: "Por encima de mares de nubes, es muy elegante, pero… pero recuerde: por debajo de los mares de nubes está la eternidad”.