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TRABAJÓ EN “HIEROFANÍAS. REVELACIONES DE LO POSIBLE”

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08/02/2022

Débora Alegret, joven curadora de arte barilochense

Débora Alegret, joven curadora de arte barilochense
Débora Alegret, joven curadora de arte barilochense

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No es muy común que se ponga en juego la curaduría en el ámbito de las exposiciones locales. La que protagonizan Moma Mozetich, Walter Kerhart y Cris Rocha contó con la bienvenida contribución de la museóloga.

Desde que cerró sus puertas la galería de arte que impulsó Emilia Farrarons Fenoglio, no siempre las muestras barilochenses cuentan con el trabajo de una curadora o curador. Moma Mozetich, Walter Kerhart y Cris Rocha quisieron que su esfuerzo conjunto contara con el respaldo de una entendida y convocaron para “Hierofanías. Revelaciones de lo posible” a Débora Alegret, museóloga de profesión. Su aporte es sustantivo.

“Hierofanías reúne los trabajos de Moma, Cris y Walter, que han venido trabajando codo a codo durante dos años. A fines del año pasado, decidieron preparar una exposición que, de alguna manera, fusionara sus visiones y obras. Entonces, me convocaron”, historió la joven curadora. “Si bien cada uno tiene su propia identidad artística, su impronta y mirada, fue interesante encontrar aquellos elementos que las unieran o las integraran en un discurso unificado”.

Ese fue precisamente su cometido. “Estuvimos haciendo diversos intercambios desde finales del año pasado hasta ahora y pudimos encontrar algunos conceptos que hacían a esta integración. Tiene que ver con lo ritual, como inherente a la práctica artística”, sintetizó Alegret. “El hecho de construir un hábito conlleva ciertas rutinas, de pensamiento, de lecturas y de trabajo individual o colectivo. También tienen que ver con el compartir, con el dialogar y por supuesto, con el hábito mismo de la creación. Esta labor rutinaria se construye y deviene en acto creativo”, introdujo.

Así las cosas, “esta tensión que se vive al momento de crear se puede relacionar con el concepto de hierofanía. Esta palabra, de origen griego, une lo sagrado con la manifestación”, enseñó la especialista. “Fue acuñada por el filósofo Mircea Eliade para referirse a una toma de conciencia de lo sagrado, a la existencia de lo sagrado que se va a manifestar a través de objetos de nuestra cotidianeidad. Para nosotros son habituales, pero de alguna manera, de pronto manifiestan una cosa distinta”, resaltó.

En la propuesta que está en sala Frey hasta el 28 de febrero, “la idea es que seamos invitados a realizar un recorrido que transite ciertos estados de conciencia de cada artista y guarde rastros del acontecer creativo”, sugirió la curadora. “Estas obras y el recorrido son aproximaciones al universo sagrado de cada uno, que va a proponer interpelarnos”. Por ejemplo, “la obra de Moma Mozetich es muy diversa, trabaja la sutileza, la idea de lo oculto, lo delicado y lo más frágil, pero que también revela certeza. También se apoya en la memoria y en el homenaje desde lo ritual”, describió.

Por su parte, “la de Walter conmueve desde lo profundo, desde lo reflexivo porque ofrece un acercamiento hacia lo introspectivo de una manera muy tajante. Tiene un gesto impetuoso, muy dinámico y dramático, pero también esconde momentos de revelación y de hallazgos identitarios”.

Para completar el terceto, dijo Alegret: “La obra de Cris Rocha se nos ofrece como la posibilidad de una revelación ante lo presuntamente profano. Es una ofrenda o puente hacia lo espiritual y contemplativo, que busca develar misterios que son antiguos, que no son propios, pero tampoco colectivos”. En conjunto, entonces, “Hierofanías es una invitación a recorrer la muestra, dejarse interpelar por las obras y habilitar cierta apertura subjetiva que nos permita vivenciar, atravesar una experiencia que nos conecte con lo sagrado, con lo espiritual, con lo que está latente, con lo espontáneo y lo inesperado”, describió.

El Cordillerano quiso conocer más sobre la metodología. “La curaduría de arte surgió hace varias décadas y se fue afianzando en los últimos años. Básicamente, consiste en la creación de un discurso expositivo, partiendo de una colección o un conjunto de obras de artes determinadas”, compartió Alegret. “El curador o curadora establece un marco conceptual teórico específico y funciona como mediador, como puente entre la obra y quien la mira”.

Desde su rol, “plantea una reflexión o una idea que articule las obras presentadas. Entonces, investiga, visita los talleres de las y los artistas, trabaja en conjunto y en equipo con ellos, y realiza una selección particular que atienda a la problemática o narrativa que esté pensando o elaborando. La propuesta curatorial propone un diálogo, una articulación entre las obras exhibidas para que se logre transmitir el mensaje, pero para que también, el cuerpo de obras se luzca y ofrezca nuevas interpretaciones”, definió.

En probable síntesis, la curaduría “ofrece una nueva mirada sobre el conjunto de obras. Como función, implica la elaboración de un texto de sala o curatorial que, de alguna manera, resume la propuesta conceptual y también sirve de apertura para el discurso expositivo propuesto”. En ese sentido, hay que calificar de alta pluma a la de Débora. A su faena, “generalmente, se la relaciona con el arte contemporáneo, pero también se habla de curaduría de museos y se asemeja con la museología”, emparentó. Es su metier.

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