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EL BARILOCHE QUE VIO EL CURA GENGHINI

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09/08/2024

Tres casas, unos cuantos ranchitos y “toldos de indios a orillas del lago”

Tres casas, unos cuantos ranchitos y “toldos de indios a orillas del lago”
Tres casas, unos cuantos ranchitos y “toldos de indios a orillas del lago”

Antes de involucrarse en la construcción de la primera capilla del poblado, el padre Zacarías estuvo por aquí en 1901 y en varias otras oportunidades. Una calle de la ciudad lo recuerda.

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Cuando el cura Genghini llegó por primera vez a estas latitudes con el ánimo de avanzar hacia la edificación de una iglesia, el pueblo se reducía a “tres casas”, “unos cuantos ranchitos" y “toldos de indios a orillas del lago y del arroyo Nirihuau”, según anotó en sus memorias años después de su visita. Las cosas cambiaban muy lentamente por entonces, porque cinco años después, el panorama no era muy distinto.

Zacarías Genghini residía habitualmente junto con sus compañeros sacerdotes en Junín de los Andes, pero en 1901 emprendió una extensa gira misionera, en cuyo marco llegó adonde hoy está el centro de la ciudad. “En esa época encontré a San Carlos de Bariloche, hoy tan espléndido y adelantado, como un pobre caserío. Su población eran tres casas y unos cuantos ranchitos y toldos de indios a orillas del lago y del arroyo Ñirihuau. El área del actual pueblo eran bosques de árboles forestales y arbustos que fueron desapareciendo a medida que fue poblándose”.

La actuación del sacerdote fue objeto de rescate por Clemente Dumrauf en una ponencia que tituló “La conquista espiritual del Nahuel Huapi” y presentó en el Congreso Nacional de Historia sobre la Conquista del Desierto. El cónclave se llevó a cabo en General Roca en 1979, al cumplirse los 100 años de transcurrida la campaña que incorporó los territorios indígenas a la soberanía argentina.

El cometido del religioso consistía en avanzar hacia una capilla. “A principios de 1906, por indicación del padre Esteban Pagliere, Superior de las Misiones, el padre Zacarías Genghini emprende nuevamente el camino hacia Bariloche”, establece el trabajo. El religioso arribó una vez más a estas playas “para ver lo que hay de particular sobre la construcción de una capilla en ese punto que, si bien es cierto que recién tiene sus comienzos, no lo es menos que está llamado a un gran porvenir, especialmente cuando llegue hasta allí el ferrocarril por ser el anillo de unión entre Chile y Argentina por el lado Sudoeste de esta última”, conjeturaba el misionero.

El cura anotó: “Se hace sentir la necesidad de una capilla católica y un colegio para educar e instruir a las criaturas que pululan por las calles por no haber quien se ocupe de ellas. Entra en los fines de las Comisiones de Damas y Caballeros para la edificación de la Iglesia la construcción de un colegio que se hará siempre que el Superior Gobierno no olvidando ese pedazo de suelo argentino de mucho progreso y porvenir concurra a tal objeto”.

Así las cosas, se formalizó “la comisión protemplo de caballeros para la construcción de una capilla”, según la reconstrucción de Dumrauf. Se integró así: presidente Luis Horn; vicepresidente primero Víctor Brunella; vicepresidente segundo Carlos Foeschman; secretario José de García; vocales José Alanís, Humberto Giovanelli, Primo Capraro, J. Fernández Cea y Benito Crespo”. Como puede advertirse, varios de los apellidos “importantes” de la época. Hubo también una comisión de damas.

Entre gestión y gestión, Genghini continuó con su tarea misional y cuando estaba en Comallo, se enteró que visitaría Bariloche el gobernador de Río Negro, Félix Cordero. “Regresó entonces inmediatamente para entrevistarse con él e interesarlo por la construcción de la capilla. El gobernador asistió a una reunión conjunta de las dos comisiones, durante el transcurso de la cual fue designado presidente honorario de las mismas, designación que aceptó complacido y prometió su amplio apoyo para tan plausible tarea”.

Ante el surgimiento de no pocas dificultades, Horn, que había amagado renunciar, “ofreció en nombre de la Compañía Comercial y Ganadera Chile-Argentina adelantar los fondos necesarios para la construcción de la Iglesia con la condición de que venga un Padre de la Congregación Salesiana a dirigir los trabajos y atender los demás negocios”. De regreso a Bariloche después de otra gira misional, Genghini tomó riendas en el asunto.

El 21 de enero de 1907 se consiguió la autorización burocrática para iniciar los trabajos. La construcción demandó siete meses y medio de intensas tareas. Sin embargo, la inauguración formal se estiró mucho más. “El 17 de agosto el padre Genghini y las dos comisiones en pleno recibieron oficialmente la capilla, completamente terminada”. Los pobladores aguardaban la llegada del Provicario Apostólico para que este la bendijera y quedara formalmente inaugurada, pero no pudo ser.

“No fue el Superior de las Misiones de la Patagonia ni el padre Zacarías (que sobrellevó las fatigas y sinsabores de la construcción) a quien le cupo el honor de bendecir el histórico templo, sino que fue el padre Domingo Milanesio, entonces director de la casa de Junín de los Andes y que había estado alguna vez en el Nahuel Huapi”. El calendario indicaba 19 de abril de 1908, “solemnidad de la Pascua”.

Cinco años después de su primera visita, Zacarías Genghini regresó y anotó: “No había sino cuatro casas que formaban la incipiente población: la casa alemana que llevaba el título San Carlos, de allí el motivo que cuando uno iba al negocio decía: voy a San Carlos, y hoy día aún existe tal dicho con la diferencia que se entiende ir a Bariloche, siento éste el verdadero nombre de la población, mientras que San Carlos lo es solamente de la casa de negocio alemana que tiene allí la Compañía Ganadera Comercial Chile-Argentina. Las casas en esa época eran: casa de negocios San Carlos, la comisaría, un gran galpón con varios departamentos y unos ranchitos donde vivían tres familias indígenas”.

Según Dumrauf, “en esa oportunidad (Genghini) visitó también la península San Pedro y recorrió las reducidas tolderías indígenas diseminadas en toda la zona hasta la frontera con Chile. Ya regresando pasó por la estancia San Ramón, Pichileufú, Pilcaniyeu, Paso Limay y desde allí a Junín de los Andes”. Pocas casas, pero gente había porque administró “100 bautismos, 60 confirmaciones, 5 matrimonios, 150 confesiones, 140 comuniones. Hice un recorrido de unas 90 leguas siempre a caballo”, legó para la posteridad.

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