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ROLA GITANA FUE SU UNIVERSIDAD

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19/10/2020

Baterista y guitarrista con portación de apellido

Baterista y guitarrista con portación de apellido
Baterista y guitarrista con portación de apellido

Pablo Boschile supo ganarse la vida detrás de los parches y con un ritmo inusitado de actuaciones, pero a la hora de imprimir su sello personal a la música, se inclinó por la guitarra. Potencia y armonía.

En la escena musical de Bariloche, Pablo Boschile está más bien asociado a la batería o la percusión, porque tales fueron los roles que asumió, casi al finalizar su infancia. Pero puesto a componer sus propias obras, el músico profundizó su relación con la guitarra, como puede advertirse en “Fantasía electrónica”, el videoclip que subió horas atrás a YouTube. Una invitación a la sutileza.

Pablo pertenece a una familia cuyo apellido es sinónimo de rumba flamenca en esta ciudad. “Martín es mi hermano. Para mí es Tincho (sonrisas), mi hermano mayor. Juntos recorrimos un largo camino con Rola Gitana, desde los principios. Fue hermoso: escuela, universidad… La carrera que no hice la tuve ahí. Tengo una relación hermosa con él, mamá nos crió muy unidos a los cuatro, los cuatro hermanos somos músicos y siempre estamos ahí, guitarreando, compartiéndonos música. También escuchamos música bastante parecida y lo admiro mucho (a Martín) como guitarrista”, resumió.

Es comprensible entonces el orden de prioridades. “La música ocupa una parte muy importante de mi vida. Desde los 19, cuando terminé el Secundario, ya sabía que quería trabajar y vivir de la música. Por eso me esforcé muchísimo en tocar todo el tiempo que pudiera, hoy trabajo con esto, tengo mi familia y gracias a Dios podemos vivir bien con la música. He pasado etapas de tocar muchísimo, incluso varias veces por día pero este último tiempo, hace unos tres años, decidí parar un poco el training”.

Es que justamente, Boschile tenía necesidad de concretar creaciones propias. “Tocar en vivo es genial y como músico es lo que más me gusta hacer y te llena el alma, pero también está la parte creativa. Sentía la necesidad de querer alimentarla, casi como una materia pendiente en mí: componer. Y también, el gran desafío de poder grabar yo, por lo menos guitarra y batería, que son los dos instrumentos que manejo. Y arreglar el resto: un bajo, un chelo o un violín. Hacer los arreglos para los músicos y que ellos pudieran grabar... Es un trabajo bastante tedioso pero como todas las cosas, con mucho amor, se logra”, resaltó.

Experiencia animal

De su vasto universo sonoro, “la guitarra es una pieza fundamental en mi vida. Cuando decidí dedicarme a la música fue gracias a la batería, el instrumento que más amo de todo el universo porque no hay experiencia que se pueda parecer a tocar una batería microfoneada en un lugar grande al aire libre”, describió. “Poder pegarle fuerte, tocar el bombo y sentir que te vibró desde el pelo hasta la punta de los pies, eso animal que tiene la batería y te permite sacar, es mi vida”, subrayó.

Sin embargo, “con la guitarra empecé a los 11 o 12 años. Martín ya tocaba y en casa siempre había música sonando y siempre hubo guitarras. Me enamoré de la batería y seguí estudiando batería pero la guitarra fue tomando cada vez más fuerza en mi vida por la necesidad de componer, de lo melódico y armónico que los instrumentos de percusión, no tienen. En lo rítmico siempre se trabaja desde algo muy repetitivo, con patrones que se repiten”, apuntó. “En cambio, en los instrumentos de cuerda, los armónicos y las melodías, te permiten otro vuelo. Son otra cosa de la música. Como músico, me siento completo en este último tiempo, cuando pude fusionar las dos cosas: seguir tocando la bata pero también sacar melodías de adentro. Son complementos”, avisó. La sociedad da para mucho.

Adrián Moyano