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NO TODOS CREYERON EN EL SUICIDIO DE PRIMO CAPRARO

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09/04/2023

Una muerte rodeada de “incertidumbre y sospecha”

Una muerte rodeada de “incertidumbre y sospecha”
Una muerte rodeada de “incertidumbre y sospecha”

Su meteórico ascenso económico, su enfrentamiento con la Liga Patriótica y otros enigmas de su vida personal hicieron que algunos vecinos hablaran de una “muerte anunciada”. Sin embargo, dejó una nota.

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Cuando se produjo la muerte de Primo Capraro, el 4 de octubre de 1932, no todos los vecinos y vecinas aceptaron sin chistar la versión del suicidio. Para algunos, su meteórico ascenso económico le había granjeado enemigos, al igual que su enfrentamiento con la Liga Patriótica, agrupación nacionalista precursora del fascismo en la Argentina. Además, ciertos detalles de su vida íntima también incidieron en los comentarios de la época.

La historiadora Laura Méndez consagró un par de párrafos a esas versiones. “El 4 de octubre de 1932, Capraro puso fin a su vida. Su muerte estuvo acompañada por la incertidumbre y la sospecha. Para algunos, se trató de una 'muerte anunciada', vinculada con algunos de los misterios que signaron su vida. De entre ellos, dos se remontaban a veinte años atrás: el hecho de que nadie pudiera explicarse cómo había logrado convertirse en el único dueño de la Chile-Argentina ni por qué su hijo Francisco había nacido en Alemania, sin que físicamente se asemejara a las características de Capraro”.

En efecto, había llegado “a la región sin capital inicial y en treinta años se convirtió en el empresario más importante del oeste rionegrino debido principalmente a su capacidad de adaptación a situaciones nuevas y al manejo de un gran caudal de información. Su visión del espacio como una región económica, su disposición a correr riesgos calculados y sus sólidos contactos con el Gobierno argentino y con algunos funcionarios italianos, le permitieron el despegue”.

Pero como Quino le hizo a decir a Manolito en Mafalda: “Nadie amasa una gran fortuna sin hacer harina a los demás”, de ahí las suspicacias iniciales. El somero repaso sobre esas especulaciones puede consultarse en “Estado, frontera y turismo” (Prometeo Libros-2010), la gran obra de la investigadora barilochense. “Para otros, el deceso se vinculaba con la Liga Patriótica y sus enemigos políticos más recientes. Sin embargo, creemos que la carta que escribe a su grupo familiar, fechada el 30 de septiembre de 1932 –cuatro días antes de su muerte– deja en clara su intención de suicidarse”.

El trabajo transcribe algunos de los párrafos que legó el mismísimo Capraro: “Para no malograr la eficiencia de los acreedores que me conceden la moratoria y para tener la fuerza moral y material necesaria es necesario una armonía entre todos y en especial entre Papá y Mamá […]. Pido generosidad y perdón por los motivos que puedo haber producido anteriormente y por mi parte olvido, perdono y haré todo lo posible para ser digno del respeto y cariño […]”.

Para la investigadora, es evidente la intención suicida porque “continúa la carta sugiriendo que su hijo Francisco se encargue de la ‘reorganización de los negocios de Bariloche’, su hija Luisa del comercio y los hoteles, se establezca una fija mensual para pagar a los acreedores y se consulte al señor Pedro Longaretti para ‘cualquier asunto de índole técnica y para el interés de la casa y de todos’. Termina la carta con la frase: ‘Pido al todopoderoso fuerza para cumplir’”.

Finalmente, Capraro cumplió su cometido en la fecha que mencionamos. Más allá de las especulaciones “el día de su muerte, amigos y adversarios ocuparon nuevamente las calles de la ciudad, en la manifestación más numerosa que se recordara hasta la fecha. La flota naval entera del gran lago Nahuel Huapi –con más de 200 embarcaciones– se concentró a la vista del viejo cementerio del Ñireco, dejando oír sus sirenas durante todo el entierro”.

Su ausencia aún generó hechos un año después de producido el deceso. Méndez añadió en una nota al pie que en 1933, “se inauguró en el Centro Cívico un busto con la imagen de Capraro, que se constituyó en el primer monumento de la ciudad; 300 familias aportaron entre 40 y 100 pesos cada una para que este pudiera erigirse. Su epígrafe dice: ‘Primo Capraro: espíritu del Progreso de Bariloche”.

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