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ESTUVO UN PAR DE DÍAS HACE 150 AÑOS

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25/01/2026

¿Qué vio Francisco Moreno cuando se asomó al Nahuel Huapi?

Algunas de las descripciones que legó el explorador se podrán reconocer fácilmente, otras evidencian las modificaciones que sufrió el ambiente en apenas un siglo y medio.
El nacimiento del Limay hacia 1912. Se asume que en ese paraje pernoctó Moreno en 1876. Archivo General de la Nación.
El nacimiento del Limay hacia 1912. Se asume que en ese paraje pernoctó Moreno en 1876. Archivo General de la Nación.

Francisco Moreno todavía no cumplía 24 años cuando arribó por primera vez al Nahuel Huapi, al término de un prolongado periplo que había arrancado en septiembre de 1875. Por entonces no ostentaba el título de perito en Límites, que le otorgaría el gobierno unos 20 años después para determinar por dónde debía pasar la línea fronteriza entre la Argentina y Chile. Aquel 22 de enero de 1876, cuando acampó cerca del nacimiento del río Limay, aparentemente estaba nublado y no pudo ver gran cosa, pero después de permanecer dos días en el paraje, constató que donde actualmente se erigen Dina Huapi y Bariloche, ya había gente.

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El plan inicial del joven viajero era llegar hasta Valdivia por los pasos cordilleranos que, por entonces, estaban bajo control del grupo de loncos mapuches que lideraba Sayhueque, pero una asamblea de la que participaron cientos de jinetes y un consejo de ancianos, desechó esa posibilidad. Al fin de las deliberaciones, “conseguí de Shaihueque (sic) que me permitiera ausentarme durante una semana, pero para que no se prolongara el viaje, solo consintió que fuera en el montado y llevara como provisión de boca, nada más que una oveja para mí y mis acompañantes”, escribió el porteño a modo de recapitulación. Precisamente, viajaría en dirección a estas playas.

Encontró el porteño “pintoresca” a “la senda que conduce desde Caleufú al gran lago, en parte, por sobre altas lomas, cuyo aspecto recordé más tarde en Los Vosgos, y por las ásperas y empinadas laderas de las montañas, en cuyo centro, en profunda grieta, corre el Limay”. El primero es un río que apenas si supera los 40 kilómetros, se origina a partir de los lagos Meliquina y Filo Hua Hum para desembocar en el Collón Cura. Moreno hizo la comparación con un macizo montañoso que se levanta en el noreste de Francia.

No fue el único parangón europeo al que recurrió en su relato. “Los despeñaderos, casi a pique y sombreados por cipreses, por los que descienden cristalinos arroyuelos, donde desde lejos, los bosques semejan parques diseñados por el hombre, encierran sorpresas peñascosas, oscuras, salvajes como escondrijos de la Selva Negra”, en relación, en este caso, al suroeste alemán.

Según evocó, vio “el rápido donde naufragó el atrevido Cox y crucé el bellísimo Traful, torrente caudaloso que ha de ser citado un día por sus recodos encantadores y por sus salmones y truchas, cuando los hijos de esta tierra de promisión abran los ojos a la evidencia y busquen en su propio país las bellezas que tanto les seducen en tierras extrañas”. El mencionado náufrago -Guillermo Cox- había intentado unir la cordillera con el litoral atlántico por vía fluvial en el verano de 1863, es decir, 13 años antes del viaje de Moreno. Cometido que nunca pudo lograr.

Represas

Quizá el lector/a encuentre diferencias entre las descripciones del explorador y la fisonomía que presenta la zona en la actualidad y es que el ambiente sufrió no pocas modificaciones en los últimos 150 años. Por empezar, hay que recordar que entre las décadas de 1960 y 1970 la sucesión de represas que se construyeron sobre el Limay alteró considerablemente el comportamiento de las aguas. De hecho, la confluencia hoy entre el Traful y el río que separa las provincias de Neuquén y Río Negro, tiene poco de torrentosa. En tanto, en la margen rionegrina del Valle Encantado, la multitud de pinos que copó sus laderas ofende la vista.

El explorador.

Pero en 1876, “la esplendidez de la naturaleza aumenta(ba) en forma prodigiosa, a medida que se avanza hacia el Sud. ¡Qué tranquilo y bello el cuadro en las cercanías del Leman argentino, más grandioso que el suizo!” En este caso, Moreno hacía referencia a otro gran espejo de agua, que se reparte entre Suiza y Francia. A sus orillas se levantan célebres ciudades, como Ginebra o Lausana.

“Al llegar al lago ansiado hice reflejar por primera vez en sus cristalinas aguas los colores patrios y bebí con gozo sus frescas aguas en las nacientes del Limay. Entre sorbo y sorbo, mi pensamiento satisfecho ascendió los meandros del río Negro desde el Atlántico hasta el frutillar, descansando de su viaje prehistórico desde los ventisqueros hasta la orilla del desagüe del lago”, poetizó el viajero.

No obstante, en sus recuerdos deslizó una queja. “Visitar Nahuel Huapi había sido una de mis grandes aspiraciones; pero, desgraciadamente, no podía escudriñar sus secretos internándome en los bosques vecinos y alcanzar las nevadas montañas que lo limitan por el Oeste”. Según interpretó, “no me era permitido avanzar más, aunque a pocas horas de marcha, en la hermosa rinconada de Tequel Malal, vivía entonces, el cacique Inacayal, quien me hubiera recibido bien; pero eran terminantes las órdenes de quien todo lo podía en aquellos lugares”.

Investigaciones posteriores ubicaron en derredor al cerro Leones la rinconada a la que hacía referencia Moreno, es decir, actual jurisdicción municipal de Dina Huapi. Si bien el explorador atribuyó a Saihueque las limitaciones que tenía para moverse, él mismo había descripto en páginas anteriores que su suerte se había decidido en un trawün (encuentro), del que habían participado centenares de personas.

Patria desconocida

“Establecí pues mi campamento al pie de elevados cipreses y reposé dos días, lejos de la indiada, días empeñados en soñar con el porvenir de este pedazo de patria, aún desconocido de sus hijos civilizados y al tercer día regresé a Caleufú, no sin antes haber forjado planes para el futuro ante su extensa depresión que se divisaba al Sudoeste y que me recordaba la tradición del Paso de Bariloche”. Es precisamente por donde transcurre en la actualidad un tramo de la Ruta 40 sur.

El clima le sonrió a Moreno cuando estaba por pegar la vuelta. “Al despedirme del gran lago hasta otra oportunidad, despejóse (sic) el cerro Tronador y me fue dado ver su blanca cumbre. La llanura del sudeste del lago, verde y amarilla, parecía cultivada en parte, y tenues humaredas dentro del bosque vecino anunciaban poblaciones, quizá las de indios Valdivianos, que según datos que me habían dado en el Río Negro, cultivaban la tierra haciéndola producir cebaba y maíz para Inacayal, quien se consideraba dueño de la costa del lago”.

Antes de pegar la vuelta, Moreno pudo ver el Tronador en todo su esplendor.

Existen menciones a prácticas de agricultura en cercanías del Nahuel Huapi para el siglo XVII, de manera que es muy verosímil la apariencia que observó Moreno. Y si bien era habitual que huilliches (gente del sur en mapuzungun) residieran de este lado de la cordillera, al menos durante una parte del año, no es probable que produjeran para Inacayal exclusivamente, porque esas prácticas económicas eran ajenas a la idiosincrasia mapuche y tehuelche.

“Este cacique, mi amigo después, era jefe huilliche más accesible a los halagos de la civilización”, completó el de Buenos Aires. Sin embargo, fue uno de los que más empecinadamente la resistió, ya que fue apresado junto con parte de su gente en el valle inferior del río Chubut en la primavera de 1884, es decir, cinco años después de que comenzara la así llamada Campaña al Desierto. Para su cultura, el concepto de propiedad privada se limitaba a unas pocas pertenencias personales, de manera que tampoco es posible que se considerara “dueño de la costa del lago”. Esas maneras de entender las cosas demorarían 10 años más, aproximadamente, en llegar al Nahuel Huapi.

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