A PROPÓSITO DEL INFORME DE BAILEY WILLIS
Los bosques se recuperan pero son distintos
Una semana atrás este diario publicó fragmentos del reporte que el geólogo estadounidense elevara al ministro Ramos Mexía en 1913, en el que advertía una drástica merma en las forestas autóctonas. El biólogo Javier Grosfeld continuó la historia, hasta nuestros días.
Si bien es cierto que entre 1880 y 1910 los bosques nativos sufrieron una sensible reducción, desde mediados del siglo pasado se registra un proceso de regeneración en áreas de parques nacionales. El proceso sólo adquiere sentido contrario en derredor de las ciudades, según observó Javier Grosfeld, director de la Regional Patagonia Norte de la APN (Administración de Parques Nacionales). La consulta de El Cordillerano se produjo después de reflotar una semana atrás, el informe que Bailey Willis había elevado al ministro Ramos Mexía en 1913.
En los tiempos del geólogo estadounidense, “lo que pasó fue que entró ganado vacuno. En función de la carga de ganado que hubo en algunos lugares, la regeneración del bosque se vio dificultada. Son los lugares que hoy se ven en el medio de la montaña como pastizales. Parecen campos cultivados… Mucho tiempo después, esos campos fueron invadidos por rosa mosqueta. Pero en los lugares donde la carga de ganado no fue muy elevada, por ejemplo, el valle del Manso, el bosque no tuvo ningún problema en recuperarse”, ilustró el biólogo.
El proceso también se registró “donde se quemó y no entró ganado, por ejemplo, en muchas áreas dentro de Parques Nacionales donde se impidió que ingresara la gente que estaba desde antes”. En esos lugares, “el bosque se recuperó perfectamente. Si se compara el informe de Bailey Willis con la actualidad en el valle del Manso, sólo en las inmediaciones de las poblaciones no hay bosque. Después, en todos lados, de alguna manera, estuvo volviendo”, ratificó.
A mediados del siglo pasado circuló una hipótesis que afirmaba que al producirse calentamiento global “en Patagonia se veía la retracción del bosque por efectos de ese calentamiento. Pero fue refutada por estudios llevados a cabo por la Universidad del Comahue y la Universidad de Colorado, que demostraron que no es así, que en realidad el bosque está creciendo e incluso invadiendo la estepa. Ese es el proceso que uno puede observar en Confluencia (del Traful con el Limay) donde se ve muy bien que el bosque avanza sobre la estepa”, subrayó Grosfeld.
Grosfeld.
Interesante recuperación
Según el investigador, “lo que vio claramente Willis fue el proceso de quema y roza que hubo después del paso de (Julio) Roca y compañía, cuando se abrieron amplias zonas de bosque para ganadería y cultivos. Por ejemplo, lo que sucedió acá en Bariloche, en Península San Pedro o en lago Moreno. Pero es muy interesante ver cómo el bosque se recupera muy rápidamente”, invitó Grosfeld. En efecto, “tenemos fotos aéreas del año 47 que muestran la zona del Moreno, Morenito y Ezquerra, como un pastizal y hoy tenemos bosque. En menos de 60 años, el bosque se regenera si se saca el ganado”, destacó.
Sin embargo, hay otros nubarrones en el horizonte. “En nuestra época compiten muy fuertemente las especies exóticas, especialmente pinos, pero si pudieran sacarse, el bosque se regenera”. Además, “estos bosques están adaptados a quemarse, la mayoría de las especies pueden rebrotar muy bien a partir de raíces o de tocones. Las que no pueden rebrotar son en general de semillas muy chicas pero mientras queden algunas vivas en algún refugio, desde ahí pueden volver a colonizar. Inclusive, ese fue el proceso de regeneración después de las grandes glaciaciones. Sobre todo después de la última, hace 14 mil años, que se dio muy rápida y explosivamente, por el poder de dispersión que tienen las especies de los bosques de acá”, enseñó Grosfeld.
El retorno “se dio naturalmente porque estas especies tienen una alta capacidad de regeneración pero donde se interceptó con altas cargas ganaderas, fue en detrimento. Donde la carga ganadera no fue tan elevada, el bosque volvió. No fue una decisión política, sino la propia dinámica de colonización u ocupación del territorio lo que marcó el desempeño final de ese proceso. Si se quiere ponerle un nombre, es la vuelta del bosque, el proceso de regeneración post Campaña del Desierto o post proceso de colonización inicial que se dio hasta 1940 o 1950, al menos en Patagonia Norte”, periodizó el biólogo.
Para los especialistas, no es tan asombroso que los bosques avancen sobre la estepa, como en el área Traful – Limay. “Es una zona de ecotono, ¿no? Se dan las dinámicas que se suelen dar en los límites. Como hubo una retracción del bosque por los incendios, actualmente está retomando el lugar que tenía previamente. Hay que pensar que hay remanente de bosque cerca de la Ruta 40 a Pilcaniyeu, o sea que en algún momento, los bosques llegaron hasta ahí. Después, con la glaciación fueron para atrás y ahora, ese equilibrio entre el bosque y la estepa se está jugando en esos límites.
En este momento, el bosque de cipreses está avanzando sobre la estepa, muy probablemente porque estuviera ahí antes del informe de Bailey Willis”, razonó Grosfeld. A veces hay que dar buenas noticias.
Los impactos son puntuales
La percepción común, que se nutre de observaciones cotidianas, puede conducir a equívocos. El fenómeno de la desforestación “es meramente urbano. Nahuel Huapi tiene 710 mil hectáreas y el impacto es alrededor de Bariloche, ni siquiera alrededor de Villa Mascardi o de Villa Traful. En los lugares donde más impacto hay es alrededor de estas nuevas villas que se están abriendo, por ejemplo, Villa Huechulafquen o Villa Lago Hermoso.
Los impactos siempre están asociados a estos loteos pero cuando uno mira a toda la geografía de un parque nacional, con 700 mil hectáreas en Nahuel Huapi y más de 400 mil en Lanín, se da cuenta que son muy puntuales”, aclaró Javier Grosfeld, director de la Regional Patagonia Norte de Parques Nacionales.
Incluso, podrían abrirse nuevas perspectivas. “Lo que tenemos ahora es un bosque joven, que tiene menos de 100 años y se está expandiendo. Son lugares donde ese bosque puede ser manejado de forma sustentable manteniendo los servicios ambientales, ya sea obteniendo leña o preferentemente, madera de calidad con alto valor agregado. Parques Nacionales nunca hizo eso pero llegó el momento en que se puede empezar a discutir. Esto último es una opinión personal, porque el bosque sigue creciendo”, advirtió el especialista.
Sin embargo, no todas las perspectivas son halagüeñas. “El tema es que no es el mismo que antes, son los llamados neo-ecosistemas. Por ejemplo, en los bosques actuales del norte de la Patagonia sucede que tenemos todos los componentes, como el ciprés, el coihue, el ñire, el raulí, el roble o la araucaria, pero también nuevos componentes como el pino, la retama, el arce o el sauce”, repasó. “La araucaria sí tiene un problema de regeneración porque están las especies exóticas como el jabalí, que depreda mucho sobre las semillas. Y en los últimos 30 o 40 años, se ve claramente como todos los ríos del norte de Patagonia fueron invadidos por sauces exóticos, por bosques en galería”.
En definitiva, “tenemos nuevos ecosistemas que tienen otras características, con otros componentes que funcionan de una manera completamente distinta a los anteriores. Cuando las exóticas son invasores, compiten tan fuertemente que probablemente, dentro de 30 o 40 años, los bosques del norte de Patagonia tengan otra configuración estructural pero también otra dinámica. Todavía no sabemos cuáles van a ser los roles del cambio climático y del fuego. El fuego como expresión del cambio climático, ¿no? Son de esperar incendios cada vez más severos a medida que las condiciones de sequía se acrecienten”, pronosticó. Difícil, pero ojalá se equivoque.
Adrián Moyano