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UN ORIGEN DE LEYENDA

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27/02/2022

¿Quiénes fueron los Césares de la cascada?

¿Quiénes fueron los Césares de la cascada?
¿Quiénes fueron los Césares de la cascada?

Inclusive hasta fechas tardías, se pensó en la existencia de una ciudad perdida en la Patagonia que albergaba innumerables riquezas, a tal punto que cde cocina eran de metales preciosos. Pero…

Hay un arroyo, una laguna y una cascada que parecen pertenecer a un grupo de amigos: los Césares. ¿Quiénes fueron? ¿A qué se debe el homenaje? De todos los topónimos que existen en la zona de Bariloche y alrededores, el que nos ocupa presenta una particularidad: saluda a gente que nunca existió. Sin embargo, su leyenda fue tan vívida que inclusive hasta fechas relativamente tardías, aún se los buscaba.

El primero en consignar la existencia de la laguna fue Emilio Frey en la temporada 1900-1901 de la séptima Subcomisión de Límites, pero se abstuvo de ponerle nombre. Subsanó el déficit tiempo después Christofredo Jakob, que llamó al conjunto Huemul. Luego, cuando Parques Nacionales se consagró a nominar y revisar, observó que ya existía esa denominación para la península, entonces, a sugerencia de Eduardo Moreno, impuso el de Césares.

“Este nombre alude a la leyenda de los Césares, verdadero mito como el de El Dorado y la leyenda del Amazonas”, consideró Juan Martín Biedma, para su “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2004). El investigador trajo a colación en su obra una cita de una antigua crónica jesuita, para la cual el relato “fue después por muchos años la inquietud del vulgo de los soldados y aun de los que no debían serlo, con el nombre de Trapalada o de los Césares” y “fue polilla que consumió buenos caudales sin ningún fruto”.

En efecto, “en busca de esta ciudad fantástica, producto de la imaginación y la exaltación de la época y que todos describían aun con lujo de detalles y nadie podía alcanzar, se realizaron expediciones a los puntos más inaccesibles de la cordillera. Se la ubicaba sobre los Andes o sobre la costa atlántica. Una de las ubicaciones era la región del Nahuel Huapi”, comentó Biedma en su trabajo.

De hecho, Martín de Moussy, en su atlas de 1863, ubicó “una ciudad fabulosa de los Césares” en un lugar próximo al lago. El asunto comenzó a mediados del siglo XVI, cuando comenzó a difundirse que en “una comarca de la Patagonia existía una ciudad fantástica donde era tal la abundancia de metales preciosos que hasta los utensilios más corrientes con ellos se fabricaban”, rehízo el autor.

En el ideario español de entonces, se llamó a la fantástica urbe Ciudad Encantada, Lin Lin, Trapalanda, Lo de César o Los Césares, pero prevaleció la última denominación. “Se ha tratado de explicar el origen de este nombre en el viaje del capitán Francisco César, venido con Sebastián Gaboto”, pero es muy difícil que el hispano haya llegado a latitudes sureñas. Otra explicación alude a náufragos del estrecho de Magallanes, durante el reinado del “invicto César Carlos V” y de ahí, el nombre de Césares.

A pesar de que, a ciencia cierta, nunca nadie vio ni a la ciudad ni a sus famosos habitantes, algunas descripciones fueron particularmente precisas. “Tenían murallas con fosos, revellines (obra exterior que cubre a un fuerte) y una sola entrada protegida por un puente levadizo y artillería. Sus edificios eran suntuosos, casi todos de piedra labrada, y bien techados al modo de España”, puede leerse, por ejemplo, en la colección Pedro de Angelis, en el “Discurso preliminar a las noticias y derroteros de la ciudad de los Césares”.

El mismo cronista añadió que “nada igualaba la magnificencia de sus templos, cubiertos de plata maciza y de ese mismo metal eran las ollas, cuchillos y hasta las rejas de arado. Para formarse una idea de sus riquezas, baste saber que los habitantes se sentaban en sus casas con asientos de oro. Eran blancos, rubios con ojos azules y de barba cerrada. Hablaban un idioma ininteligible a los españoles y a los indios; pero las marcas de que se servían para herrar su ganado era como las de España, y sus rodeos considerables”. ¡Qué imaginación frondosa!

La leyenda fue tan vívida que inclusive hacia 1780, es decir, a tres décadas de la Revolución de Mayo y ya fundado el fuerte que dio origen a Carmen de Patagones, aún se seguía buscando a la fabulosa Ciudad de los Césares. Porque el hijo de Francisco Moreno quiso dar una sobrevida a relato tan fabuloso con los nombres que sugirió, es una incógnita que Biedma no devela. Por las dudas, aclaremos: nunca hubo césares en la cascada, la laguna y el arroyo que perpetúan sus nombres.

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