EL NOMBRE QUE PREVALECIÓ ES MÁS ORIGINAL
Hubo tiempos en que la Península Quetrihué se llamó Beatriz
Es uno de los rincones más hermosos y visitados del Parque Nacional, ya que alberga al Bosque de Arrayanes. A comienzos de siglo XX fue propiedad privada y su dueño le impuso el nombre de su esposa. Otro propietario se inclinó por el actual.
La excursión que por vía lacustre conduce al Bosque de Arrayanes y Península Quetrihué figura entre las más tradicionales del quehacer turístico. Pocos saben que, durante un tiempo, ese espacio geográfico llevó el nombre de Beatriz, homenaje que quiso prodigar a su compañera un esposo quizá demasiado enamorado. Un mismo vocablo designa tanto al conjunto de la península como a la punta que marca su extremo sur y al parecer, no tiene origen histórico, como podría suponerse al tratarse de una palabra en idioma mapuche.
En su “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi”, Juan Martín Biedma consignó la historia nominal de sitio tan visitado. “Este nombre indígena lo traduce Vuletin como ‘Donde hay arrayán’ aludiendo al hermoso bosque de estos árboles, verdadera maravilla del Parque Nacional y de fama mundial”. Cabe recordar que el trabajo de Biedma se publicó por primera vez en 1967, antes de la explosión poblacional y turística de los 80. Tal vez, aquello de “fama mundial” fuera más bien una expresión de deseos antes que una realidad, alrededor de medio siglo atrás.
No obstante, “Rodríguez Reynoldi da como traducción ‘lugar de patos’ por los quetros o patos vapor”, consigna el texto del autor. En tanto, Alberto Vuletin tradujo a la palabra “quetri” como equivalente a tan venerable árbol y a “hue” como lugar. Pero Reynoldi asumió que arrayán se dice “collimamill” en mapuche, voz que tradujo como “tronco bermejo”, en coincidencia con la tonalidad de su corteza. Añadimos nosotros que la versión que se impuso con el tiempo es que la admitió Rodolfo Casamiquela, quien en su “Toponimia indígena de la provincia de Neuquén” precisó que correctamente, debería decirse o escribirse “kütriwe”.
Pero volvamos a Biedma y la historia toponímica del lugar: “varios nombres tuvo antes de su actual y dual denominación. Albarracín en su mapa la llama ‘Península del León’ y F. Fonck la llamó ‘Península Mascardi’ para perpetuar la memoria del ilustre misionero jesuita en algún accidente del lago próximo al lugar donde estuvo la misión”. Recordemos por parte nuestra que el médico chileno nacido en Alemania Francisco Fonck, conformó una expedición al Nahuel Huapi en 1856, cuando nadie había impuesto aún el apellido del sacerdote al lago que los mapuche llaman Relmü Lafken (Lago del Arco Iris o de los Siete Colores). Además, Fonck vio a la península en cuestión de lejos, porque solo desembarcó en la Península San Pedro, después de partir desde Puerto Blest.
Según la reconstrucción de Biedma, “el doctor Juan O’ Connor, propietario que fue de la península, la llamó Beatriz por el nombre de su esposa, y a las dos lagunitas interiores, las actuales Hua Huan y Patagua, May y Dora por sus hijas. El actual nombre se lo dio otro propietario de la península, don Antonio M. Lynch”, asevera el recuento del investigador porteño. Quizá Lynch solo restableciera el original.
El ingreso desde Villa La Angostura a Península Quetrihué.
Quinchahuala, el de la calle
Para los y las barilochenses del siglo XXI, Quinchahuala es una calle del barrio La Cascada que transcurre de sur a norte e intersecta a la Avenida Bustillo, pero en tiempos idos la misma palabra designaba a un “puerto natural ubicado en la costa del lago Nahuel Huapi, frente a la isla Huemul”, cuando todavía la arteria coincidía con la Ruta 237 y era jurisdicción de Vialidad Nacional. Según Biedma, “Quinchahuala indica el sitio en que se levantaba la toldería del cacique homónimo, lugarteniente de Shaihueque”.
Su apreciación se basa en aportes del perito en Límites: “cuenta Moreno que en su primer viaje a Nahuel Huapi, en 1876, que el Consejo de guerra convocado por Shaihueque, en el llano de Quemquem-treu, le negó autorización para pasar a Chile y que invitado por Nancucheo fue a pasar unos días a su toldería”. Sigue el texto del antecesor de Parques: “De regreso a Caleufú, encontré a Shaihueque ebrio, que festejaba la visita de Quinchahuala (el cacique del engrudo). Mi compadre había desconfiado de mí durante mi ausencia por noticias traídas por indios aucaches. Hubo de oponerse a mi viaje a Nahuel Huapi, aconsejado por Quinchahuala, quien se puso más tarde de mi lado, después de su famoso convite”.
El propio Moreno describió la invitación culinaria que en su opinión se convirtió en famosa, aunque en realidad era de uso corriente en las tolderías mapuches del siglo XIX. “Creo que gané la simpatía (de Quinchahuala) por haber aceptado de él y comido sin repugnancia aparente, un plato de harina de maíz con sangre y mondongo crudo, con lo que puso a prueba mi decantada amistad. Tales alimentos eran naturales en ese medio y el estómago se adapta más de lo que se cree a las circunstancias”. El relato está en “Reminiscencias”, el libro que su hijo Eduardo publicó en las primeras décadas del siglo XX y que reeditara EUDEBA en 1979, al cumplirse un siglo de la Campaña al Desierto.
¿Por qué “cacique del engrudo”? En este punto, Biedma se basó en aseveraciones de Guillermo Guerrero Estrella, quien en “Donde se empina la Cruz del Sur”, escribió: “cuéntase que Quinchahuala, llegado el tiempo en que ya no podía regalar pan a los indios menesterosos, les daba por lo menos harina y agua, para que hicieran su avío. De ahí su apodo de Cacique del Engrudo con que se lo designó”.
En tanto, Biedma consignó que “la traducción de este apellido indígena sería según Wilhelm de Moesbach y Meyer Rusca ‘Pareja de hualas”. Es el significado que asume el historiador mapuche williche contemporáneo Eugenio Alcamán, al provenir la palabra de “kiñerün”, juntamente o juntos y de “wala”, ave acuática o zambullidora. De paso, sumemos nosotros que el apellido Quinchahual está vigente y presente en vecinos de Bariloche, por ejemplo, en el barrio Virgen Misionera.
Era Morales
La laguna que se encuentra entre el lago Moreno y el brazo Campanario del Nahuel Huapi no siempre se llamó El Trébol. La denominación actual se justificaría porque según Juan Martín Biedma, “su contorno semeja un trébol”.
Su “primitivo nombre fue lago Morales, por don Emilio B. Morales, primer escritor y divulgador de las bellezas del Parque Nacional Nahuel Huapi”, indica el autor al que recurrimos, en su “Toponimia”.
Esa es la designación que aparece en el mapa que legó Emilio Frey, que precisamente aparece incluido en un libro de Morales: “Lagos, selvas y cascadas”. Según Biedma, “entre los años 1919 y 1923 efectuó tres expediciones a la zona de los lagos argentinos, desde el lago Huechulafquen, en el Neuquén, hasta las inmediaciones del lago General Paz, en el Alto Chubut. Escribió varias obras profusamente ilustradas, con descripciones e itinerarios, exaltando la belleza de regiones, en esa época muy poco conocidas por los argentinos”.
Además de la obra que ya mencionamos, Morales publicó “Nahuel Huapi” y “Bellezas andinas, montes, lagos, cascadas y nevados”. Para completar, digamos que en cercanías de la laguna El Trébol -atractivo que compone el tradicional Circuito Chico- se produjo el hallazgo arqueológico más trascendente de Bariloche, al encontrarse vestigios de actividad humana que se dataron en 9.600 años antes del presente. Frente a esa extensión temporal, los míseros 117 años que contabiliza la ciudad equivalen a una exhalación.
Laguna El Trébol. Antes se llamó Morales.
Adrián Moyano