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“CARGA ELÉCTRICA”, PRIMER LANZAMIENTO DE “LA ADIVINACIÓN”

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20/11/2024

Hay participación barilochense en el nuevo libro de Bruno Di Benedetto

Graciela Cros y Carolyn Riquelme forman parte del consejo asesor de la flamante editorial. Además, la segunda seleccionó los poemas que integran el libro. Por su parte, Natalia Buch sumó fotografías.
El poeta de Puerto Madryn.
El poeta de Puerto Madryn.

El libro es de un poeta que vive en Puerto Madryn, pero registra participación barilochense por varias vías. En efecto, “Carga eléctrica” es el más reciente poemario de Bruno Di Benedetto, sin duda alguna, una de las voces más potentes de Patagonia. Editó no hace mucho “La Adivinación – Proyecto editorial”, flamante emprendimiento que impulsa el también escritor de San Martín de los Andes, Dante Sepúlveda.

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Sin embargo, el editor no está solo en la patriada de fundar un sello de poesía en tiempos adversos, cuenta con el respaldo de un consejo asesor que, entre otros, integran las poetas de esta ciudad Graciela Cros y Carolyn Riquelme. Es más, la segunda trabajó en la selección de los poemas y aportó unas palabras para la contratapa. Según destaca el propio Di Benedetto, el libro fue idea suya.

“Carga eléctrica, no es sólo un libro de poemas de uno de nuestros mejores poetas: es un huracán”, sentencia precisamente Carolyn. “Es el rugido del viento patagónico, con todas las ternuras y todas las rabias. Es el rugido de la estepa, del bosque, de las ciudades. Es el rugido del silencio mismo”, completa. En sus páginas, el poeta “logra herir y acariciar la médula de la palabra”. Además, “entabla conversación con nuestro devenir, a partir del cine, la música, los amores, las luchas”.

Añade la poeta que Di Benedetto “hace marcas de nuestra historia, y hace trama y es ahí donde las fotografías de Natalia Buch aportan hermosamente a la conversación”. Se trata de otra de las participaciones barilochenses en el libro: aunque psicóloga y música, hace tiempo que Natalia incursiona en la fotografía. En esta ocasión, sumó unas que amplifican texturas en diálogo con aquellos paisajes que mencionaba Riquelme: estepas, bosques desnudos y otros.

Aunque oriundo de Avellaneda (Buenos Aires), el poeta reside en Puerto Madryn desde 1979, bastante más que la mitad de su vida. Sus títulos más recientes eran “Crítica de la espera” (Ediciones de la Eterna – 2015) y “Cámara de niebla” (Del Vallo Bajo – 2015). Como dato que no se puede soslayar, recordemos que en 2010 obtuvo el Premio Casa de las Américas (Cuba) por “Crónicas de muertes dudosas”, que al año siguiente se reeditó en la Argentina a través de Ediciones En Danza.

Poemas que en un punto estructuran el libro, parten de interrogantes. “¿Se podrá escribir un bosque? No contar el bosque, sino construir el bosque con palabras: tallarlo con la lengua en ese bloque oscuro que es una precipitación de mil voces en el vaso químico del tiempo: el reverbero de mil gargantas muertas en una garganta viva, el fino espesor de mil bautismos”. Lejos de la recreación bucólica del concepto paisajes…

Pocas páginas después, también inquiere Di Benedetto: “¿Se podrá escribir el mar? No su extensión planetaria ni su profundidad medida en fluorescencia sino el mar mismo, ¿su agüita salada, la ondulación del lomo, a veces bayo, a veces azulejo, su nervio a contraluz, la transparencia después del naufragio, la paz en la que se hunden los ahogados, el caballo que corcovea bajo cien mil barcos […] la casa adonde la lluvia llega desde el cielo, en donde la nieve se vuelva agua?”

Con dedicatoria a Puerto Madryn, la que eligió “para bien y para mal”, pregunta el poeta: “¿Se puede escribir una ciudad? No el humo ni su fuerza centrípeta, sino la ciudad, su estrato benigno, su estrato maligno, su Piazzolla, su puerto, su tango, su chamamé: ¿se puede escribir una ciudad mirando el río? ¿Hay ciudad que resista el paso de un río? No. No. ¿Frente al mar? Tampoco: no hay ciudad que resista el paso del agua. La inundación prevalece”.

Luego sigue la estepa con el mismo criterio poético. Páginas después el tiempo y por último hay segmentos más que escapan a la lógica anterior: “Misión incumplida” y “Electricidad estática”. El huracán que apuntaba Carolyn se despliega a través de 90 páginas y de manera previsible, serán las y los lectores los que determinen en qué tramos el fenómeno adquirirá mayor intensidad.

¿De quién soy hijo?, pregunta el poeta.

He aquí unos en la subjetividad del que firma. Hay tres poemas que Di Benedetto agrupó bajo el título “Cada treinta años”. El primero se titula simplemente 1914 y dice en sus líneas iniciales: “Antes de que naciera mi padre, mi abuelo estuvo a punto de morir sepultado por centenares de kilos de nieve y árboles roto. Un agujero en la nieve le permitió respirar, y pedir ayuda. ¿De quién soy hijo?”

En 1944 puede leerse que un soldado pudo escapar de un campo de prisioneros. “En el Estrecho de Messina el patrón del vapor le negó pasaje por no tener dinero. Mi padre saltó desde el muelle y le puso un cuchillo en la garganta. Al otro lado esperaban mi madre y mi hermana recién nacida. ¿De quién soy hijo?”, pregunta el poema. “¿Del cuchillo en la garganta de ese patrón?” Di Benedetto nació 11 años después de ese suceso.

El último se llama 1974. “Estoy contra la pared y tengo una Itaka clavada en la nuca. La fábrica está rodeada por unos bigotudos que llegaron en cuatro Falcon verdes. Dicen que nos van a fusilar. No digo nada, nada, nada, pero un chorrito de pis se me escapa hacia el suelo de cemento. ¿De quién soy hijo?” En los tres casos, las preguntas continúan. Dice Carolyn que “Carga eléctrica” es “una obra simplemente necesaria. Y tiene razón.

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