EL FORMATO SE CONSOLIDÓ Y VA POR MÁS
Adrián Candelmi festeja cinco años de Pechakucha Nights
La primera edición fue en mayo de 2014 y la más reciente, dos semanas atrás. El acontecimiento está firmemente instalado en Bariloche y a pesar los nubarrones económicos generales, no piensa aflojar.
La edición que tuvo lugar dos semanas atrás marcó cinco años de Pechakucha Night en Bariloche, excusa para intentar una suerte de balance con Adrián Candelmi, quien importó el formato a esta ciudad. Lejos de amilanarse por la difícil situación económica y la retracción general de la cultura, el organizador destila satisfacción y dio por sentada la continuidad del acontecimiento, aunque siempre campee la incertidumbre.
Fue “un lustro muy lustroso”, bromeó el diseñador gráfico. El aniversario encontró a la Pechakucha “muy en ascenso, la verdad que el número 15 fue un broche muy lindo para esta primera etapa de cinco años. Recuerdo que arrancó muy bien, muy arriba, aquella primera noche: el 27 de mayo de 2014, con localidades agotadas en la previa. La gente estaba sorprendida con eso tan raro, ¿qué era ese tipo de charlas?”
Con la sucesión de noches, “se volvió a dar una cosa cíclica y la última vez, casi se dio esa misma magia. Vino mucha gente por primera vez, arrastrada quizá por los distintos oradores, que eran muy variados. Fue muy potente y con una gran expectativa hacia la continuidad, porque el formato ya gusta, se aceptó que sea corto y deje con ganas de más”. Además, “es un gran lugar de reencuentro de la movida cultural barilochense, que era un poco lo que yo quería lograr”, admitió Candelmi.
Por otro lado, “también está esa cosa de ¡uy! Me lo perdí. Los que no pueden estar lo lamentan porque saben que algo pasa y todos disfrutamos, los que están arriba del escenario, los que están abajo y los que lo hacemos, así que estoy muy contento”, subrayó. Y vaya si pasó agua debajo del puente entre 2014 y 2019. “Creo que ahora hay más cosas pero también, algunas cosas menos. Hay más gente joven haciendo cosas”, ejemplificó.
En efecto, “cuando empezamos con Pechakucha no estaban las charlas Ted ni Mecha, otras experiencias que surgieron y que están buenísimas. Fue como hacer de punta de lanza o acompañar movidas como el FAB, que ya existía. Sí me gustaría que estuviera más potente la cultura desde los organismos oficiales, un poco más de apoyo para algunas movidas pero en el caso nuestro, lo hacemos y lo hacemos sin ningún tipo de apoyo”, resaltó el impulsor.
Juventud maravillosa
Esa independencia “así está pensada, funciona solo con el apoyo de la gente que saca su entrada. Todo se retroalimenta y otra cosa, es que en el perfil de los oradores estoy pudiendo incluir a gente más joven y eso me gusta porque al principio, eran un poco más clásicos o consagrados y con un promedio de edad más alto. Ahora, tanto en el público como en los oradores se nota una cosa joven”, destacó Candelmi.
Recordemos que en Pechakucha, el tiempo para exponer es muy limitado y se vincula con un número también escueto, de imágenes que el expositor puede proyectar. Ante el convite, “generalmente, pasó lo mismo. Primero la aceptación del orador y después, la zozobra que aparece cuando se empiezan a pasar del tiempo que les había dado para la entrega (por anticipado del material). Ahí noto que pensaban que era re-simple pero cuando se empiezan a preparar se dan cuenta que no. Para personas acostumbradas a conferencias o a charlas en universidades, acotar todo tanto es un gran desafío y lo aceptan de buen modo”, señaló el organizador.
Una vez superado el trance, “agradecen porque les permitió sintetizar un montón de cosas que quizá tenían dando vueltas o encarar una forma de comunicación distinta a la que estaban acostumbrados. Las imágenes van conduciendo pero a veces, el discurso propio también se modifica y eso está bueno, empiezan a aparecer otras puntas para encontrarse en el lugar donde están produciendo lo que hacen. Así que yo agradezco pero termino muy reconfortado porque me agradecen la convocatoria a este desafío, que a ellos los replantea en su propia vida profesional”, ejemplificó.
Obviamente, quien más se modifica con las Pechakucha Nights es el propio Candelmi. “Viste que yo soy muy fan de mi hijito Lorenzo, que nació dos semanas antes del primer Pechakucha, entonces está muy ligado y en la última noche lo dije: Lorenzo es como Pechakucha, chiquito pero está creciendo, despierta un montón de cosas y mi corazón está metido ahí. Para mí, Pechakucha es muy fuerte en mi relación con Bariloche, es una de las cosas que me motiva, acerca y que disfruto. Cuando llega Pechakucha, la paso bárbaro”, confió.
Con la experiencia que acumula, “cada vez están menos los nervios, aunque siempre están, pero está hecho con muchas ganas y amor. Hay un gran equipo también y todos los que hacemos Pechakucha, disfrutamos de ese momento y a mí particularmente, me llena de satisfacción. Conozco gente distinta y está la oportunidad de generar más cosas, que siempre fue mi objetivo: conocer gente creativa para hacer algo. Y ahora eso se está dando, así que tiene un rico sabor para mí. Me hace sentirme bien en Bariloche”, compartió el diseñador y docente. Y Bariloche se siente un poco mejor con las Pechakucha Night.
Alegría arriba y debajo del escenario.
El próximo, en septiembre
La consolidación y aceptación del formato no alcanza para soslayar los avatares económicos que siempre nublan todo horizonte. El riesgo existe “todo el tiempo (risas), porque Pechakucha no es un negocio. Los organizadores desde Tokio, plantean que no tiene que ser tu fuente de ingresos y para mí no lo es. A veces tuvimos pérdidas porque quizá, ves el lugar lleno pero hay mucha gente que es invitada y por ahí lo que se recauda, es una cifra que llega a cubrir el costo de pasajes y de organización”, explicó Adrián Candelmi.
De forma indudable, “la crisis atemoriza y te pone en un lugar de replanteo pero también, la mayoría de los invitados que vienen de afuera son amigos. Por otro lado, está pasando que vienen muchos periodistas, algunos que fueron oradores o porque les gusta el formato y disfrutan. Está pasando lo que yo quería que pasara hace cinco años: que fuera rodando y funcione. Ya está, ya es. Pechakucha es y entonces, sigue. Probablemente, en septiembre”, avisó. Candelmi no tiene necesidad de esperar a los sucesos de octubre.