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¿A CUÁL DE SUS VERSIONES SE HOMENAJEA EL 17 DE AGOSTO?

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17/08/2024

El San Martín guaraní-español-americano que no entró en el mármol

El San Martín guaraní-español-americano que no entró en el mármol
El San Martín guaraní-español-americano que no entró en el mármol

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Sobre la figura del Libertador se elaboró un relato que dejó afuera su identidad política, parte de su trayectoria y el marco cultural en el que creció.

Si en la Argentina las efemérides repararan más en la vida de los homenajeados que en sus fallecimientos, las actividades que habitualmente se despliegan alrededor del 17 de agosto deberían llevarse a cabo cerca del 25 de febrero, porque ese día de 1778 nació José de San Martín. Claro que quedaría fuera del período usual del ciclo lectivo, pero parece débil la excusa institucional.

Se suele describir al correntino como “un gran argentino que dio libertad a Chile y Perú”, aseveración petulante porque en rigor, fueron los propios chilenos y peruanos que se dieron a sí mismos sus respectivas libertades republicanas. Es más, la participación rioplatense en el segundo de los países fue más que limitada. Por otro lado, poco tenía que ver el Libertador con el prototipo de “argentinidad” que se construyó a partir de 1880.

No son pocos quienes afirman que el origen de San Martín es guaraní, es decir, indígena. Más allá de la cuestión sanguínea, sí se da por sentado que desde que nació y hasta sus cuatro años, creció en un medio cultural que estaba muy marcado por la cultura de ese pueblo originario. Así que, para la mirada de los Mitre, los Sarmiento o los Roca, el vencedor de Maipú estaría más cerca de una identidad paraguaya que argentina.

También está documentado que la mayor parte de su infancia, toda su adolescencia, su juventud y sus estudios transcurrieron en España. Es más, fue en Europa donde se forjó el militar durante 22 años de trayectoria y aproximadamente 30 batallas. Entonces, a los ojos de la generación del 80 e inclusive para muchos argentinos de hoy, el San Martín que desembarcó en Buenos Aires a poco de producirse la Revolución de Mayo respondería al estereotipo del “gallego”.

Cómo no, si de los 34 con que contaba 27 años habían transcurrido en la península ibérica. La versión de su vida que nos entregaron, la leyenda a la cual todavía accede el estudiantado en edad escolar señala que un buen día, de golpe y porrazo, San Martín sintió el llamado de su tierra primigenia y por eso puso proa a Buenos Aires para poner su sable al servicio de la independencia de su patria.

El hombre que desembarcó en las orillas del río de la Plata en 1812 venía de luchar al menos cuatro años contra los invasores franceses de España. San Martín estaba a las órdenes de las primeras juntas democráticas que aprovechaban el eclipse de la monarquía española para poner en práctica las ideas del liberalismo democrático que vaya paradoja, había tomado el poder en la propia Francia prácticamente 20 años antes.

Buena parte de los españoles luchaba entonces contra los tropas napoleónicas, pero también contra el viejo orden, hartos ya de los abusos de la nobleza y del despotismo de los sucesivos reyes. Es de esa pelea que toma parte el joven José. Recién decide trasladarse a América para seguir con la disputa, cuando la suerte de las armas se tornaba absolutamente adversa el interior de España.

Antes que poner su espada al servicio de la independencia americana, San Martín la desenvainó para luchar contra la monarquía absolutista. Por entonces, la Revolución de Mayo no era todavía separatista pero sí procuraba avanzar hacia la república, hacia el reemplazo del virrey por una forma de autoridad que emanara de los sectores populares, aunque con grandes diferencias entre sus principales protagonistas.

La Independencia se postergó hasta 1816, cuando la restauración monárquica había triunfado no sólo en España, sino en toda Europa. Mal podía ser San Martín antiespañol, si en cierto sentido era español. Por eso también y, por otro lado, la causa de la revolución encontró a numerosos españoles de su lado, al mismo tiempo que fueron muchos los criollos que asumieron la defensa de los intereses realistas.

Fueron ideales políticos los que trajeron a San Martín al Río de la Plata. Los mismos que lo condujeron a Chile a través de la cordillera bajo la bandera del Ejército de los Andes, en rigor una fuerza binacional en donde militaban rioplatenses y chilenos. Enemistado con Buenos Aires, que le ordenó retornar para poner a sus hombres al servicio de la represión de los federales, San Martín condujo la Campaña al Perú bajo la bandera chilena, mal que le pese al chauvinismo vernáculo. Era aquel otro ejército americano. Con ese espíritu quiso retar a duelo a Rivadavia, a quien consideraba un simple agente inglés.

También condenó a quienes, en su afán de oponerse al gobierno de Juan Manuel de Rosas, apoyaron el bloqueo y las penetraciones de las escuadras francesa e inglesa al Río de la Plata y el Paraná. No estaba “gagá” San Martín cuando le obsequió su sable al polémico Restaurador de las Leyes, como quisieron sus apologistas liberales. Más bien saludó la firme decisión del bonaerense de oponerse a quienes serían dueños del país luego de 1861. Son múltiples las razones para recordar al guaraní-correntino-español-americano, antes que a la caricatura de mármol que de él hicieron.

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