Vuelven las charlas de Horacio Bollini sobre arte y pensamiento
Como docente de IUPA, el investigador en Historia del Arte y escritor se la pasó viajando en los últimos nueve años. Afortunadamente, encontró un resquicio para retomar actividades en Bariloche. Libres y gratuitas.
Después de casi una década de silencio en Bariloche, Horacio Bollini retoma la grata costumbre que había instaurado más tiempo atrás: el próximo jueves (23 de mayo) se iniciará el ciclo de charlas que tituló “Arte y pensamiento. De occulta philosophia”. Los encuentros se llevarán a cabo en el auditorio del CONICET Patagonia Norte (Pioneros 2350). En conjunto serán seis, a razón de uno por mes, con el impulso del Instituto Universitario Patagónico de las Artes (IUPA).
“Es un ciclo anual que empieza el 23 de mayo y se enmarca dentro de una propuesta de extensión del IUPA para la zona cordillerana, encuadrada en Estética de la Imagen, Filosofía, Historia del Arte y otras inquietudes”, introdujo el docente y también investigador. “En este caso, la propuesta fue bien recibida por el CONICET”, celebró. Puede ampliarse en Facebook en la página del IUPA Bariloche.
En líneas generales, la propuesta “consiste en charlas abiertas a todo público pero también con interés específico para docentes o estudiantes universitarios”, puntualizó Bollini. “Tocan inquietudes de investigación y textos en los que estoy trabajando actualmente, por ejemplo, la segunda charla del ciclo (27 de junio) va a estar dedicada a un cuento de Borges: Funes, el memorioso... Naturalmente, es una excusa para abordar temas del pensamiento medieval como los universales, la discusión sobre qué es la idea o qué lo absoluto y qué es pensar. En ese cuento, Borges se pregunta en qué consiste el pensamiento y dice que pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer e incurrir en generalizaciones”, enseñó el inminente expositor.
Pero el cronograma comenzará el jueves próximo desde las 18. “La primera charla es sobre Arte en el Renacimiento y voy a presentar un libro que nunca presenté en Bariloche: Fra Angelico y el Silencio. Esencialmente, es un texto filosófico. Las imágenes que creó Fra Angelico son ilustraciones teológicas pero no iconográficas, del fondo o del sotobosque teológico”, ejemplificó el especialista. “Justamente, la noción de silencio eterno o la noción de la contemplatio medieval. Como experiencia personal, recuerdo haber mostrado frescos de Fra Angelico ante alumnos que no están acostumbrados a esa vertiente estética y sentir como diría Platón, una anamnesis, como un temblor o escalofrío místico. La obra de Fra Angelico es fascinante”, resaltó Bollini.
Amplitud temática
En conjunto, “todo el ciclo tiene una ilación y creo que es bueno que sea temáticamente variado. Se supone que tenemos que abrir el juego para ofrecer un territorio temático amplio para que haya más interés de la comunidad”, avisó el disertante. “Se trata de volver a hacer cosas en Bariloche después de tantos años, porque hace casi una década que no hacía estos ciclos. Estuve viajando mucho a Roca con la figura del profesor viajero y encerrado bastante en la investigación y publicación”.
En efecto, “en todos estos años publiqué varios libros: una traducción de (Angelus) Silesius; algunos sobre misiones jesuíticas, entre ellos uno sobre el Barroco jesuítico de corte filosófico; Fra Angelico y el Silencio y ahora, uno con el investigador Norberto Levinton, también sobre el tema jesuítico. Además, estoy haciendo un libro sobre los sueños en la Edad Media: qué se soñaba y cómo se interpretaba el mundo onírico en la Edad Media. Si bien (ese contenido) no va a estar en el ciclo, de algún modo siempre se suma la intertextualidad al trabajo”, admitió Bollini.
Como puede advertirse, la predilección del docente e investigador por tiempos pretéritos permanece imperturbable. “Evidentemente, hay algo que me tiene cautivo. Tengo una mirada sobre el arte que no es tan atípica en la contemporaneidad, por ejemplo, se verifica en la obra de (Andréi) Tarkovski, que también tiene una mirada religiosa sobre el arte. Religiosa en sentido amplio, en el mismo sentido que puede tener para los pueblos originarios, es decir, una idea ritualista del arte”.
Esa mirada “no es tan rara, es la idea que prevaleció en el arte en todo el mundo, desde los zulúes hasta Oceanía o entre los quechuas y también en el Medioevo, en el Renacimiento y el Barroco. Cambió radicalmente con la Ilustración francesa, con la idea de laicismo y la idea de progreso, la palabrita con la que termina (Walter) Benjamin su tesis novena: progreso... Ahí hay un puente increíble: cómo Benjamin, en su texto más comentado, misterioso y poético, encuentra en el progreso una fuerte resistencia a su cosmovisión”.
Abundó Bollini que “Benjamin es un pensador marxista extrañamente vinculado a la idea del mesías, a la cábala y a la espiritualidad judía en general, que termina su tesis más conocida con la palabra progreso, palabra tan contraria a los fines esenciales del arte. Por un lado, el progreso implica diacronía, es decir, sucesión temporal... En el mundo occidental triunfante, es decir, el industrial, donde el individuo queda aniquilado, el progreso tiene una connotación claramente negativa, opuesta a la naturaleza y al religare que las formas de arte y mística buscan”, afirmó. Inapelable.
Hasta noviembre
La tercera de las charlas tendrá lugar el 22 de agosto, con el título: “¿Qué es el alegorismo medieval? Un vaivén entre la concepción gótica y la contemporaneidad”. La cuarta (19 de septiembre), se denominará “El pliegue barroco: arte y pensamiento, de Spinoza al concepto barroco en Deleuze”. La anteúltima (24 de octubre) girará en torno a “Estudios estéticos y patrimoniales sobre las reducciones jesuítico-guaraníes. Novedades arqueológicas”.
En esa ocasión se presentará también el libro “Iconicidad jesuítico-guaraní”, que Bollini escribió en conjunto con Levinton. El ciclo cerrará el 21 de noviembre, siempre a las 18 y siempre en el CONICET Patagonia Norte, con “La estética de Theodor Adorno: introducción de tres textos esenciales”. Pero muy probablemente, haya más actividades del IUPA en Bariloche, según permitió entrever Horacio Bollini.
Adrián Moyano