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CON INSTALACIONES EÓLICAS E HIDRÁULICAS

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18/02/2022

El Frey, pionero a la hora de generar su propia energía

El Frey, pionero a la hora de generar su propia energía
El Frey, pionero a la hora de generar su propia energía

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El refugio de montaña cumplió 65 años de existencia el último jueves. A mediados de los 90 y ante su evidente crecimiento como destino, se ensayaron vías de generación energética.

El refugio Frey se inauguró 65 años y unos días atrás: el 17 de febrero de 1957. 35 años después, el Club Andino Bariloche otorgó la concesión a dos de los hermanos De la Cruz, familia de tradición montañera. Bajo su gestión, se hicieron los primeros intentos por generar energía de manera autónoma y, de esa manera, aliviar la presión sobre la leña de los bosques cercanos. Después de algunos intentos frustrados, la búsqueda llegó a feliz término.


“En 1992, la concesión fue otorgada a los hermanos Nicolás y Manuel de la Cruz, quienes comenzaron con una serie de mejoras, en su mayoría vinculadas a la energía y el mantenimiento”, describió Toncek Arko para su libro “Las montañas de Bariloche” (Editorial Caleuche-2021). El primero, quien estuvo al frente del Frey por espacio de 15 temporadas, explicó para la publicación que ese año, “el refugio demandaba mejoras. Había que hacer baños, generar energía eléctrica y ampliar el inmueble. Comenzamos con los baños, ya que el refugio tenía una letrina que era impresentable”.

Hacer reformas ahí arriba tiene sus bemoles. “El primer año emplazaron la estructura metálica para el futuro baño sobre una platea construida por Murtagh, hasta donde el agua llegaba por gravedad. Pero el invierno demostró que esto no sería viable: el peso de la nieve dobló todos los hierros. Así, durante el verano siguiente, se corrió el baño al lugar actual y se tuvo que construir el tanque australiano para que funcione. Y el agua al tanque tenía que subirse con una bomba”, recuerda el texto de Arko.

Los primeros intentos de generación de energía con fuentes renovables fueron iniciativa de Pedro Luthi, “destacado escalador y aventurero suizo” que “comenzó a residir durante los inviernos en el refugio. Las visitas de esquiadores fueron muy pocas y, por lo tanto, Pedro tuvo mucho tiempo para incursionar en la energía eólica. Comenzó a emplazar molinos en el lateral sur del refugio y generar energía con viento”.

A la altura de 1995, los De la Cruz “constataron que la energía eólica generada no sería suficiente y comenzaron a incursionar en generar energía hidráulica, con el agua del arroyo. Y también en ampliar el refugio, que a todas luces era muy pequeño para la cantidad de visitantes”. Las cosas habían cambiado sustancialmente desde 1995, cuando llegó a Bariloche la primera competencia de aventura en montaña: el Raid Gauloises.

Cuatro años después, ocurrió otro tanto con el Eco Challenge. Como había vuelos de helicóptero a disposición, se aprovecharon “para subir los materiales de una ampliación provisoria del refugio, previa a la obra de remodelación. José de la Cruz, arquitecto y padre de Nicolás, proyectó una ampliación muy práctica y sustentable, en planta baja, sobre el frente y lateral norte del refugio, que mantenía su impronta y sería revestida con piedra, como la construcción original”.

Pero, “para poder construir había que tener suficiente energía, a 220 voltios. Por ello se empezó con una turbina con el agua del arroyo. Se comenzó a estudiar el caudal del agua y el lugar para emplazarla. En ese entonces, no existían los recursos ni las tecnologías para emplazar una central como hay en la actualidad en los refugios”, aclara el racconto de Arko. Había que pensar.

“En primer lugar emplazamos un caño de 150 metros y tres pulgadas, que alimentaba la pequeña turbina. Pero constatamos que el diámetro era muy reducido y debimos cambiar el caño por otro de 4 pulgadas. Paralelamente, compramos un grupo electrógeno de 20 kw, que permitía poner en marcha un horno eléctrico, el freezer, la luz y diferentes herramientas eléctricas”. ¡Qué diría Pedro Strukelj! El andinista fue el primer concesionario del Frey, 65 años atrás.

En la era de Nico y Manu de la Cruz, “en la cocina habíamos dejado de usar leña y también había intenciones de suprimir el gas”, contó el primero para el libro. “De esta manera, el refugio Frey fue el primer lugar donde se comenzó a estudiar la instalación de una turbina hidráulica”. Se intentó una medida similar en el refugio Neumeyer (Challhuaco) pero el caudal del agua resultó insuficiente. Más tarde, el Club Andino Bariloche (CAB) instaló una turbina en Laguna Negra, durante la concesión de Mario Varela. Hoy, no son pocos y pocas quienes extrañan aquellas añejas incomodidades de los viejos refugios.

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