2020-11-06

A COMIENZOS DEL SIGLO PASADO

Genghini fue cura, pero también funcionario de Registro Civil

Como los empleados no abundaban y el área a cubrir era inmensa, el sacerdote se desempeñó temporalmente como “comisionado especial”. Administró sacramentos y formalizó actas.

En el Bariloche de los albores, los pocos empleados con que pudo contar el Registro Civil y las vastas extensiones que debía cubrir motivaron que se nombraran “comisionados especiales, por tiempo determinado y para ejercer en parajes situados a más de 20 kilómetros del asiento permanente de la Oficina de Registro”. Uno de esos “comisionados especiales” fue el sacerdote Zacarías Genghini, quien tuvo que diversificar sus tareas.

Las vicisitudes que traemos a colación aparecen en “Bariloche. ¡Cuándo era ayer!”, libro que se publicara en 1991 al reunir artículos y otros textos que reconocen la autoría de Julio Riesgo, ingeniero que se desempeñó durante décadas en la Dirección de Arquitectura de Río Negro. A pesar de no tratarse de un historiador profesional, el volumen de 212 páginas brinda enriquecedoras pistas sobre el pasado barilochense.

El recopilador encontró que “la Ley N° 3.986 del 10 de junio de 1901 permitió la actuación del presbítero Zacarías Genghini, quien mientras recorría su grey cumplía con la tan delicada misión” de funcionar como comisionado especial del Registro Civil. “Uno de sus cometidos fue con un posterior pionero barilochense, Ángel Lavagnino, quien contrajera enlace en Ñirihuau con Felipa Millán”.

Además, “ahí residía Salvador Gil, de 59 años, casado, argentino, en 1900”, estableció Riesgo, siempre al consultar amarillentos papeles del Registro Civil. “Y en ese lugar falleció Juan Iturra, soltero, argentino, de 22 años, un 3 de junio de 1898, el cual era hijo de otro Iturra y nieto de Juan Iturra, un vasco de 85 años y capataz de los campos de Fermín Salaberry”, hilvanó el autor. “Este, cuando tenía 40 años y era 1897, resultó el testigo de la boda de Aniano (sic) Fuentes con Hercilia Troncoso”.

“Fermín era hijo de Antonio Salaberry y Juana Arregui, ocupó tierras arriba y abajo del nuevo aeropuerto, llegó a poseer sus 6000 vacunos, contó con dos estancias (una en la costa del Ñirihuau y la otra en medio de la sierra y del arroyo Ñirihuau) y vieja costumbre resultaba hallar en sus pagos 15 o 20 tumbeadores”. Riesgo citó como fuente “recuerdos” de Benito Vereertbrügghen. Por tumbeadores se entendería “viejos pobladores”, aunque la correspondencia no está muy clara.

Sí queda claro que “Salaberry trabajó de peón de mulas y unos de los compañeros que le acompañaban en los largos viajes tenía el mote de Cuero de Zorro (por una piel de ese animal que usaba como bufanda); el cual, vasco de nacimiento y ‘cabeza dura’ murió lanceado por los últimos vestigios de indios, allá en 1894, en las riberas del Limay, mientras Salaberry se salvaba, más avisado”. Riesgo citó como fuente “los viejos recuerdos de María de los Milagros Cárdenas de Salaberry”. Bravos los comienzos de Bariloche.

Adrián Moyano

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