EL FUERTE CHACABUCO, MARGEN NORTE DEL LAGO
Madera de chacay y ciprés para el primer asentamiento argentino en Nahuel Huapi
Se comenzó a edificar a fines de 1882 sobre el campamento de la 3era Brigada, que arribó el 15 de diciembre. Se considera antecedente de Bariloche.
Las primeras edificaciones argentinas que prosperaron en las cercanías del lago Nahuel Huapi fueron las que formaron parte del fuerte Chacabuco, primer antecedente institucional de San Carlos de Bariloche. Se levantaron en forma simultánea a los últimos tramos de la Campaña al Desierto y significaron el primer intento de presencia permanente por parte del Ejército Argentino, ya que después de alcanzar el río Ñirihuau en abril de 1881 las tropas habían retornado a sus puntos de partida.
Luego de esa irrupción, “las tropas de la 3ra Brigada llegaron al lago el 15 de diciembre (1882), instalando su campamento de acuerdo a las instrucciones impartidas oportunamente por el Comandante de la División”, es decir, el general Conrado Villegas. “Desde allí (el coronel Nicolás) Palacios realiza una serie de batidas de todo ese sector, encargado a su vigilancia”, escribió Juan Mario Raone en su obra “Fortines del desierto. Mojones de civilización”, datada en 1969.
Añadió el sargento ayudante oficinista, por entonces ya retirado: “No podemos dejar de reconocer que la base del futuro fortín que haría construir Villegas en ese lugar, lo fue el campamento instalado por Palacios”. De ahí que el historiador considerara conveniente transcribir algunos fragmentos del diario de marcha de la Brigada en cuestión. Para el 16 de diciembre, éste dice que “se ordenó a los señores jefes de cuerpo la formación de dos cuadros oblicuos fosados y con parapeto, destinado uno para cada cuerpo, en los que se colocarían las cabañas necesarias que al efecto se construirían después para las compañías”.
Dispuso Palacios que “en estos cuadros de 50 metros en cada frente, además de servir de cuarteles a la tropa, serán de gran utilidad en caso de que la Brigada tuviese que desprender más comisiones, reduciendo la fuerza de este campamento a un pequeño número. En este caso, los pocos que queden reconcentrados en ellos tendrán un punto en donde defenderse con ventaja de un enemigo superior en número”.
Fue efectivamente lo que sucedió, porque parte de la Brigada siguió días después hacia el sur, con la orden de perseguir a Sayweke y a Inakayal, que habían abandonado sus moradas habituales en dirección a la actual jurisdicción chubutense. Para el 21 de diciembre, dice el diario: “el Batallón 6, habiendo terminado el foso en su cuadro, dio principio con parte de su gente a la construcción de cabañas con madera de chacay y ciprés, y con techos de paja”.
Cueros para la tropa
Por entonces, las tropas del Ejército se alimentaban casi con exclusividad de las cabezas de ganado que arreaban junto a su marcha. El día siguiente, después de la carneada, “los cueros se entregaron a los cuerpos para cortar la guasquilla que debe emplearse en la construcción de cabañas”. El 2 de enero, se consignó: “los trabajos de los cuerpos adelantan considerablemente, hoy se dio principio a construir un rancho de 4 metros por 5, con destino a depósito de racionamiento”.
La anotación que corresponde al 6 de enero de 1883 no deja dudas sobre la ubicación de la primera presencia argentina permanente en la zona del Nahuel Huapi. El autor del diario, teniente Oliveros Escola la precisó de esta manera: “La tercera brigada está acampada al Sudoeste del Paso Cabo Campos (río Limay), poco menos de una legua sobre el arroyo Chacabuco, quedando por dicha situación a una legua sobre la costa Norte del gran lago”, es decir, a cinco kilómetros.
La siguiente descripción nos será todavía más familiar. “Nuestro campamento está señalado geográficamente por los siguientes puntos: al Sudoeste, el cerro Salinas, cuyas faldas toca; al Este Sudoeste por el del Carmen (el cerro Villegas del presente), distante 4.000 metros; al Noroeste por las serranías del Limay, sobre las cuales cruza el camino del Collón Curá”. A grandes rasgos, la vista que tenemos ante nuestros ojos siempre que retornamos a Bariloche por la Ruta 40, antes de producirse el descenso hacia el lago.
Adrián Moyano