2019-05-23

DATA DEL SIGLO XVIII

El proyecto de corredor bioceánico es más viejo que la escarapela

Dieciséis años antes de la Revolución de Mayo, Francisco de Viedma intentó demostrar que navegar el río Negro era posible y exhortó a sus superiores a construir un camino que partiera de la actual Carmen de Patagones para llegar hasta la costa del Pacífico.

La apertura de un camino que uniera la actual costa rionegrina con Valdivia fue planteada como necesaria hacia 1784 por Francisco de Viedma, que en esos tiempos ya estaba destinado en el Alto Perú. El funcionario español formuló su propuesta en la “Memoria” que le dirigió al marqués de Loreto, por entonces virrey y capitán general de las Provincias del Río de la Plata. Sin embargo, casi dos siglos y medio más tarde, la historia del corredor bioceánico no termina de escribirse.

“La navegación del río Negro no se nos presenta imposible sino dificultosa”, proclamó Viedma, cuando todavía estas tierras permanecían ajenas a la soberanía española. Su testimonio fue incluido en la “Colección de Obras y Documentos relativos a la Historia Antigua y Moderna de las Provincias del Río de la Plata”, que publicó en 1836 el historiador partidario de Rosas, Pedro de Ángelis.

Su narración se denominó “Memoria dirigida al señor marqués de Loreto, virrey y capitán general de las Provincias del Río de la Plata, sobre los obstáculos que han encontrado y las ventajas que prometen los establecimientos proyectados en la costa patagónica”. En general, Viedma trataba de convencer al virrey sobre la necesidad de afirmar la presencia colonial en zonas que a fines del siglo XVIII, aparecían como misteriosas y lejanas para los habitantes de Buenos Aires.

En primera instancia, Viedma fustigaba las conclusiones a las que había arribado Basilio Villarino, quien había llegado hasta Catapuliche, actual río Collon Cura. “La navegación que hizo Villarino fue en la estación más contraria.

Los cuarenta y cinco días que se detuvo en el Choele-Choel esperando víveres para continuarla, le atrasó el tiempo, de modo que cuando llegó a la confluencia que hace el Diamante (se refiere al Neuquén) con el río Negro habían bajado las aguas, en términos que causaron lo penoso de su navegación”.

Según el informante, “esta falta descubrió saltos y arrecifes, y su vencimiento fue la mayor dificultad. Si se hubiese salido a este reconocimiento por el mes de julio, que es el tiempo en el que principian las crecientes y duran hasta marzo, sería menos dificultosa y más suave; no se descubrieran tanto saltos y arrecifes, y los canales no causarían tan vehementes corrientes, originadas de lo angosto de ellas, pues con la mayor agua se extiende el río y evita el ímpetu de sus efectos”.

Crítica

Muy crítico de su entonces subordinado, Viedma sostenía que “es característico de todo descubridor ponderar las dificultades y trabajos que ha vencido para hacer valer su mérito, y aún sin faltar a la sinceridad y buena fe, aquellas primeras impresiones suelen causar en el hombre distintas apariencias a proporción de los afectos en que lo cogen. No sería extraño que a Villarino y los suyos las soledades de aquellos parajes, falta de comunicación y otros acasos, les produjesen un afecto o pasión odiosa que en su imaginación elevase a encumbradas montañas de dificultades las colinas o barrancas accesibles”.

En definitiva, para el hombre del rey “la navegación del río Negro no se nos presenta imposible sino dificultosa: esto es accesorio a todos principios, pues las mayores facilidades que despreciamos en el día, en su origen costaría mucho trabajo y vencimiento. El tiempo y la demostración práctica de lo importante de esta entrada y camino, subsistiendo el establecimiento del río Negro han de dar luz a ir preparando y allanando tanto horror, tanta dificultad como se aparenta, extendiendo sus poblaciones río arriba, que servirán de escala a su comodidad; prepararán mayores intereses al comercio; contendrán el atrevimiento de los indios en los insultos y robos que experimentan las fronteras de Buenos Aires, serán los cimientos más sólidos en que se han de fundar las esperanzas de reducir estos infieles habitadores de los vastos y fértiles terrenos que componen el Huechuhehuem y faldas de la cordillera hasta la Concepción de Chile”. Con ese nombre se conocía a fines del siglo XVIII al lago que en el presente llamamos Huechulafquen.

Asimismo, rebatía Viedma la supuesta condición infranqueable de la cordillera de los Andes. “Son igualmente transitables desde Huechuhuehuem o Catapuliché, por el Portillo, a los indios y ganados que conducen. La prueba que doy a esta afirmativa es la uniforme contestación de los indios habitadores de aquellos parajes, a quienes he preguntado con prolijidad repetidas veces, cuyas noticias se fueron comprobando con los descubrimientos de Villarino; ya con haber encontrado cerca del río Diamante (siempre se refiere al Neuquén), el ganado vacuno y caballar que llevaban los indios hurtado de las fronteras de Buenos Aires, para vender a Valdivia”. La escarapela que después de convirtió en argentina data de las jornadas revolucionarias de 1810. La idea del corredor bioceánico por el norte de la Patagonia, es más vieja aún.

Camino bimodal

En su informe, el español sostenía que “no podemos dejar de conocer, que nos presenta la naturaleza los dos caminos que llevo propuesto por agua y por tierra a dicha plaza y reino de Chile: pues en los tiempos oportunos no solo se puede navegar como llevo demostrado al paraje donde llegó Villarino, sino de la laguna Huechum-lauquen, o del límite de donde nace el río, que está a un día de camino más distante. Desde este sitio a Valdivia echan los indios en mula tres días, por la aspereza de la montaña: tránsito muy corto, comparado con el que media por Mendoza a Chile, que nos franquea menos gastos y otras comodidades”.

Según el autor de la Memoria, “desde el establecimiento del Río Negro (luego Carmen de Patagones) a la laguna Huechum-lauquen por tierra, su distancia aun no llega a 160 leguas: hasta la punta del Diamante se puede abrir camino muy cómodo para carretas, por la orilla del mismo río, cuyas aguadas es el mayor socorro y alivio del ganado. A este sitio puede conceptuarse 120 leguas: desde él a dicha laguna 40, y desde ésta a Valdivia 20; de modo, que siendo toda la distancia 180 leguas, las 120 es camino carretero muy suave y cómodo; las 40 con el tiempo tal vez se pondrán en igual disposición, aplicándoles a suavizar algunos malos pasos; y las 20 restantes es el único malo que hay que transitar. Pero según lo explican los indios, no tiene aquellos voladeros y precipicios que el de Mendoza a Chile”.

En síntesis, decía Viedma: “Compárese, pues, lo dilatado de éste (Mendoza-Santiago) desde Buenos Aires, que pasa de 500 leguas, lo penoso y arriesgado de la travesía de sus pampas, por la escasez de agua e indios, con lo corto y suave del que puede abrirse por el río Negro, y de la seguridad de estos infieles, tomadas sus principales avenidas y puestos, que es otro de los asuntos que más importa a la prosperidad de Buenos Aires, como demostraré en su lugar, por medio de las expresadas poblaciones”. Pero aún hoy, la antigua capital virreinal da la espalda a esta región.

Adrián Moyano

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