Ivonne Bordelois, la vida por el lenguaje
“Luisa y yo somos buenas amigas como escritoras. No recuerdo exactamente cuándo nos conocimos pero es ese tipo de gente con la cual uno siente que desde siempre”, admitió Bordelois en la casa de su anfitriona. “El año pasado presenté su último libro (‘Foto grafías’) en Buenos Aires, en esa ocasión nos conversamos y me dijo que podía venir. Yo tuve un año bastante trajinado y bueno, estamos acá, hablando de libros y de poesía, del pasado y del futuro”.
Aquel despliegue reciente tuvo que ver con el inconveniente que mencionábamos. “Me rompí un brazo, quedé un poco en hibernación y después se acumuló todo el trabajo que no pude hacer durante la época de la crisis. Entonces, al final del año hubo mucho traqueteo, estoy preparando un par de libros y hay un congreso en Puerto Rico de la Academia de la Lengua, así que tengo mucho por hacer”, anticipó la autora de “El país que nos habla”.
Cuando El Cordillerano preguntó si las tareas pendientes tenían que ver con el ensayo, la crítica o la poesía, Bordelois sonrió amigable. “Soy una sola persona, hago todo junto porque lo fundamental siempre es el lenguaje. Escribo poesía o un ensayo sobre el lenguaje… Estoy yendo al VII Congreso (Internacional) de la Lengua (Española) en Puerto Rico para hablar del lenguaje, que es el tema de mi vida”, subrayó.
Pocos terrenos tan resbaladizos en la actualidad, como precisamente la comunicación, las cosas que se dicen y las que no. “Estamos cambiando mucho, sobre todo me parece que está afectado el ritmo del lenguaje: la velocidad electrónica no es la misma que la biológica natural. Me parece que hay un tironeo dentro de nosotros mismos, entre los instrumentos que se nos proponen para comunicar y esa pulsión fundamental que nos dan la lengua, es decir, nuestra biología o nuestras cuerdas vocales para hablar. Creo que en ese drama entre ritmos contrapuestos, es decir, la electrónica que nos está acelerando muchas veces en contra de nuestra propia acción y lo que es el ritmo normal del lenguaje, hay mucho para considerar y me parece que está quedando un poco afuera de la atención de los filósofos y los epistemólogos”, reclamó Bordelois.
Velocidad inmutable
Reforzó sus impresiones con el parecer de otro grande. “Hay un artículo de Ricardo Piglia sobre la lectura, en el que dice que los métodos de lectura se han acelerado muchísimo últimamente pero que la velocidad de la palabra es inmutable. Tienen el peso y la longitud que tienen y la necesidad de espacio fónico para desarrollarse y eso no varía. Entonces, ese drama se intensifica”, insistió.
No es la primera vez que la humanidad afronta una encrucijada de esta índole. “Cuando llegó la imprenta cambió algo en la manera humana de atender al lenguaje. Lo que pasa es que hay también una derivación política y sociológica porque mucha gente se queda afuera… Cuando aparece el libro, estalla una nueva neurona en el mundo comunicacional y aparecen nuevas formas de cultura, aparecen las bibliotecas, la posibilidad de registrar una cultura a través del papel como hicieron los monjes de la Edad Media, etcétera. Pero al mismo tiempo, por ejemplo, las mujeres quedaron relegadas al orden del analfabetismo y se demoró muchísimo el momento de ingresar a esa cultura. Ahora me parece que también: estamos orgullosos de nuestros adelantos tecnológicos porque todos los días sale una nueva Tablet cada vez más rápida pero hay un montón de gente que ni siquiera llegó a la máquina de escribir. Entonces, se produce una brecha muy trágica dentro la cultura humana que debería tener un mayor reconocimiento y preocupación en los que somos los encargados de la comunicación”, pidió Bordelois. Al menos, ella ya tomó cartas en el asunto.
Catástrofe de la sensibilidad
Es igualmente visible la brecha que existe entre las generaciones precedentes y las más jóvenes al acelerarse la carrera que plantea la tecnología. “Hay una especie de disputa entre los viejos y los jóvenes… Los jóvenes siempre quieren más rápido y mayor extensión de comunicaciones”, concedió Ivonne Bordelois. “Y también hay otro drama: ¿qué se entiende por comunicación? Cuando aparece un fenómeno como Facebook y alguien dice: tengo un millón de seguidores… Los que somos viejos, que estábamos contentos con decirnos: tenemos 10 o 12 amigos que queremos mucho o 7 y ya nos parecía una maravilla, de golpe nos damos cuenta de que el concepto de amistad va cambiando. Hay una diferencia entre amigo y seguidor que se ha vuelto muy dramática. Nos gustaría legar a nuestros hijos el concepto de amistad más íntima, más regalada, más tranquila que teníamos y bueno, no podemos. Hay otra manera de comunicar que es mucho más horizontal y no vertical. No en lo profundo”, lamentó la lingüista y poeta.
¿Es posible asignar valor a los cambios que se producen tan rápido y que por eso, son difíciles de procesar? Bordelois es tan prudente como concluyente: “creo que todavía es muy temprano para evaluar la extensión de la catástrofe (risas) pero lo veo como una especie de catástrofe de la sensibilidad. Aunque siempre se dice y es verdad, que hay otras formas de sensibilidad que están viniendo y hay que esperar. Se ve también en la música, en las formas de vestirse, de viajar, etcétera”.
Profundizó su parecer cuando pensó en voz alta: “No sé si hago bien, pero lo ligo a veces con una especie de afán de sustituir la inmortalidad. Antes era la fama la manera de hacer retroceder la barrera de la muerte, creo que hoy día lo que se busca es la mayor extensión posible de nuestra capacidad de comunicación, como si eso fuera garantía de nuestra permanencia o existencia. Es como un cambio de acento: en vez de irnos al futuro, nos vamos a lo diverso, a la extensión infinita del universo, con más seguidores y gente que nos lee en Facebook”, comparó. ¿Será tan efímera como el afán anterior?