2019-05-02

BARILOCHE EN 1902

El origen vino del oeste

La suerte inicial del poblado se asoció íntimamente a la perspectiva de los colonos alemanes de la zona de Llanquihue. Las redes comerciales que aquí se extendieron, tuvieron como meta facilitar el cruce de ganado hacia las poblaciones chilenas del sur.

El 3 de mayo de 1902 en San Carlos de Bariloche no pasó gran cosa. Ese día, las novedades de interés para el poblado tuvieron lugar a 1.700 kilómetros de distancia, al hacerse público el decreto que con la firma de Julio Roca y Wenceslao Escalante, oficializó la existencia de la Colonia Agrícola Nahuel Huapi. En realidad, fue un acto jurídico, ya que las poblaciones que habían surgido sobre las costas del lago, databan de 15 años antes.

La decisión gubernamental ordenó reservar 400 hectáreas para la creación de pueblos. Además de Bariloche, debían levantarse en Villa La Angostura y Brazo Rincón. En la región en su conjunto, después de la finalización de las campañas militares las actividades económicas se dirigieron hacia el Pacífico, donde hacía rato florecían Puerto Montt, Osorno y Valdivia. A comienzos del siglo XX, Buenos Aires quedaba lejísimos.

Lejos del perfil turístico que hoy se naturaliza, los primeros desarrollos económicos de importancia tuvieron que ver con la explotación de los ganados ovino y bovino. El segundo aumentó en forma considerable desde principios de siglo y se convirtió en demanda central desde el sur chileno, no solo para el consumo de su mercado interno, sino también para su exportación hacia puerto del Pacífico e incluso, Europa.

La historia se conoce: la Argentina siempre prefirió exportar materias primas, en lugar de añadir valor agregado en origen. Los albores de Bariloche no fueron la excepción, porque desde aquí cruzaban las tropas de ganado para que del otro lado de la cordillera se trabajara en manufacturas: curtiembres, saladeros, graserías, jabonerías, textiles y demás. Puede adivinarse dónde quedaban las tajadas más generosas…

Para que desde aquí se pudieran exportar lanas y ganado en pie, fue necesario el funcionamiento de una extensa y firme red comercial que extendieron inversores y otros empresarios, cuyas bases de operaciones se situaban en las localidades trasandinas. Bajo su influjo, San Carlos de Bariloche se erigió en centro de distribución de bienes y servicios para los habitantes del oeste rionegrino y para las demás nacientes poblaciones lacustres.

Como supo suceder en el conjunto de los Territorios Nacionales, la política que siguió el Estado a la hora de distribuir la tierra pública, favoreció el acaparamiento y la especulación. Desde 1895, los nuevos pobladores de la zona se asentaron en cercanías del fuerte Chacabuco y en las orillas del Nahuel Huapi. Los primeros inmigrantes de origen europeo no llegaron desde Buenos Aires, sino desde el sur chileno.

Enérgicos moradores

Aquellos forasteros disfrutaron de situaciones de clara ventaja, en desmedro de las poblaciones mapuches cuya relocalización dispuso el lejano gobierno nacional. Hacia 1896, escribía Francisco Moreno para el diario “La Prensa” de Buenos Aires: “El 6 de marzo llegamos a la reina de las napas lacustres andinas, el hermoso Nahuel Huapi, donde recibimos la más franca acogida de los enérgicos moradores… En una de las láminas está representadas la estancia del señor Jones en la orilla Norte y la chacra del colono Tauschek en la orilla sur, cuyos cultivos y productos pastoriles tienen ya fama entre los colonos alemanes de Llanquihue”. Unos 14 años antes, de esos mismos campos había sido desalojado el lonco mapuche gününa küna Inakayal por tropas al mando de Conrado Villegas.

A pesar de la marcada impronta alemana, uno de los primeros que se benefició de la conquista fue el estadounidense Jorge Newbery. Se sabe que en 1891 arrendó 15 mil hectáreas al sector público y que dos años después, las solicitó en propiedad como amortización para los certificados de Premios Militares por la campaña al Río Negro. Desde ya, no había participado de las acciones, simplemente había comprado esos papeles. Se hizo propietario en 1899.

Un mecanismo similar permitió que Jarred Jones se hiciera de 10 mil hectáreas. De origen tejano, se había instalado en 1899 sobre una fracción en la costa del lago. Previamente, había participado de las comisiones que habían trabajado para demarcar los nuevos límites entre Chile y la Argentina y a partir del conocimiento que adquirió, solicitó el área, también a través de los certificados de Premios Militares.

Por su parte, los alemanes que llegaron a Nahuel Huapi desde Chile, habían arribado al país vecino después de la ley que promovió la colonización, iniciativa del presidente Manuel Bulnes en 1845. Después de la Pacificación de la Araucanía, es decir, de la invasión chilena al territorio mapuche hasta entonces libre, se produjo una segunda oleada migratoria, que se extendió entre 1883 y 1890. La afluencia se notó sobre todo en las regiones Novena y

Décima, aunque también en las provincias de Cautín y Malleco. No por nada, las dos últimas son junto a la provincia de Arauco, los escenarios descollantes del mal llamado “conflicto mapuche”.

Si bien se asentaron del otro lado de la cordillera suizos, alemanes, españoles, franceses y gente de otros orígenes, fueron los segundos quienes más se interesaron por la región del Nahuel Huapi y apostaron a una complementación económica con la zona de Llanquihue. El perfil original de Bariloche miró hacia el oeste y por bastante tiempo, ignoró a la Pampa Húmeda. Estigma que a pesar del paso del tiempo, queda como huella indeleble.

Fuente: Méndez, Laura (2010): “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche”. Prometeo Libros. Buenos Aires.

Al principio, 150

Tres años antes de la formalización del poblado, el ingeniero Carlos Martínez realizó mensuras y relevó a la población que existía a orillas del Nahuel Huapi. Según su recuento, la cantidad de habitantes se limitaba a 150 personas de origen indígena o chileno, con hábitats cercanos a los lagos y arroyos. La principal actividad económica era la ganadería pero en particular, el engorde y cuidado de hacienda de propietarios chilenos.

La propiedad más extensa y que más inversión de capital denotaba era la del alemán-chileno Federico Hube, en cuya casa principal residían 12 personas. Hube era empleador de otras 14 personas, entre ellos, el capitán del vapor que poseía sobre las aguas del lago y su respectiva familia. El perímetro de la primera demarcación con fines urbanos no iba más allá de 100 hectáreas, con el Nahuel Huapi como límite norte.

Adrián Moyano

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